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Declaración de Cochabamba
Franklin Barriga López
El autor es analista internacional

Bajo el rimbombante membrete de Encuentro de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, decenas de personas, entre ellas los ministros de Cultura de Cuba, Ecuador y Venezuela, se reunieron en la indicada ciudad boliviana. ¿Quién habrá pagado la movilización, estadía y otros gastos?

Llamarse intelectual actualmente no identifica mayor cosa, en razón de la trivialidad a que se ha llegado, ya que cualquier sujeto puede utilizar este nombre amparándose en la generalidad que entraña, por eso no es de sorprenderse por la abundancia de ciudadanos que existen al respecto, que hacen fila con muy contados y conocidos cultivadores del espíritu, pero agresivos e intolerantes, para llevar a efecto el activismo político de una izquierda que pretenden resucitar y que fue sepultada por la caída del Muro de Berlín. De aquí provienen, en clara evidencia de radicalismo ideológico, manifiestos y más descalificaciones para quienes no comparten sus ideas, debido al aliento totalitario que les anima.

Al leer la denominada Declaración de Cochabamba se ratifica lo arriba expuesto. Allí se lanzan dardos contra dos instituciones que merecen aplauso, por cuanto defienden valores superlativos del género humano: la Sociedad Interamericana de Prensa y Reporteros sin Fronteras que han sido señaladas, por tales sujetos, de “sirvientes de estructuras económicas e imperialistas”, es decir, la misma cantaleta de siempre que caracteriza a los nostálgicos del stalinismo.

La SIP, que acaba de calificar de antidemocrático al gobierno venezolano por sacar del aire a Radio Caracas Televisión, agrupa a miles de diarios y periodistas de nuestro continente, esa emblemática entidad sin fines de lucro que promueve y defiende la defensa de la libertad de expresión y de prensa en todas las Américas, por eso le combaten los absolutistas. En igual contexto trabaja RSF, que también condenó la mencionada arbitrariedad del régimen que encabeza el coronel Hugo Chávez; labora en más de 20 países y tiene la sede de su secretariado internacional en Francia; se trata de una organización consultiva independiente ante el Consejo de Europa, la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU y la UNESCO.

¿Se podrá defender a la humanidad atacando a la prensa no oficialista? ¿Lanzando improperios en desmedro de instituciones y ciudadanos que no comparten diferentes formas de pensar? ¿Por qué no se protestó por los atropellos sufridos y que prosiguen en Venezuela y Cuba en contra de escritores y periodistas? ¿Por qué se olvida que las libertades de pensamiento y de conciencia son esenciales para la vigencia de los Derechos Humanos? ¿La cultura podrá ser excluyente y monopolio exclusivo de las ideas y actitudes de quienes se hallan circunstancialmente en el poder o de por vida e inclusive con sucesión dinástica, como está aconteciendo en la desventurada isla caribeña? ¿Por qué se olvida a los numerosos presos de conciencia? No es posible confundir a la libertad y la democracia genuinas con la tiranía y el absolutismo cuya punta de lanza es la prensa de una sola vía.

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