El apoyo del alcalde de Los Angeles, Antonio Villaraigosa, a la senadora Hillary Clinton parece otorgarle a la candidata demócrata una temprana ventaja frente a sus rivales en la búsqueda del ansiado voto hispano.
Villaraigosa es un astro en ascenso en el ámbito político nacional demócrata y uno de los más importantes funcionarios electos latinos. Se espera que impulse vigorosamente la candidatura de Clinton entre los hispanos en California, uno de los estados capaces de decidir las elecciones presidenciales del 2008.
La población hispana de California se acerca al 36 por ciento, más del doble que el promedio nacional. Y aunque el poder político de los hispanos no se corresponde con su porcentaje real — pues muchos son demasiado jóvenes para votar, no están empadronados para emitir el sufragio o simplemente son indocumentados— la situación está cambiando.
En 1992, sólo un ocho por ciento de los hispanos sufragaban en el Estado. En el 2006, la cifra fue del 14 por ciento, según cifras compiladas por el Instituto de Política Pública de California. Y el impacto es mucho más vigoroso entre los demócratas. Uno de cada cinco votantes del partido en California es de origen hispano.
Tanto los demócratas como los republicanos tratan de conquistar el voto hispano, aunque en los últimos años, los hispanos han comenzado a observar con recelo a los republicanos, pues éstos han propuesto una serie de proyectos de ley para frenar el flujo de inmigrantes ilegales y para sancionar a empleadores que contratan a indocumentados.
El republicano Mitt Romney cuenta con un asesor de prensa hispano en Florida. El demócrata Bill Richardson, cuya madre es mexicana, ha hecho frecuentes llamados a los votantes hispanos.