Nicaragua enfrenta en este momento muchos problemas que se traducen en uno fundamental: la división de la sociedad. Nuestro país es un país fragmentado y es, valga la deliberada paradoja, una sociedad disociada, un archipiélago de islotes inconexos, una estructura de bloques sin capilaridad ni vasos comunicantes.
Hay muchas razones que podrían explicar esta situación, desde la sociedad civil hasta el gobierno, quien tiene, este último, la tarea principal de buscar los puntos de coincidencia y de armonía. Pero, al contrario, son las estructuras de poder las que proclamando la unidad, dividen e inducen a segmentar nuestra frágil estructura social.
Una actitud semejante conlleva a severas consecuencias en la conformación del cuerpo social, pues se establecen barreras que separan entre los buenos y los malos y se alzan muros que luego es difícil derribar.
Toda sociedad requiere al menos de dos elementos fundamentales: uno cuantitativo, el grupo humano que la constituye; y otro cualitativo, el conjunto de principios y valores que forman la base y la finalidad ética de la comunidad. Punto de partida y punto de llegada alrededor de los cuales existe un mínimo consenso entre los componentes de la comunidad, principios y valores compartidos que forman el ethos, la ética que da dirección y sentido a la acción individual y colectiva.
La ruptura entre el mundo moral, social y político es una desafortunada realidad en nuestro país y cada uno de esos espacios de la vida pública, individual y comunitaria forman guetos atravesados, pero no unidos, por un discurso que dice lo contrario de su verdadera intención y que en vez de expresar oculta.
Por todo ello, sin perjuicio de la concertación política, económica y social, sobre la cual no hemos dejado de insistir, se vuelve imperativo un compromiso moral, de principios y valores que rijan el accionar político y que den coherencia y unidad a nuestra sociedad. Principios y valores constitutivos de una ética que una, no que uniforme, pues la uniformidad destruye la unidad la que sólo existe respetando e integrando en un interés superior las diferencias. Se trata de la unidad en la diversidad y no de medidas autoritarias encaminadas a homogenizar un sector de la sociedad y, en consecuencia, a separarlo en forma drástica del resto.
Este compromiso moral es prioritario para reconstruir el tejido social desgarrado por el accionar político y en este sentido debería servir de base y de marco a la necesaria actividad política, social e institucional.
Pienso que es necesario encontrar entre todos ese conjunto de principios y valores que construyan el ethos, la ética fundamental que norme el accionar político y social y que identifique los objetivos y fines comunes hacia los cuales orientar una acción conjunta y solidaria.
¿Cuáles son esos valores en los que podríamos coincidir a pesar de nuestras diferencias? ¿Existen algunos temas fundamentales que puedan identificarnos en medio de las contradicciones? Creo que todos deberíamos presentar nuestros aportes en esa dirección con el propósito de identificar lo que podría unirnos en medio de lo que nos separa.
En este sentido y para presentar algunas ideas sobre el tema, podrían considerarse referentes a tener en cuenta los siguientes:
a. la reafirmación del sujeto, verdadero destinatario de todo proceso histórico, político, económico y social.
b. La consolidación de los derechos humanos fundamentales, principalmente en lo que se refiere al respeto a la vida, la libertad y la dignidad de la persona.
c. La promoción de la equidad y la justicia social como finalidades auténticas de todo proceso político e histórico.
d. El respeto a la democracia, la institucionalidad, el Estado de Derecho y la probidad y transparencia en todos los sectores de la sociedad y principalmente en la función pública, como condición necesaria para realizar los anteriores enunciados y como medio imprescindible de la estabilidad y la seguridad jurídica.
Creo que estos puntos podrían constituir objetivos comunes alrededor de los cuales puede unirse nuestra sociedad. No son los únicos, cierto, pero pienso que son fundamentales. Luego vendrían los acuerdos estratégicos y puntuales de naturaleza política, económica, social e institucional, sustentados sobre estos referentes morales.
La reafirmación de la persona es esencial pues el sujeto como dice Alain Touraine, “es una afirmación de libertad contra el poder...” En este sentido, como este mismo autor expresa, “Un movimiento social es siempre una protesta moral”.