Venezuela parece ser el cuerno de la abundancia para Daniel Ortega. En la mitología griega, Zeus le regaló a su nodriza uno de los cuernos de la cabra con que lo alimentó. Este cuerno tenía el especial poder de dar a la persona que lo poseía todo lo que deseaba.
En las representaciones modernas el cuerno de la abundancia es un cono curvo, hueco y sin fondo, típicamente relleno con diversas frutas. Así luce Venezuela en la “mitología sandinista”, como un cuerno de donde sale todo lo que se le pide: petróleo, urea, becas, operaciones quirúrgicas, plantas eléctricas, tractores, bancos y, sobre todo, una retórica revolucionaria que hace sentir al nuevo gobierno “jugando” en el tablero geopolítico del mundo.
“Si esto se produjera con más países, todo el mundo estaría contento”, vaticina el economista Adolfo Acevedo, miembro de la Coordinadora Civil, al referirse a los acuerdos de la Alternativa Bolivariana de las Américas (Alba) que fueron presentados por el presidente Daniel Ortega Saavedra en su primer día de mandato como el cuerno de la abundancia que trae consigo la salida a la crisis energética y a la pobreza que azota al país desde hace décadas. Pero el mal manejo de esos recursos podría acabar con la “abundancia” que quiere compartir Venezuela.
Durante los casi seis meses de vida que ha durado el gobierno de Ortega y la permanente “luna de miel” con su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez Frías, aún flota en el aire una pregunta que no encuentra respuesta: ¿Qué dará Nicaragua a cambio de tanta “cooperación”?
El petróleo ocupa el primer lugar en la solidaridad de Venezuela para Nicaragua. Según explicaciones de Acevedo, “si Venezuela cubriera el ciento por ciento de las necesidades de petróleo en Nicaragua, eso equivaldría a más de 600 millones de dólares (anuales)”.
Para este año se han calculado unos 300 millones de dólares en petróleo venezolano para Nicaragua. De seguir así, en cinco años la deuda petrolera alcanzaría 1,500 millones de dólares aproximadamente.
Según Acevedo, “sólo con 300 millones de dólares uno podría cubrir casi toda la brecha para el financiamiento en materia de educación, salud, mantenimiento de caminos, agua potable, eso da para efectuar inversiones que le permitirían a Nicaragua resolver problemas fundamentales”.
Hugo Chávez comenzó a enviar petróleo a Nicaragua desde el año pasado, utilizando como puente la empresa mixta ya desaparecida Albanic. El primer embarque con 80 mil galones de diesel arribó a puerto El Rama tres semanas antes de las elecciones generales del 8 de noviembre pasado. Pero eso no lo es todo.
En el 2006 Nicaragua importó 20 mil toneladas de urea venezolana, lo que produjo una baja de 4.2 millones de dólares en las ganancias de los importadores nacionales.
Tras otro acuerdo firmado por el presidente Daniel Ortega con Hugo Chávez, se espera que lleguen al país 40 mil toneladas más de urea. La demanda es de 80 mil toneladas aproximadamente.
Sin embargo, el presidente de la Federación Nacional de Cooperativas (Fenacoop), que agrupa a unas 620 cooperativas, Sinforiano Cáceres, dice que “a la urea venezolana hasta hoy le han puesto tres precios: el que le dan al distribuidor con afinidad partidaria, el que le dan a los dirigentes de gremios privilegiados y el que le dan a los comunes y corrientes.(…) La realidad es que la urea venezolana más que un fertilizante, se ha vuelto un instrumento político”, declara Cáceres en una publicación de la revista Envío.
El 7 de julio pasado arribaron al país 13 mil toneladas de urea más, procedentes de Venezuela, las que serían distribuidas a unos 60 mil productores a precios preferenciales. El monto total de esta importación no se conoce, pero en otra ocasión se adquirieron 10 mil toneladas de urea bajo un crédito de 2.2 millones de dólares a un plazo de nueve meses.
Las autoridades de la Cooperativa de Servicios Agropecuarios (Nicaraocoop), han dicho que la urea recién llegada sería distribuida a través de 180 puestos de venta, que no es donación y cada quintal de urea tendrá un precio de 16.2 dólares. El precio regular en el mercado nacional es de 23.2 dólares, diferencia que algunos han tachado como “competencia desleal”, al producir en el 2006 una disminución del 15 al 6 por ciento en las utilidades de Anifoda, importadora tradicional de fertilizantes en Nicaragua.
La oferta de Chávez y Ortega es acabar con los problemas de pobreza y energía de Nicaragua y, aunque todavía no se logra ninguno de los dos objetivos, el nuevo acuerdo petrolero firmado el 29 de abril de este año deja abierta una ventanita bastante ambiciosa: que Nicaragua se convierta en exportadora de derivados del combustible en la región centroamericana.
Para lograrlo, Chávez anunció el 11 de marzo su interés de construir una refinería con capacidad para procesar 150 mil barriles de petróleo diario, cinco veces más de lo que consume Nicaragua en un día. Fue así que el 20 de julio pasado ambos presidentes colocaron la primera piedra de lo que será algún día la refinería El Supremo Sueño de Bolívar, en el municipio de Nagarote, valorada en 2,500 millones de dólares. Esta construcción estaría a cargo de la nueva empresa venezolano-nicaragüense Albanisa (Alba de Nicaragua S.A.). Además de eso, Venezuela también envió 32 motores que producen 60 megavatios, conocidos como Plantas Hugo Chávez, que tienen un costo de 100 millones de dólares. Plantas que, según declaró el presidente Ortega en marzo, se pagarán sin intereses y sin plazo fijo. Además, anunció que en septiembre próximo vendrán más motores para generar 60 megavatios adicionales de energía.
El consultor en asuntos económicos, Alejandro Arauz, destaca que “de los principales países con los que comercia Venezuela, ninguno es parte del Alba. Por ejemplo, de EE.UU. proviene el 30 por ciento de las importaciones, mientras que a ese mercado va más del 54 por ciento de las exportaciones venezolanas”. A ese listado le siguen Colombia, Brasil, China y México.
Sin embargo, todas las ofertas que ha hecho Chávez, entiéndase fábrica de sacos, urea, derivados de combustible, fábrica de aluminio y hasta ensamblaje de tractores, son con miras a que Nicaragua sea en el futuro la “casa distribuidora” de Venezuela.
Arauz agrega que la inclusión de Nicaragua a los acuerdos Alba podría traerle algunos beneficios, “sin embargo no hay un estudio bien fundamentado que indique que la inclusión en materia comercial contribuya a generar ganancias comerciales importantes, excepto en algunos productos agrícolas como el frijol negro, la carne de res y las exportaciones de partes y accesorios fabricados con aluminio”.
Con estos acuerdos, dice Arauz, “no es cuestionable que Venezuela nos esté dando recursos, lo cuestionable es cómo los estamos utilizando”.
A esto, el economista Adolfo Acevedo añade su preocupación por la falta de información que circula entre los funcionarios nicaragüenses, lo que no permite hacer un registro sobre el tamaño real de la deuda que se tendría con Venezuela.
“Me preocupa lo que está pasando con los funcionarios nicaragüenses. No están informando de manera transparente, no están publicando los acuerdos, no los están enviando a la Asamblea Nacional para su ratificación y según se desprende de la lectura del propio acuerdo, publicado por Venezuela y ratificado por la Asamblea Legislativa venezolana, tampoco se está cumpliendo con lo que establece el propio acuerdo”, expresa Acevedo.
Con el Alba “Nicaragua tiene la oportunidad de saber aprovechar los recursos que Venezuela está generando, independientemente que se case con la parte ideológica o retórica, pero que esto no sea un elemento que provoque que los recursos que se obtienen tengan la misma filosofía con la que los está utilizando Venezuela, que lo que hace es generar una demanda expansiva, tienen una alta inflación y un no al crecimiento de la competitividad y productividad del trabajo. Eso complica las cosas a largo plazo porque no genera crecimiento sostenible, sino una economía de consumo”, asevera Alejandro Arauz.
Además, agrega que “lo mejor que puede hacer este gobierno (de Ortega) es saber aprovechar esos recursos, que vayan destinados a mejorar la competitividad del país. Porque si lo van a destinar a un gasto social con criterios partidarios, asistencialistas, definitivamente no se estaría aprovechando y en parte es lo que están haciendo y desde el punto de vista de la ciencia económica eso no es lo más saludable para un país como este que tiene problemas de cooperación y de cómo reinsertarse en la economía internacional”.