Managua
01:34 pm
05.06.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
Creando el consenso sobre la democracia
Adolfo Bonilla
El autor fue dirigente sindical cristiano.

La sociedad humana es la repro- ducción ampliada del comportamiento del átomo, el cual se compone de protones, electrones, positrones y neutrones; es decir, fuerzas positivas, negativas y neutras; o sea lo mismo que se encuentra en una comunidad humana: Fuerzas que impulsan un proyecto determinado, otras que se oponen y otras que son indiferentes (neutrales).

Por lo tanto, no hay más remedio que acostumbrarse al papel que juega cada segmento de la sociedad: Unos que desempeñan un papel positivo, otros que despliegan una acción negativa (acción-reacción, flujos y reflujos) y otros que mantienen una actitud pasiva, imperturbable ante los hechos, cualesquiera que éstos sean, pues todos actúan conforme su propia naturaleza humana, que a su vez es resultado de la misteriosa esencia del cosmos, que no es ni siquiera exclusiva de este pobre y perdido planeta del sistema solar.

Naturalmente que la sociedad es una proyección del ser humano, de ahí que en este sentido ¿qué se podría pensar cuando un brazo de una persona hace una cosa y el otro brazo hace otra? ¿o cuando un pie camina hacia adelante y el otro hacia atrás o hacia un lado? ¿Qué se podría esperar del cerebro si ve que se está al borde de un precipicio, pero el cuerpo por su cuenta salta al vacío? Lo mismo sucede en una comunidad humana, que si no se articula bien su funcionamiento nunca va a ir hacia ningún lado, como en el caso claro y concreto de la atormentada y angustiada Nicaragua.

La complejidad de la situación surge porque cada ser humano es distinto a los demás en todo; por consiguiente, la lógica humana obligaría a descubrir puntos de encuentro entre todos y para beneficio de todos, a fin de que la colectividad (el cuerpo) no se disloque. Sólo hay que asimilar que existen quienes se inclinan por una opción de vida en sociedad y otros por otra, de igual manera que también existen aquellos que no se inclinan por ninguna (al menos no activamente), de tal suerte que el éxito deviene del arte, interés y esfuerzo para llegar a un consenso general para que el conjunto (átomo) no se autodestruya, lo cual —a su vez— requiere un alto grado de comprensión y tolerancia.

En el caso específico de Nicaragua, la mayor parte de la población ha llegado a la conclusión que la democracia (bien comprendida, consensuada y aplicada) es el mejor sistema político en que pueden desenvolverse todas las interpretaciones y expresiones de la realidad y donde éstas se pueden manifestar e interactuar con absoluto respeto a las libertades individuales y colectivas y en plena convivencia pacífica, complementándose entre sí en provecho de todos los ciudadanos y además en armonía con el orden y los designios enigmáticos del universo.

Tal vez éste no sea un desafío para la humanidad, pero bien puede serlo para un país tan pequeño y sufrido como Nicaragua, en un mundo a su vez tan minúsculo que —si no produjeran tan funestas consecuencias— causarían hilaridad aquellos megalómanos que luchan incansablemente en pos de una ambición tan efímera y vacua como es la acumulación de poder, en detrimento de millones de personas que se merecen un destino mejor. ¿Y qué es el poder si no vanidad de vanidades? ¡Pobres sujetos que —después de engañar a tanta gente— al final mueren engañados!

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda