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Una amnistía que sería claramente inmoral
María José Zamora
La autora es psicóloga

La historia de Nicaragua está plagada de malos ejemplos y es ya una tradición entre la mayoría de los políticos nacionales, llegar a los puestos públicos con el único objetivo de enriquecerse y hacer del Estado un negocio familiar que deja jugosas cuentas de ahorro, empresas, propiedades y una vida de derroche y opulencia. Desafortunadamente, los funcionarios que dirigen las instituciones del Estado, que se supone deberían de velar porque estos abusos no ocurran o al menos se castiguen, también son beneficiarios de estas “bondades” del poder y puede más su fidelidad a don dinero que a doña virtud. En conclusión, la ciudadanía, que no es parte de la argolla del poder está huérfana de justicia y oportunidades y a merced de los politiqueros, ya que el título de políticos, sinceramente, les queda muy grande.

No me parece moral ni ético que sea precisamente la Asamblea Nacional, donde se supone están los representantes del pueblo la que premie la corrupción gubernamental favoreciendo con una amnistía a la persona que dirigió uno de los más voraces latrocinios que a través de su historia ha sufrido el Estado nicaragüense.

En Nicaragua, quienes minimizan la corrupción no tienen ningún interés de que este país salga del subdesarrollo. No será posible jamás, ni con toda la ayuda de los países amigos, ni con la condonación de todas las deudas al país, ni aún con el trabajo intenso y la austeridad de todo el pueblo, hacer que el potencial de Nicaragua se desarrolle y produzca frutos, mientras existan funcionarios en los Poderes del Estado, actuando como siervos de los líderes corruptos y no como honestos servidores públicos y defensores de los intereses de la Patria.

Creo que corresponde al Poder Judicial la responsabilidad de dilucidar el caso del señor Arnoldo Alemán y no a la Asamblea Nacional. Por otra parte, considero que la inoperancia de los diputados del PLC y su sumisión al FSLN, no obedece a ningún chantaje sino más bien a lo acordado entre sus líderes Ortega y Alemán. Prueba de esto ha sido la aprobación del nuevo Código Penal, que como bien dice el propio Alemán, le dará la absolución, y no necesitará de ninguna amnistía; no obstante, advirtió con la seguridad de quien ha participado en el plan, que quienes sí necesitarán de una amnistía son el ex presidente Enrique Bolaños, todos los funcionarios de su gobierno y Eduardo Montealegre.

No tiene ningún sentido insistir en una amnistía para quien de hecho está en libertad y además recorre el país promoviendo su futura candidatura para Presidente de la República; y por otro lado, me parece una distorsión de la realidad y una manipulación, vender la idea de que el señor Eduardo Montealegre necesita una amnistía, cuando hasta el momento no ha sido acusado ni procesado por ningún delito. No obstante, de algo hay que estar muy conscientes y preparados: es posible que Alemán y Ortega, ordenen a sus “representantes” en el Poder Judicial, la Contraloría y la Fiscalía inventar “casos” contra don Enrique Bolaños, Eduardo Montealegre y cualquier ciudadano o ciudadana, que signifique un estorbo para la instalación de la dictadura del pacto, y arbitrariamente condenarlos a prisión.

Lo único que van a conseguir aquellos diputados y diputadas que voten a favor de una amnistía para Arnoldo Alemán es enlodar su futuro político; porque muy seguro es que aún y cuando le otorguen la amnistía al señor Alemán, el pacto continuaría. Hay quienes insisten que una vez otorgada la amnistía a Arnoldo Alemán, se rompería el pacto, lo cual considero una total ingenuidad. La única posibilidad de terminar con el pacto sería que los diputados y diputadas del PLC sean honestos y voten por las iniciativas que benefician al país y fortalecen la democracia; y no por aquellas que son hechas a la medida de intereses personales y partidarios.

No deberían los diputados y diputadas del PLC perder la oportunidad de salvarse de la ignominia, antes de que el señor Presidente ya no los necesite, y decida disolver la Asamblea Nacional de igual manera que ordenó destruir la fuente de la Plaza de la República, y pasen a la historia como simples e inútiles personajes.

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