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Zoa Meza entre la fantasía
Tiene 26 años dedicados al teatro de títeres y recién ha publicado La Piñata, un bello cuento sobre el origen de la misma, ilustrado con dibujos de Tito Chamorro
Marta Leonor González

Zoa Meza es chinandegana, actriz y titiritera. Su labor en el teatro nicaragüense es loable, en 1981 fundó junto con su esposo Gonzalo Cuéllar el Teatro de Títeres Guachipilín, desde entonces ha llevado alegría a los niños en las diferentes giras que ha realizado por Centroamérica y países de Suramérica y Europa.

Tiene 27 años en el teatro de títeres y 8 de haber creado el Centro Cultural Guachipilín que se ocupa de capacitar a maestros, jóvenes y niños en el manejo de los títeres. Esta semana apareció su primer libro, La Piñata, un bello cuento para niños que relata cómo se creó la misma, ilustrado bellamente con imágenes de Tito Chamorro, bajo el sello de ediciones Guachipilín.

¿Cómo nació esta publicación?

Participé con este cuento en tres concursos de literatura infantil y fue rechazado tres veces. Este cuento no es nuevo, escribo desde hace mucho tiempo y guardo mis cuentos y cuando considero pertinente los narró a mis amigos. Tomamos la decisión de que valía la pena hacerlo por esfuerzo propio, como Teatro Guachipilín nos planteamos un reto: crear una línea de ediciones Guachipilín, apostar a una literatura, una dramaturgia y a una capacitación hacia la infancia, de tal manera que sacar el primer título sirva para continuar las ediciones y de libros técnicos como construir teatro de títeres y cómo escribir pequeños guiones, y hablar sobre el teatro de títeres o historia sobre la literatura en Nicaragua para los niños.

¿Qué la motivó a escribir La Piñata?

Llevamos más de dos años en este proceso de producción. Te decía que es un esfuerzo de las ediciones de Guachipilín, no sabía qué tan duro era publicar en mi país y qué tan duro es tocar puertas, aunque trabajes duro, poco a poco fuimos buscando la manera para que el libro saliera, un ilustrador con la calidad de Tito Chamorro, que ha ilustrado durante años muchos libros y que ha tenido la paciencia de acabar cada ilustración. La alegría es infinita de haber publicado un libro como este después de tanto trabajo y esfuerzo, ahora entiendo a los escritores cuando han sacado sus libros.

¿De dónde nace el argumento de esta historia?

Es una fantasía sobre la piñata porque no es una historia real, es un poco cómo creo que nació el juego de la piñata, ahí explico que es de origen italiano y que es una fiesta que los católicos la promovían, porque la piñata en determinado momento histórico es la pelota con siete picos que significan los pecados capitales y botar cada pico era botar un pecado, por lo tanto, era una fiesta. Gracias a que tengo tres hijos que han sido niños preguntones que te asaltan con preguntas y respuestas imposibles no porque no las tengamos sino porque no las sabemos, me motivó el que la piñata es un juego para niños y que cobre su verdadero valor una catarsis infantil sin detrimento de la moralidad.

¿La Piñata está en un contexto prehispánico?

Sí. Porque el origen de la olla de barro realmente es de la época prehispánica, que ya hoy se adorne con papelillo es producto del sincretismo de lo español y lo indígena pero lo más importante también es lo que he visto a lo largo de trabajar interrumpidamente con niños que toman sus propias decisiones. Observando las vivencias cotidianas es que nace esta historia.

Los cuentos en su vida

¿Qué representa en su vida el cuento infantil?

Recuerdo mi infancia a través del cuento y las anécdotas buenas y malas y de los cuentos que nos contábamos entre niños y adultos, para mí es memorizar mi vida y reordenarla. Cuando voy descubriendo el cuento didácticamente me doy cuenta que cumple una función importante que es la estimulación del imaginario. La necesidad de expresarme y de escribir es lo que me ha llevado al cuento y a relacionarme con los niños.

El primer cuento publicado para mí surgió hace muchos años y se llama La Mandarina, está en los textos de educación pública, a inicios del 90, ahí me doy cuenta de que es donde empiezo a interesarme y a descubrir cuál es la técnica de los niños; por ejemplo, el que escribió Pinocho, que es una maravilla, no había dedicado su vida para escribir a los niños pero que de tanto escribir malos chistes, un día explota su fantasía y nace Pinocho. Cuando esto pasa, me digo, esto hay que hacerlo todos los días es practicar y practicar hasta que un día te salga bien.

¿Qué secretos tiene para escribir cuentos para niños?

Uno de los secretos es que si tenés ganas, hay que hacerlo, aunque otros dicen que te viene por inspiración y mientras sucede esto, hay que agarrarla y escribirla, y lo hacés varias veces, esto por supuesto lo hacen todos los escritores, esto no es nuevo, la cosa también es confrontarla con el público y ver cómo lo recibe, cuál es la parte que más le gustó, cuál es la parte que menos le gustó, y por qué no le gustó. Porque en la literatura para niños hay que buscar la simplicidad y es lo más complicado, porque siempre tendemos a buscar muchas palabras, a condensar en una palabra espacios de la mente y de las ideas y en la literatura para niños no es necesariamente así.

¿Por qué cree que los escritores han descuidado hacer cuentos para niños?

Como sociedad no tenemos conciencia de la importancia del niños, los humanos en nuestro mundo de niños debemos tener verdadera importancia por lo físico, lo emocional y lo intelectual. Hemos potenciado lo intelectual, la gente en lo físico se prepara más pero en lo emocional lo hemos descuidado y lo único que toca las emociones es el arte, llámese música, pintura, danza, teatro, literatura. Decía Federico García Lorca: “La cultura de un pueblo se mide por sus teatros”. ¿Cuántos teatros hay en este país? Y entonces te das cuenta que no estamos en una sociedad preocupada por la niñez. El Estado mismo no ha creado espacios, los colegios no tiene salas de teatro, no hay auditorios donde podás presentar tus obras teatrales, ya no se diga las municipalidades, no hay preocupación para que el niño reciba arte con calidad, no hay condiciones técnicas en el plano físico ni para estimular al creador.

Creo que mucha de la gente que menosprecia debería de tener la responsabilidad de escribir para niños porque son eminencias en el idioma y de la lengua en este país y no lo hacen y deberían hacerlo para los niños con la rigurosidad que escriben para los adultos.

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