Managua
10:50 am
05.06.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Editorial
El trabajo “rojinegro”

El Ministro de Hacienda, Alberto Guevara, justificó las jornadas de trabajo sabatino “voluntario” que algunas dependencias gubernamentales comenzaron a cumplir el sábado pasado, con la altisonante frase hecha de que “el trabajo dignifica”. Quizás el Ministro ignora que una frase muy parecida y de idéntico significado, fue la que el general Richard Glücks, inspector general de los campos de concentración de la Alemania nazi mandó a colocar en la entrada del campo de trabajos forzados de Dachau, que estaba ubicado en Baviera: “Arbeit macht frei” (“el trabajo hace libre”). Frases iguales fueron colocadas en prácticamente todos los campos nazis de trabajo forzado y exterminio, junto con una orden del mencionado general Glücks en la que se mandaba a “inculcar la idea de que el trabajo, el sentido del sacrificio, la verdad, la honradez, el amor a la patria, la limpieza y la laboriosidad son las vías que llevan a la libertad”.

Pero los nazis no fueron los inventores del trabajo obligatorio y gratuito. Como es bien sabido, sobre la base del trabajo esclavo fueron construidos los grandes imperios y civilizaciones de la antigüedad. Mucho tiempo después, el trabajo forzado fue la fuente de acumulación originaria del capital en numerosos países que ahora forman parte del primer mundo. Y tampoco en los tiempos modernos fueron los nazis quienes restablecieron el trabajo forzado como medio de robar la mano de obra de las masas trabajadoras. Fueron los comunistas bolcheviques rusos, con Vladímir Ilich Lenin a la cabeza, quienes en mayo de 1919 impusieron en la Rusia Soviética los llamados “subotnikis” (sábados comunistas), como se les llamó a las jornadas de trabajo “voluntario” que le permitían al gobierno comunista apropiarse de una gran cantidad de trabajo necesario y plusvalía de los infortunados trabajadores rusos, que fueron convertidos en esclavos de hecho del Estado.

Que el trabajo dignifica y hace libres a las personas es cierto, como también es verdad que el trabajo produce la prosperidad de las naciones. El trabajo es un valor fundamental de toda sociedad que quiere ser competitiva, para lo cual inculca en las personas el espíritu de superación y la ambición constante de mejorar mediante el esfuerzo laboral propio.

Pero esto sólo es posible “cuando el fruto de mi trabajo es para mí”, tal como lo precisó Voltaire (1694-1778); es decir, cuando la gente trabaja para su propio beneficio, para vivir dignamente y procurarse su prosperidad. Por el contrario, cuando el trabajo es obligatorio y gratuito —aunque disfrazado de “voluntario”—, envilece a las personas porque les roba el fruto de su esfuerzo material e intelectual, como ocurrió en la Rusia soviética y en la Alemania nazi; como ha ocurrido en Cuba y ocurrió en la Nicaragua sandinista de los años ochenta con los sábados rojo y negro; y como está comenzando a ocurrir de nuevo ahora que la cúpula sandinista lo está imponiendo a los indefensos trabajadores del Estado.

Sin duda que la limpieza del parque Luis Alfonso Velásquez, en Managua, que hicieron el sábado pasado los trabajadores y empleados de los ministerios de Relaciones Exteriores y Hacienda, es una obra buena y necesaria. Pero esa tarea debe ejecutarla la Alcaldía de Managua, la cual cuenta para financiarla con los impuestos que paga la ciudadanía.

Es fácil entender que los trabajadores del Estado no se pueden negar a hacer el trabajo rojo y negro “voluntario” y gratuito, por temor a perder sus empleos. Pero los sábados son días en los que los trabajadores del Estado deben descansar, atender a sus familias y sus asuntos personales o entretenerse como mejor les parezca. Además, cualquier trabajo extra que hagan debe ser pagado de acuerdo con lo que manda la ley. Todo trabajo tiene que ser remunerado porque es lo que le permite a los trabajadores subsistir junto con sus familias. Sólo cuando es voluntario y remunerado el trabajo se puede vincular a los valores de la estima personal, del sentido de utilidad y dignidad, del espíritu de independencia, del principio de autoridad que tiene cada individuo que se gana la vida honradamente y del orgullo de mejorar gracias al trabajo honrado y pagado.

En cambio, el trabajo forzado aunque se le llame “voluntario” envilece al individuo al convertirlo en un ser sometido y despojado.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda