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Cástulo Rubén entre las artesanías que produce en su taller. ()
Cástulo Rubén Calderón El Pigmalión de Mozonte
Por Mario Fulvio Espinosa
Fotos de René Ortegadomingo@laprensa.com.ni
Con la moral en alto

Cástulo afirma que se enamoró de una muchacha humilde que era profesora en Macuelizo. “Con ella jalé como un año y después nos decidimos y nos casamos”.

Con Martha Angelina Mendoza, Cástulo ha procreado dos hijas, una de catorce y otra de quince años. “Todavía no aspiro a ser suegro”, dice sonriendo.

“La verdad es que le he hecho ganas para salir adelante, mi familia es lo que más aprecio en mi vida y aunque somos muy pobres, siempre he estado con la moral muy alta para superar situaciones de crisis, porque si uno flaquea todo se viene abajo”

Hace miles de años a los dioses del Quiché se les ocurrió formar el mundo, pero al contrario de Yaveh Dios que cumplió esa tarea en siete días, ellos descubrieron que crear no es cosa de “soplar y hacer botella” sino que incurrieron en diversos errores que tuvieron que ir subsanando.

Evocando tiempos ancestrales platicábamos allá en Mozonte con el alfarero Cástulo Rubén Calderón Tercero. Ixmucané e Ixpiyacoc, al igual que Yaveh fueron los primeros que moldearon el barro, de ahí que ese arte puede catalogarse como el génesis de todas las artes, y por añadidura con categoría de divino, según el consenso logrado en la plática en la que participamos Cástulo, René y el que esto escribe.

Hay intensa actividad en el modesto tallercito de Cástulo. Al extremo de un corredor interior, cuatro jóvenes se ocupan de dar colorido a varias piezas pequeñas de barro, mientras otros extraen del horno otras ya cocidas. Sobre un tabanco van colocando soles, lunas, jarrones, vasijas, ánforas, pebeteros e incensarios. La mayoría de estos muchachos son aprendices que, según Cástulo, “garantizan la continuidad del arte que nos legaron desde hace miles de años nuestros antepasados. Aquí los recibo, la enseñanza es gratuita”.

Mientras conversamos, Cástulo Rubén trabaja en la confección de un ánfora sobre la cual ha labrado un paisaje de casitas campesinas de techos rojizos que tienen como fondo una montaña segoviana que destaca entre árboles de pino y el celeste azul del cielo. Hace una pausa para dar un nuevo toque a su criatura y mira con tanto amor al barro que no puedo menos que compararlo con Pigmalión, el escultor chipriota que se enamoró hasta la locura de la mujer de marfil que había labrado y a la que Afrodita dio vida (así nació Galatea) para que fuese esposa del artista.

Este Pigmalión de Mozonte nació en La Sabana, un caserío del municipio de Somoto, es uno de los doce hijos de don José Miguel Calderón y doña Gregoria Tercero Turcios, aún vivos. “Mi padre administraba una hacienda y yo me integré desde muy niños a las labores propias del monte, andar arriando vacas, ordeñarlas y aguarlas. En esos primeros años no pude salir adelante, fue cuando pasé de los doce años que pude aprobar el tercer grado, hasta que pasó la guerra saqué el sexto grado”.

¿Cómo te integraste al arte de la cerámica?

Se me hizo difícil porque me agarró el servicio militar en el año ochenta y cuatro. Pero al salir del ejército dos años después, una señora llamada Martha Arana me consiguió una beca para estudiar cerámica.

¿Tenías algunos conocimientos de cerámica antes de ser becado?

Como tengo familiares en Honduras después de la guerra me fui para allá y me integré a los ceramistas de Valle de Ángeles pero por falta de papeles no pude trabajar ahí, pero aprendí muchas cosas en los tres meses que estuve. En ese tiempo los artesanos hondureños eran afectos a trabajar rústico. Nosotros acá hemos avanzado bastante y eso se lo agradezco a un señor del Instituto de Cultura, don Luis Cornejo.

¿Qué año regresaste a Nicaragua?

En el 91, después del triunfo de Doña Violeta, me vine directo para Mozonte buscando de nuevo la cerámica. Porque en verdad parece que eso lo traía en la sangre. Sentía que me gustaba. Me vine con mi mamá y como aquí ella tenía este pedacito de tierra, aquí levanté mi tienda. Me integré a los ceramistas de Mozonte y a las enseñanzas que nos daba el maestro Arturo Machado de origen hondureño, que fue el legítimo fundador de la cerámica mozonteña. Otro maestro notable fue don Willian Gómez que me integró a su grupo. Hicimos una Cooperativa de doce miembros cuyo presidente fue maestro Gómez, ya estamos hablando del año 93 cuando ya tomé en serio esta actividad.

¿Has hecho otros cursos especializados sobre cerámica?

A través del Instituto de Cultura pasamos unos cursos de cerámica en Managua. Ahí nos llevaron artesanos de San Juan de Oriente para que nos dieran técnicas. Claro, ellos tienen mucho más tiempo que nosotros en estas labores y no era prudente competir con ellos, entonces mejor planteamos lograr otra técnica, y motivos diferentes, así dimos vida a las casitas y pueblitos cercanos a Mozonte, lograr pintar los paisajes campiranos en un estilo primoroso y primitivo como el que ven en esta ánfora.

¿No han pensado en crear una Federación de Ceramistas de Nicaragua?

Eso ya está en estudio, lo que pasa es que como nosotros vivimos tan lejos de Managua, casi no nos damos cuenta cómo marchan las cosas, pero fuimos a un encuentro nacional de artesanos que se realizó en Masaya y planteamos eso y quedó en acta.

Veo que el torno de ustedes es un poco primitivo. ¿No han podido modernizar sus equipos?

Ahora existe maquinaria más moderna. Están, por ejemplo, los tornos eléctricos, pero aquí en Nicaragua estamos tan pobres, el país está tan fregado, que mejor utilizamos nuestros viejos equipos porque así ahorramos luz y los costos se bajan.

¿Y qué resultado les ha dado la tienda que posee la Cooperativa aquí en Mozonte?

Nos ha ido muy bien, hemos tenido bastante éxito, tenemos la ventaja de resolver los problemas nosotros mismos. Es como una hermandad, ahí nos la ingeniamos para pagar vigilancia, luz, agua y si uno no tiene, el otro consigue; a los problemas les echamos la vaca entre todos y ya tenemos cuatro años de vida. El IDR costeó el edificio y no pensamos dejar de producir.

¿Cuáles son las ventas promedio?

Por lo general, cada día se venden unas cincuenta piezas, pero lo principal es vender en grandes volúmenes y eso es variable hay días que se vende bastante y otros días poco. T

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