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Diosa Madre
Luis Sánchez Sancho

Prácticamente todos los textos sobre el origen de la celebración del Día de la Madre (que en Nicaragua se festeja el 30 de mayo), indican que se remonta a los tiempos de la Grecia primitiva y que comenzó con el culto a Rea, llamada Diosa Madre. Rea (conocida como Cibeles en la mitología romana), era hija del Cielo y de la Tierra y esposa de Cronos (Saturno). Se le llamaba Diosa Madre porque fue la progenitora de los principales dioses olímpicos: Zeus, Poseidón, Hades, Hera, Deméter y Hestia (Vesta, diosa del hogar, en la creencia romana). Pero también se le llamaba así porque había sido la madre de todos los dioses de Anatolia (la actual Turquía), donde se originó su culto, el cual fue llevado a Grecia desde Frigia y posteriormente introducido en Roma, en tiempos de las guerras púnicas (las de Roma con Cartago).

Originalmente, o sea en la Anatolia primitiva, Rea era una diosa de la fertilidad, de la naturaleza en su estado salvaje y de todos los animales que poblaban sus dominios. Andando el tiempo Rea fue considerada también como la diosa que curaba las enfermedades y protegía al pueblo de las calamidades de las guerras.

El culto a Rea fue introducido en Roma porque un oráculo dijo que sólo así se podría vencer a los ejércitos cartagineses. Ella fue llamada Cibeles por los romanos, quienes la imaginaban montada en un carruaje que era halado por dos leones (que eran Atalanta e Hipómenes convertidos en leones como castigo por haber tenido sexo en un templo de Rea). Y su fiesta se celebraba al comienzo de la primavera, cuando la vida renace en la naturaleza y los seres vivos se unen sexualmente para reproducir sus especies.

Se dice en una leyenda acerca de Rea, que ella acompañó a su esposo, Cronos, cuando fue arrojado del Cielo por sus hijos y tuvo que marcharse al exilio terrenal. Estando en Italia, Rea ayudó a Cronos a hacer todo el bien posible a los mortales, pues él quería reivindicarse de lo malo que había sido con sus hijos. Y tanto se esmeró la Gran Madre en esa tarea, que los poetas llamaron “era de Rea” a la edad de oro que una vez hubo en la tierra, cuando todas las personas eran iguales y vivían felices y en paz porque nada les faltaba, todo era de todos y nadie los oprimía.

Los sacerdotes de Rea celebraban su fiesta con bailes durante los cuales golpeaban los escudos con las espadas. Y el ruido que de esta manera producían lo acompañaban con gritos y lamentos por la desventura de Atis, quien fuera el primer sacerdote de Rea.

Atis había sido un apuesto pastor de Frigia, de quien la Gran Madre se enamoró y lo escogió para confiarle los misterios de su culto y la organización de su orden sacerdotal. Para eso Rea hizo jurar a Atis que se conservaría casto y célibe para siempre, sin embargo él violó el juramento sagrado cuando conoció a una bellísima ninfa del bosque llamada Sangaride, a quien tomó por esposa.

El castigo que impuso Rea a Atis por violar su juramento sagrado, fue terrible. Primero mató a Sangaride al arrancar de cuajo el árbol que le daba la vida. Después enloqueció a Atis quien se castró a sí mismo en un acceso de furor; y ya iba a matarse cuando la diosa entró en compasión y lo transformó en un árbol de pino, el que desde entonces quedó a ella consagrado.

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