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La justificación de lo injustificable

El dictador venezolano, Hugo Chávez, ha tratado sin éxito de justificar su autoritaria decisión de cancelar (o no renovar, que para el caso es lo mismo) la frecuencia de transmisión a Radio Caracas Televisión (RCTV). En su propio país entre 70 y 80 por ciento de ciudadanos rechazó la medida y en todo el mundo la condena ha sido generalizada. Probablemente el gobierno de Chávez se ha desprestigiado más con el cierre de RCTV que con cualquiera otra de sus infortunadas decisiones. Y es que en el mundo civilizado, este es un verdadero escándalo. El embajador venezolano en Managua también ha hecho malabares para justificar lo injustificable pero tampoco convence a nadie, excepto a sus propios partidarios.

Y es que las razones ofrecidas por el Gobierno venezolano son confusas y contradictorias. Por mucho tiempo Chávez estuvo llamando golpista a RCTV así como a otros canales privados de Venezuela para predisponer el ánimo de los venezolanos ante la eventual cancelación de su licencia de operaciones. Posteriormente, el argumento cambió. Chávez y su embajador en Managua dijeron que la decisión obedecía simplemente a la necesidad que tiene el Estado venezolano de usar esta frecuencia para “democratizar” a los medios de comunicación. “El Estado está obligado a garantizar a la ciudadanía el derecho a la información, al conocimiento, a la cultura y a establecer un servicio de radio, de televisión y de bibliotecas públicas al servicio de toda la comunidad”, expresó el embajador. Pero en una sociedad abierta y democrática la información, el conocimiento y la cultura se basan en la pluralidad de medios y en la libertad de la gente de escoger a los que más le agraden y satisfagan.

La verdadera razón que tuvo Chávez para clausurar RCTV por medio del procedimiento de no renovarle la licencia de transmisión, es que por su mentalidad absolutista y el carácter totalitario de su proyecto político, económico y social, no tolera el pluralismo informativo y cultural. Por eso es que ya enfiló sus baterías contra Globovisión e incluso contra la internacional CNN.

El régimen chavista alega que hay en el mundo más de ochenta casos de gobiernos que también han cancelado licencias de operación a medios de comunicación sin que ello produjera tantas reacciones negativas. Sin embargo, no dice que cuando en esos países se cierra una radioemisora o canal de T V o se le sanciona, no es porque el Presidente de la República lo tenga en la mira por diferir políticamente sino porque dicha radio o canal ha incurrido en algún ilícito que ha sido debidamente demostrado en un tribunal de justicia. El gobierno de Chávez no puede esgrimir este mismo argumento porque nunca presentó una acusación concreta contra RCTV.

Así que la comparación no cabe. La verdad es más sencilla. Para Hugo Chávez, RCTV siempre fue una piedra en el zapato, una espina clavada en la espalda que tenía que arrancarse algún día. Pero al dictador venezolano le falta entereza para admitirlo sin ambages porque sabe que sería aún más aislado internacionalmente. De lo contrario, diría claramente que fusiló a RCTV porque ésta siempre criticó su gestión, porque apoyaba a la oposición y porque no dejaría de hacerlo a pesar de las posibles y ahora concretas consecuencias. Lo que ha ocurrido es un golpe bajo a la libertad de expresión. De otra forma, ¿por qué necesitaría Hugo Chávez del respaldo de gobiernos y de manifestaciones públicas? ¿Por qué su embajador en Managua diría que así como hay apoyo nacional e internacional a RCTV también se vale que lo haya para Chávez? ¿Por qué una decisión legítima y legal —supuestamente desprovista de toda connotación política— necesitaría del apoyo de los presidentes signatarios del Alba? ¿Y por qué el ministro de Cultura de Cuba comunista proclama que los dueños de medios de comunicación que mientan deberían ser condenados a cadena perpetua? ¿De dónde surge todo este encono?

Lo vamos a decir una vez más. Hugo Chávez —como Fidel Castro, Anastasio Somoza, Augusto Pinochet y cualquier otro dictador— mantiene en la mira a los medios de comunicación independientes porque fiscalizan su gestión. Esto le molesta. Por eso les llama enemigos y conspiradores y va a aprovechar cualquier coyuntura para perjudicarlos directa o indirectamente o simplemente deshacerse de ellos. Todo lo demás es un discurso político mentiroso.

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