Indudablemente que ante los enconados ataques de Daniel Ortega a los medios independientes de comunicación, no sería nada raro que en Nicaragua ocurriera una situación similar como la que está viviendo Venezuela con el cierre de la televisora privada (RCTV) por decisiones del dictador Hugo Chávez. Es comprensible que los que manejan el poder contra la voluntad del pueblo les incomode la verdad, ya que esta última siempre se orienta a atacar los abusos de autoridad que cometen los que estiman que el país que gobiernan es un “patrimonio particular”, y que por el efecto de un solo “decreto” la libre difusión del pensamiento tiene que llegar a su fin para mantener un control absoluto sobre el Estado, y no permitir que las propias libertades, consecuencia de los derechos, cubran su función histórica a la que están destinados.
Entre los medios independientes de comunicación que son una tormenta en la personalidad del mandatario nicaragüense, está el Diario LA PRENSA. Pero Ortega “olvida, o trata de olvidar”, el enorme aporte que este periódico de credibilidad nacional hizo frente a la dictadura somocista, incluso hasta el extremo de perder físicamente a su Director Mártir, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cuyo asesinato sigue aún cubierto por el más absoluto “misterio”. Daniel Ortega, y su camarilla deben deponer sus actitudes negativas, y pensar que los intereses de la República no pueden estar supeditados a caprichos caudillistas que no tienen razón de ser. Y en este caso, Nicaragua, como una Patria que nació para ser libre en sus conceptos jurídicos dentro de los derechos que le son irrenunciables, no puede sustraerse a influencias externas de otros sistemas que pretenden empañar su dignidad, y su soberanía.
Si las dos principales fuerzas localizadas en el seno de la Asamblea Nacional, tanto del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), como de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), no llegasen a ningún acuerdo para detener los impulsos equivocados de Daniel Ortega, Nicaragua a corto plazo será “una colonia” de Venezuela bajo la influencia dominante de Hugo Chávez, que como todo dictador se vuelve absoluto y reprimiendo la paz social que es un termómetro para saber hasta dónde se encamina la democracia, cada conquista de los pueblos que abogan por un legítimo desarrollo.
La libertad de expresión además de ser indispensable, es un atributo que no puede ser sujeto de objeciones determinadas, y en ese caso el Gobierno que preside Daniel Ortega tiene que ser respetuoso de ese básico derecho garantizándole a la misma sociedad el correcto funcionamiento de esa norma que contribuye decisivamente al bienestar de la comunidad que aspira a vivir su mejor destino a través de los principios de la justicia.
Precisamente por la ausencia de la libertad de prensa, el pueblo de Nicaragua encontró en esa causa, una de las principales para luchar contra Somoza, y ahora viene Daniel Ortega queriendo repetir esas maniobras, y ese pasado acabar con todo sinónimo de libertad como si el logro de ella fuera un “regalo”, y no un derecho. Ortega como primer ciudadano de la República tiene que gobernar con madurez; pensar que por encima de los intereses personales se hallan los intereses de la nación; y que en este contexto Nicaragua por ser de todos, nos compete la obligación de trabajar por ella para sacarla adelante y no mantenerla en retroceso como ocurrió en la década de los años ochenta, cuando llegó a ocupar los niveles más atrasados que se recuerdan con patética evidencia
Y es preciso recordar que Nicaragua dentro de todas sus libertades que ha escrito con las glorias del pasado es dueña, y poseedora de sus mejores objetivos; un país con suficientes recursos para construir el destino verdadero que necesita y merece.