Indígenas guatemaltecos de una comunidad remota del Quiché, epicentro de la guerra interna que vivió este país (1960-1996), aún no viven la paz, luego que decenas de ellos se vieron obligados a dejar sus viviendas ante la represión de ex paramilitares.
Un grupo de 24 indígenas llegó la noche del lunes a la capital de Guatemala, para sumarse a otros 100 que arribaron hace un mes, luego de ser amenazados de muerte por un grupo de 17 ex paramilitares que mantienen el armamento bélico con el que apoyaron al Ejército durante la guerra.
Las condiciones de su residencia temporal en el Centro Histórico de la capital son paupérrimas, pues muchos de ellos abandonaron todas sus pertenencias y animales de corral en Los Cimientos, Quiché, a unos 250 km al norte de la capital, y ahora duermen sobre una esponja que les donó el Estado, observó la AFP.
CAMBIO DE NOMBRE
“Estos ex patrulleros (los paramilitares que los acosan), con la firma de la paz (en 1996) cambiaron de nombre, ahora se llaman ‘líderes comunitarios’, pero mantiene la misma estructura de la guerra”, afirmó a la AFP el dirigente Pedro Us.
Relató que la represión se inició en 1982 cuando el Ejército organizó las paramilitares Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) y dio responsabilidades a esas 17 personas, quienes nunca se desarmaron y mantienen a la población bajo amenazas de muerte.
Us afirmó que los ex colaboradores del Ejército los obligan a realizar rondas nocturnas y los que se oponen son castigados a laborar tres días en las tierras que ostentan los ex patrulleros. Asimismo, si un aldeano pretende salir a otra región a trabajar, tiene que dejar la dirección y pagar unos 25 dólares para poder abandonar por un tiempo la comunidad.