El tema principal de la 37 Asamblea General de la OEA, que se celebró en Panamá entre el domingo recién pasado y ayer martes 5 de junio, era el de la energía. Sin embargo fue inevitable discutir el cierre de la televisora venezolana RCTV por parte del Gobierno de Hugo Chávez.
Antes de que comenzara la Asamblea, el canciller venezolano, Nicolás Maduro, lanzó una verborrea intimidante contra los que se atrevieran a tocar el tema. Sin embargo, el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, señaló durante la inauguración del evento que “la exclusión, el silenciamiento o la represión del adversario son un seguro camino para el debilitamiento de una democracia”. A su vez la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, dijo que “cuando se empieza a cerrar estaciones de televisión porque expresan oposición a las autoridades, eso es, de hecho, una fuerte medida contra la democracia”.
En realidad, el problema va más allá del cierre de RCTV. Otro canal privado, Globovisión, está siendo acusado por el Gobierno de Venezuela, de “manipular la información” y de “incitar subliminalmente al magnicidio, en la persona del jefe de Estado venezolano”. Lo que hay en Venezuela es un ataque feroz y sistemático contra la libertad de expresión y de prensa, por parte de una izquierda autoritaria que se inspira en la tiranía comunista de Cuba y de la que forman parte, en América Latina, además del venezolano Hugo Chávez, el ecuatoriano Rafael Correa, el boliviano Evo Morales y el nicaragüense Daniel Ortega.
El mismo Chávez se puso en evidencia al acusar de “golpistas” a las televisoras privadas que critican a su Gobierno. De manera que cuando se negó a renovar la licencia a RCTV, la comunidad internacional entendió que era una represalia. Y aunque cancelar la licencia de un medio de comunicación electrónico, sea una decisión soberana del Gobierno venezolano, sin embargo viola principios democráticos universalmente reconocidos con respecto a la libertad de prensa, los cuales están expresados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en la Convención Americana sobre Derechos Humanos mejor conocida como Pacto de San José, en la Carta Democrática Interamericana de la OEA y en la Declaración de Chapultepec.
Precisamente, la Carta Democrática de la OEA dice en su artículo 4, que: “Son componentes fundamentales del ejercicio de la democracia, la transparencia de las actividades gubernamentales, la probidad, la responsabilidad de los gobiernos en la gestión pública, el respeto a los derechos sociales y la libertad de expresión y de prensa”.
Por otro lado, la Corte Interamericana de Justicia ha dicho que la libertad de expresión e información “es una piedra angular sobre la cual descansa la existencia misma de una sociedad democrática”. “Es indispensable para la formación de la opinión pública (…) Representa, en resumen, el medio que permite a la comunidad, al ejercer sus opciones, ser suficientemente informada. Consecuentemente, se puede decir que una sociedad que no está bien informada no es una sociedad verdaderamente libre”.
A su vez, la Declaración de Chapultepec expresa la aspiración democrática de las naciones de las Américas, así como el apoyo a la manifestación “más clara y robusta” de la democracia, que es la libertad de expresión y de prensa. “Dondequiera que los medios de comunicación pueden funcionar sin amenazas y decidir su propia dirección y modo de servir al público, hay un florecimiento de la capacidad de buscar información, de diseminarla sin restricciones, de cuestionarla sin temor y de promover el libre intercambio de ideas y opiniones. Pero dondequiera que la libertad de prensa es reducida, sean cuales fueren las razones, las demás libertades desaparecen”, dice la Declaración de Chapultepec. La cual, en su principio número siete advierte que: “Tarifa y cambio de políticas, licencias para la importación de papel o equipo para la recolección de noticias, la asignación de frecuencias de radio y televisión y el otorgamiento o retiro de publicidad gubernamental, no pueden ser usados para premiar o castigar a los medios de comunicación o a periodistas en lo individual”.
Esos principios básicos de la democracia están siendo pisoteados por Hugo Chávez, un dictador irresponsable que evidentemente no tiene estatura política ni moral para formar parte de la OEA.