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Rosario Murillo, Primera Dama de la República, es tal vez el personaje más llamativo del sandinismo actual. Era vista con gracia, como la mujer extravagante, pero desde el 10 de enero las bromas se han vuelto críticas: Murillo se ha convertido en una superministra, una mujer con suficiente poder para tomar decisiones de Estado, despedir y nombrar funcionarios, manejar el protocolo oficial y dictar las políticas de comunicación del Gobierno.
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