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Una experiencia positiva
Francisco Xavier Aguirre Sacasa
El autor es diputado por el PLC. Fue Canciller de la República

Insto a los gobiernos (central, municipales y empresas del Estado) a “reinventarse” siguiendo el modelo de la oficina de Migración y Extranjería que funciona en Metrocentro. Imagínense lo bueno que sería todo en Nicaragua si toda la cosa pública —y hasta el sector privado— operara con esa eficiencia

Estamos acostumbrados a pensar que no funciona el Gobierno de Nicaragua. Hay críticas al sistema judicial, al registro de propiedad, a la atención que brindan al público los hospitales y centros de salud, a las escuelas que no preparan bien a sus alumnos, o al Fomav que no repara las carreteras. También abundan las quejas en contra de los gobiernos municipales. Se dice que los alcaldes no recogen bien o a tiempo la basura, que no limpian los cauces, que no mantienen las calles. En Nicaragua, nadie se salva. La Policía o es muy blandengue en la manera en que trata a delincuentes menores de edad, o demasiado dura. Y si se trata de servicios públicos, Enacal no mantiene bien su red de distribución, cobra demasiado o no provee el vital líquido a sus clientes. Lo mismo se dice en el caso de Unión Fenosa, el proveedor de servicios que más nos gusta fustigar por sus elevadas facturas y pobre servicio. Y ¿cuántas veces no hemos “bendecido” a las compañías de teléfono cuando en las pantallas de nuestros celulares aparece esa leyenda fatal, “llamada fallida”.

Por eso es novedoso encontrarse con una oficina de gobierno que sí funciona, que es eficaz y eficiente y que brinda su servicio con cortesía.

Por casualidad recientemente me tocó dar con una de estas “aves raras”. Andaba caminando por Metrocentro cuando pasé por una oficina de la Dirección General de Migración y Extranjería. Me sorprendió, en primer lugar, ver esa oficina en una plaza de compras, en un lugar accesible donde suelen ir literalmente miles de ciudadanos todos los días. Qué buena idea, pensé. Se me ocurrió entrar y me encontré con un pequeño recinto pero limpio, bien iluminado y, sobre todo, organizado. Había una fila de personas tramitando la renovación de pasaportes, permisos de salida o a lo mejor hasta nuevo pasaporte. Pero la fila se movía rápidamente.

¡Qué novedoso!, pensé. Y después recordé que mi pasaporte estaba por expirar. Decidí, por consiguiente, tramitar la renovación de mi pasaporte en esa oficina. Lo haría como un experimento para ver si una oficina del Estado podía trabajar eficientemente, sin necesidad de un gestor.

Mi esposa, cuyo pasaporte también estaba por expirar, pasó por la oficina primero y me consiguió el formulario que necesitaría llenar. Para sorpresa mía, era sencillo. Lo llené en un par de minutos y anexé a él dos fotos recientes, una fotocopia de mi cédula y otra de la página con mis datos personales de mi pasaporte.

Entré a la oficina a eso de las dos de la tarde y no había fila. Una señorita me atendió inmediatamente. Me pidió 175 córdobas para renovar el pasaporte para dos años y medio y me pidió que regresara en media hora. ¡Media hora! No podía creer lo que me había dicho. Por eso decidí hacer unos mandados y regresé hora y media después para darle más tiempo. A mi regreso se había formado una fila en el escritorio donde había entregado mi pasaporte. Sin embargo, pasé a otro escritorio en donde entregaban los pasaportes revalidados. Firmé un recibo para mi pasaporte y salí con mi pasaporte revalidado.

En total pasé quizás cinco minutos en la oficina entregando mi solicitud de renovación y retirando mi pasaporte. ¡Cinco minutos! No creo que se podría tramitar una renovación tan expeditamente en muchos otros países. Desde luego, no se podría hacer en los Estados Unidos, país que conozco bien y que cuenta con estructuras gubernamentales efectivas.

Quería compartir esta experiencia positiva con los lectores de LA PRENSA porque de vez en cuando hay que dar buenas nuevas. Además, esta experiencia demuestra que el Gobierno sí puede ser efectivo. Puede llegar a donde están los ciudadanos que necesitan de sus servicios y puede brindar estos de una manera ágil, no burocrática. Lo que se necesita es creatividad —en este caso la idea de abrir un módulo en un centro comercial— y diseñar trámites sencillos.

Felicito al Ministerio de Gobernación y a la Dirección General de Migración y Extranjería por esta iniciativa que entiendo data del Gobierno anterior. Congratulo a las tres funcionarias de la oficina de Metrocentro por su vocación de servicio. E insto al resto de nuestros gobiernos (el central, los municipales y las empresas del Estado) a “reinventarse” siguiendo el modelo de esta oficina. Imagínense lo bueno que sería todo en Nicaragua si toda la cosa pública —y hasta el sector privado— operara con la eficiencia de la oficina de Migración y Extranjería en Metrocentro. Como reza el dicho, ¡otro gallo nos cantaría!

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