HEILIGENDAMM, ALEMANIA. - Los líderes del G8, que habían llegado a Alemania en busca de soluciones a temas de interés capital, se fueron con un sobresaliente en el apartado de África, un aprobado en el del clima y un suspenso en los de Kosovo y los fondos especulativos.
En tres días de actividad desenfrenada, los jefes de Estado o de Gobierno de los ocho países más industrializados (Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania, Canadá y Rusia) mantuvieron un tira y afloja diplomático para dar pasos en la resolución de los problemas sin comprometer sus intereses nacionales.
El comunicado final es una prueba de ello.
La anfitriona de la cumbre, la canciller alemana Angela Merkel, había depositado muchas esperanzas en lograr un consenso para reducir a la mitad las emisiones contaminantes mundiales antes de 2050, con relación a 1990.
Merkel contaba con los apoyos de sus socios, salvo Estados Unidos, y con muchos más fuera del Club, pero el presidente estadounidense, George W. Bush, se opuso frontalmente y se salió con la suya.
ACUERDO MÍNIMO
Al final, optaron por un acuerdo de mínimos al reconocer la necesidad de reducir "sustancialmente" sus emisiones, sin mencionar objetivos numéricos.
Poca cosa para lo mucho que esperaban de él los países pobres y en vías de desarrollo, los más perjudicados por los devastadores efectos del calentamiento global, y algunos emergentes como México y Brasil.
El Club de los Ricos compensó esta falta con una generosa promesa de ayuda a África, de 60 mil millones de dólares, para luchar contra el sida, la malaria y la tuberculosis.
Y, como gesto adicional, revalidó su compromiso de duplicar sus ayudas al continente negro en 2010 con relación a 2004.
Con respecto a la Ronda de Doha para la liberalización de los mercados, en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el G8 dio muestras de buena fe, proponiendo que se relancen las negociaciones, estancadas por discrepancias en torno a los subsidios agrícolas.
En cambio el fracaso fue estrepitoso en dos temas que desde el inicio parecían abocados a la nada.
Sobre Kosovo "los puntos de vista siguen siendo divergentes", subrayó el documento.
La mayoría de los miembros del G8 se decanta por la independencia bajo supervisión internacional de esta provincia serbia de mayoría albanesa, pero Rusia se opone.
Menos suerte tuvo aún la propuesta alemana de regular los fondos especulativos para dotarlos de transparencia. Ante la oposición de Estados Unidos, el G8 se contentó con reiterar la necesidad de permanecer "vigilantes".
DIÁLOGO CON EMERGENTES
El Club de los Ricos, sin abrir sus puertas de par en par, puso en marcha un diálogo estructurado y permanente con los países emergentes (Brasil, México, China, India y Sudáfrica), pero Merkel opinó que "por el momento" no se debía hablar de ampliación a un G13.
El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, discrepa.
"Para mi está claro que el G8 es cada vez más consciente de que los temas a debate no permiten que los países ricos del mundo decidan solos sobre ellos", comentó tras asistir con sus colegas a un diálogo ampliado.
En el ámbito de las advertencias no hubo sorpresas: Irán debe atenerse a las consecuencias si no suspende su programa de enriquecimiento de uranio, y Corea del Norte debe renunciar a los disparos de ensayo de misiles.
La guerra civil en Darfur, provincia de Sudán, también "preocupa" al G8.
Para regocijo del presidente francés, Nicolas Sarkozy, en la declaración final del G8 se elogia el "gesto valiente" de su homólogo colombiano, Álvaro Uribe, de liberar a prisioneros y se pide a las FARC que acepten "una solución humanitaria" que lleve a la liberación de los rehenes que mantiene en su poder.
GRITOS EN CONTRA
Sarkozy, quien recibió su bautismo multilateral en Heiligendamm, se lució en esta cumbre con una estrategia combativa y propuestas para casi todo, desde servir de puente entre Rusia o Estados Unidos a convocar una conferencia ministerial sobre Darfur.
Tampoco le ha ido mal al presidente ruso, Vladimir Putin. Había traído vientos de Guerra Fría al balneario a orillas del mar Báltico, pero sacó un as que dejó boquiabiertos a todos.
Al margen de la cumbre, Bush y él se vieron las caras en medio de una grave crisis bilateral. Putin aceptó la oferta de Bush de cooperar con el proyecto de escudo antimisiles, pero con un radar existente en la ex república soviética de Azerbaiyán, y no en la República Checa, como quería el estadounidense.
Las descomunales medidas de seguridad de esta cumbre, con 16.000 policías y una barrera de seguridad de más de 11 km de largo, no lograron acallar los gritos de los militantes antiglobalización, que se las ingeniaron para sorprender con protestas en tierra, mar y aire.