En el siglo XXI la humanidad se enfrenta a la mayor amenaza de su historia: el cambio climático. Es hijo del calentamiento global, pero es el padre de todos los desastres. Su desarrollo puede desencadenar sequías, inundaciones, hambre, escasez, violencia, anarquía y la destrucción humana, en ese orden.
Se puede mitigar el impacto, “pero se ha sobrepasado el punto sin retorno... ya es inevitable”, advierte el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el Informe sobre Desarrollo Humano de 2006.
Justo en ese punto se encuentra el principal recurso para la vida, el agua, que hace la diferencia entre la nutrición adecuada y el hambre, la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, reconoce el documento.
Por eso el PNUD ve el cambio climático como “una amenaza, ya no de catástrofe aislada, sino de un desastre que se revela lentamente”.
Cada más gente tiene menos acceso al agua. El Informe indica que para el año 2025, tiempo en el que un bebé se hace adulto, más de tres mil millones de personas vivirán en países con estrés de agua, es decir, con menos de mil metros cúbicos por persona, y 14 nuevos países pasarán del estrés de agua a la escasez, que son menos de 500 metros cúbicos por habitante.
Eso no incluye países que, como Nicaragua, tienen agua de sobra, pero enfrentan serios problemas de distribución.
DESARROLLO Y DESPERDICIO
El cambio climático afecta directamente la disposición del agua porque provoca sequías y cada vez los suelos retienen menos agua, lo que causa inundaciones, de manera que ésta no se puede beber, y en parte termina salinizándose.
En esto ayudan el despale, el avance de la frontera agrícola y el desordenado desarrollo urbano, que en Nicaragua provocan la desaparición de entre 80 mil y 150 mil hectáreas por año, lo cual es grave para Nicaragua, ya que su lugar en el índice de desarrollo humano de 2006 es el 112, de un total de 177, y no puede permitirse acabar con sus fuentes de riqueza.
Aún así, en el escalafón está sobre Bolivia (115), Honduras (117), Guatemala (118) y Haití (154). Este último es el único país latinoamericano con “desarrollo humano bajo”, los anteriores pertenecen a la categoría de desarrollo humano medio.
En este mismo punto se encuentran Brasil (69), Colombia (60), Venezuela (72), Perú (82), Ecuador (83), Paraguay (91), República Dominicana (94), Belice (95) y El Salvador (101). Con un “desarrollo humano alto” están Argentina (36), Chile (38), Uruguay (43), Costa Rica (48), Cuba (50), México (53) y Panamá (58).
El Informe también señala la desigualdad en el desarrollo a lo interno de cada país. En Nicaragua, los más ricos están 87 posiciones por sobre los pobres en el índice de desarrollo humano.
Eso significa que los ricos en Nicaragua tienen un índice de desarrollo similar al de Singapur, mejor que si vivieran en Portugal, Argentina o Chile.
AGUA YA NO ES RENOVABLE
Al decir que “antes se pensaba que el agua era un recurso dispensable e infinito”, el PNUD da por hecho en su último informe que la disponibilidad va en decadencia.
Así lo refleja al incluir en el documento que el agua dulce desaparece con cada glaciar que se derrite, y cada río o lago que desaparece.
“La escasez de agua es una de las amenazas más preocupantes de la humanidad”, advierte el Informe, que será presentado esta tarde en el Banco Central de Nicaragua, aprovechando que hoy se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, bajo el título “Más allá de la escasez: poder, pobreza y la crisis mundial del agua”.
La amenaza referida del PNUD es considerada “profunda” para la seguridad de agua para la población de muchos países en desarrollo.
El Informe insiste en que “el agua es clave en el concepto de seguridad ciudadana”. Cuando un país recibe el impacto de un desastre, uno de los requerimientos esenciales, lo primero que piden las autoridades, es agua para consumo humano.
El problema con el cambio climático es que la zonas secas serán más secas y las húmedas más húmedas. Esto lo reconoce el PNUD y advierte que el consumo de agua en condiciones aceptables no está garantizado en el futuro.
EL IMPACTO
En los países desarrollados el impacto se sentirá en el cambio del régimen de lluvias, condiciones climáticas extremas y el aumento del nivel del mar. Todo será como la película Un Día Después de Mañana, pero lento, sin que nadie lo sienta.
El Informe señala que en el siglo pasado, la Tierra se calentó 0.7 grados centígrados. Los años más calientes se presentaron en la última década de ese período, y los primeros siete años del presente han sido todavía más calientes.
En su conferencia cinematográfica “Una verdad incómoda”, el ex presidente de Estados Unidos, Al Gore, calcula que si el cambio climático continúa el ritmo que lleva, dentro de 50 años la temperatura del planeta será suficiente que habrán condiciones para que la Antártida desaparezca, y lugares como Holanda, Shangai y el antiguo World Trade Center de Nueva York no tendrían mucho que envidiarle a Venecia.
Esto propicia los eventos extremos, sequías y huracanes. En un país como Nicaragua esto se traduce en hambruna e inundaciones, sin descartar la muerte por falta de recursos económicos o infraestructura adecuada.
Si al menos los recursos naturales no fueran sobreexplotados en el país, el riesgo sería menor, pero ya no hay bosques en cantidades suficientes para regular el ciclo del agua. A causa de eso y del desarrollo desordenado en las ciudades, cuando llueve el agua no necesariamente es absorbida por el suelo, sino que parte de ella pasa tan lisa como si cayera sobre una bañera de porcelana, llevándose todo a su paso.
El PNUD todavía cree que el impacto del cambio climático se puede mitigar. Para eso se basa en que el sistema hidrológico del planeta introduce y transfiere unos 44,000 kilómetros cúbicos de agua a la tierra cada año, es decir, 6,900 metros cúbicos por persona, mucho más de lo que necesita un ser humano para la subsistencia.
El problema continúa siendo la distribución, pero la amenaza del cambio climático obliga a pensar en la “producción” del agua, que garantizará el bienestar, la salud, la alimentación y el desarrollo de la humanidad.