Como patrón en común, en los últimos gobiernos, lo ofertado no fue igual a lo vendido, y a los nicaragüenses nos han dado atol con el dedo. Veamos por qué:
“Nicaragua, cambia”. Muy acertado el eslogan, cambio porque ahora se conoce que tuvimos a un presidente que se lucró con los fondos públicos; comparable la cleptocracia a nivel mundial, sólo con la del señor Mobutu Sese Seko, ex presidente del Zaire. Ambos tienen en común: el uso del Estado como una propiedad privada y de protección. Nicaragua cambió, porque en vez de llegar las donaciones a los más desposeídos, quedó despilfarrada y distribuida en los sectores afines al gobierno en turno.
Luego, el “viejito Bolaños” —lo digo en términos de respetabilidad y no de ofensa—, nos dijo “arremanguémonos las mangas”. Lo que no dijo es que las tripas también las teníamos que arremangar. Su gobierno planteó un eje, la lucha contra la corrupción — ¡bien decíamos!—, pero resulta que no supo controlar a sus ministros y hoy tenemos que pagar las burradas de éstos. En su período la pobreza se incrementó, hoy somos un 80 por ciento de pobres. Sin embargo, no todo fue negro; en la presidencia del señor Bolaños se publicaba toda la información de la administración pública y uno sabía que si entraba a un sitio web del Gobierno encontraba de todo, sabíamos donde estábamos y para dónde íbamos.
Viene el señor Ortega y nos dice: “el pueblo presidente”. Y si yo soy del pueblo, entonces señor Presidente, cuéntenos la verdad a este pueblo: explíquenos como están los Objetivos de Desarrollo del Milenio en cada uno de los municipios del país, que estamos negociando con el Alba, con Irán, cuál es nuestra propuesta con el FMI, por qué tenemos que “sudar calentura ajena” de otros gobiernos; cuándo serán suficientes los problemas sociales en nuestro país. El pueblo no es tonto, una vez que diga la verdad entenderíamos el porqué y contribuiríamos a dar soluciones.
Lo bueno hasta este momento y lo que me gusta es que el señor Ortega ponga a sus ministros al frente de la población para que respondan sobre el retardo de sus funciones públicas; que se quiten los alcaldes corruptos, que haya soluciones prácticas y tangibles en la salud en pro de una gratuidad y calidad, que se vaya a luchar contra el analfabetismo, la pobreza y el hambre.
Unos me dirán: con qué recursos económicos. Pues, he ahí el quid del asunto. Los recursos económicos pueden gestionarse y provenir de diversas fuentes. Si hay una verdad, esa es que muchos donantes nos han acompañado desde hace mucho tiempo, y nos han demostrado que su ayuda no es “fugaz”, ni depende de un contexto político, sino de una verdad: ayudar a nuestro país que ha sido empobrecido, a nuestra gente.
Al final, los eslóganes han sido “muy acertados”, con una “pizca de verdad” para el Presidente de turno y lo opuesto a su afirmación para el pueblo; evidenciándose esto con los resultados en el país de la aplicación de las políticas públicas y sociales.