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María López Vigil. (LA PRENSA/U.Molina)
Cómo escribir cuentos para niños
María López Vigil relata cómo llegó a escribir cuentos infantiles desde Un Güegüe me Contó, leído por niños que ahora son adultos hasta su última producción, Historia del Muy Bandido, Igualado, Rebelde, Astuto, Pícaro y Siempre Bailador Güegüense
Arnulfo Agüero

“Los libros que yo hago los siento como mis hijos de papel”, confiesa sonriente la periodista y escritora de cuentos para niños, María López Vigil, una cubana nacionalizada nicaragüense, creadora de: Un Güegüe me Contó e Historia del Muy Bandido, Igualado, Rebelde, Astuto, Pícaro y Siempre Bailador Güegüense.

Nació en la Habana, Cuba, en 1944, María López Vigil está preparando su nueva cuentística, Cinco Noches Arrechas, que renueva la ficción de los espantos leoneses, cargadas de leyendas y risas, la que será presentada en la IX Feria Internacional del Libro que se celebrará en septiembre en Managua.

Su sentir social la lleva en los años setenta a ser parte de la Compañía de “Santa Teresa de Jesús” en Tarragona y Barcelona (1961-1974), la que compagina con sus estudios de periodismo en la Escuela Oficial de Periodismo de Barcelona (1970-1974); esto le abre las puertas para ser parte del equipo editorial de la revista madrileña “Vida Nueva”, y de la revista “Envío” de la UCA. Ha sido co-autora, con su hermano José Ignacio, de varias series radiales, la más importante, Un Tal Jesús. También ha publicado Piezas para un retrato de Monseñor Romero, traducido al inglés, francés y alemán. Pero su gran pasión ha sido escribir libros de literatura infantil, ilustrados por su hermano Nivio. Entre ellos, La Balanza de Don Nicolás, (para teatro); La Leche Agria y el Carbonero; Los Dientes de Joaquín, y La Guía del Pipián.

El Güegüense es nuestra obra cumbre popular, ¿cómo le nació llevarla a los niños?

Nací en Cuba, viví en España y llegué a Nicaragua en 1981; para entonces, había conocido tanto de Rubén Darío como de José Martí, los emblemas de la cultura nicaragüense, así como el texto de El Güegüense, con notas de Lejarza. Era fantástico pero no lo entendía bien, su estructura no correspondía al teatro actual —es de 300 años—, sus actos son un “chorizo”, seguidos, su lenguaje tiene algo de dureza; entonces pensé: ¿cuántas gentes, grandes y chiquitas lo leen y les pasa lo mismo?

¿Entonces qué pasó?

Bueno, me pregunté: ¿cómo ponerlo en un lenguaje actual? Yo quería recontármelo a mí misma en forma entendible y pensé que era una tarea; para entonces había escrito Un Güegüe me Contó, ilustrado por Nivio, mi hermano. Con él he hecho cuatro libros para niños. En el caso del libro Historia del Muy Bandido, Igualado, Rebelde, Astuto, Pícaro y Siempre Bailador Güegüense, el reto fue darle un lenguaje más actual con una ilustración mas viva, más entendible para los niños.

¿Qué de su anterior libro Un Güegüe me Contó?

Este es un cuento que escribí para un concurso que convocó la cooperación de la Embajada de Suecia en 1988, que explica sencillamente la prehistoria de Nicaragua hasta antes de la llegada de los españoles, usando la arqueología y la antropología, pero de manera que rieran mientras disfrutaban la lectura.

¿Sus libros siempre buscan ese ingrediente?

¡Claro! Siempre hace falta un cuento para niños que nos haga reír pero, sobre todo, busco que se sientan orgullosos de ser nicaragüenses.

¿Su humor tiene que ver con el pueblo cubano?

El pueblo cubano sabe reír, se sabe reír de sí mismo, por eso ha tenido tanta capacidad para resolver problemas graves; también creo que el humor no sólo es cubano sino una mezcla cultural. En el caso de Nicaragua, me encontré un vacío y Un Güegüe me Contó llenó ese vacío. La historia de El Güegüense también llena un vacío y tiene que ser comprendida por los niños como una obra maestra de la literatura.

Otro de mis libros, Los Dientes de Joaquín, aborda una historia de amor que hace reír. Ahora estoy escribiendo Cinco Noches Arrechas, que presentaremos en la IX Feria Internacional del Libro. Este contiene cinco leyendas: El Cadejo, La Cegua, La Carreta Nagua, El Padre sin Cabeza y El Jinete de Arrechavala. Estos cuentos harán reír a los niños excitados por el miedo al leerlos. Otro de mis libros es La Guía del Pipián, lo siento como mi testamento.

¿Tiene otros libros en preparación?

Sí. La Leche Agria y el Carbonero, es una historia de amor, en tanto La Balanza de Don Nicolás, escrito en 1995 es una obra de teatro que se presentó al aire libre en varios colegios del país, que trata sobre los derechos de los niños y niñas. Conté con el apoyo de Carlos Mejía y sus canciones.

¿Todos sus libros los ha trabajado con su hermano?

Siempre. Creo que el texto para niños debe de ser armónico. Él valora el texto y yo la ilustración y buscamos esa armonía. Por ejemplo, ahora estamos trabajando el nuevo libro de cuentos Cinco Noches Arrechas y nos complementamos. En Historia … de El Güegüense, verás que los dibujos son extraordinarios, llenos de movimiento, teatro y gracia. Algo en común pasa en los otros cuentos, como en Un Güegüe me Contó, su estilo naif es ajustado al cuento. Y los dibujos en Los Dientes de Joaquín, de animales, igual. Y espero que “…las noches arrechas”, sean una buena plástica de los espantos de Nicaragua.

¿Cómo ha sido su experiencia de escribir literatura infantil?

Los libros que yo hago los siento como “mis hijos de papel”. El cuento Un Güegüe me Contó fue mi primer hijo en literatura infantil, había escrito otras obras serias pero este libro lo han leído niños que ahora son adultos. Este libro ha corrido. Ahora me siento orgullosa, de las tres ediciones de El Güegüense (una en alemana y dos en español). La Balanza de Don Nicolás es un libro menor, así como Los Dientes de Joaquín.

¿Cree que sería loable hacer nuevas ediciones para ser difundidas en el extranjero y en las escuelas públicas del país?

Esperamos que sí. Por el momento tengo en proyecto editar litografías de la obra pícara de El Güegüense que puedan servir para dar a conocer sus imágenes en oficinas, hoteles, embajadas. Desearía con toda el alma que el Ministerio de Educación asumiera una tirada masiva de este libro porque muchos no entendemos El Güegüense y entenderlo es conocer la raíz de la identidad del ser nicaragüense y que no quede sólo para el extranjero como sello de Nicaragua. Recordemos que El Güegüense representa la rebeldía de los mestizos mesoamericanos frente al poder español; yo espero que algún día este libro sea parte del catálogo centroamericano o mexicano.

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