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En Letra Pequeña
Fabián Medina

Periodista

Alguna vez ha tenido la frustrante sensación de que usted está dejando de ser usted sólo porque así se le ha ocurrido a alguien. A ver si me explico. Hasta hace algunos meses yo era —o creía ser— sólo un periodista. Un periodista que se gana la vida haciendo lo que hacen los periodistas en cualquier parte del mundo: escribir, procesar noticias y, como en esta columna, opinar. Ni de izquierda ni de derecha. Ni liberal, ni conservador, ni sandinista. Sólo un periodista. Eso creía ser.

Oligarcas

De repente un señor empezó a hablar de la oligarquía. Y sin saber cómo, quienes trabajamos en LA PRENSA, entramos en ese saco. Vaya, soy un oligarca, me dije todavía tomándolo a broma. Después fuimos “conspiradores”. ¿Yo conspirador? La última conspiración en la que recuerdo haber participado fue el audaz robo de unas bolsas de paletas que hicimos cuando niños con otros primos en la pulpería de una tía mía. Pero bueno, ahí voy por las calles de Managua sintiéndome un oligarca conspirador. Tan en serio me tomé el asunto que me puse a estudiar lo que tengo que hacer para dejar de ser un “oligarca”. Y así, fui armando una especie de manual no escrito que dicta lo que se debe hacer para ser un “buen ciudadano revolucionario” a imagen y semejanza de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Aquí unas pistas por si tiene mi mismo problema.

Lenguaje

Punto número uno, el hablar. Se debe decir “compañero ministro del poder ciudadano”, para decir “ministro”, “imperio”, para referirse a “Estados Unidos”, “amigo Hugo”, para decir “Presidente de Venezuela” y “oligarca”, para los que piensen distinto, aunque vivan en barriadas.

Moda

Dos. También hay un vestir revolucionario. Camisas blancas cuello chino son en Nicaragua lo que eran las camisas Mao en la China comunista. Pero si en China significaban uniformidad y pureza ideológica, en Nicaragua significan: “No tengo voz ni criterio propio. Soy servil y adulador”. Un detalle importante: las mangas deben ir arremangadas hasta los codos y los pantalones ser de una talla mayor. Y si quiere llevar las cosas al extremo, use rosado peptobismol. Ese es el color de los elegidos.

Religión

Tres. El manual también contempla un capítulo para la religión. Es curioso cómo hasta las doctrinas que han pregonado el más absoluto ateísmo, terminan armando su propia religión. Con dioses, santoral y credos. Esta no es la excepción: Chávez por sobre todas las cosas. Adorar a Chávez y profesar el chavismo, es lo “in” (como dicen los chavalos oligarcas) en el nuevo credo revolucionario.

Neoconceptos

El punto es que ahora ser oligarca es muy fácil. Ya no es necesario pertenecer al “reducido grupo de personas que pertenecen a una misma clase social y ejercen el poder supremo”, como dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Porque si oligarca significara lo que significa, los oligarcas serían aquellos que señalan con el dedo anillado. ¿O no? Y, al contrario, para ser revolucionario no es preciso ahora estar dispuesto a dar la vida para cambiar las cosas: basta vestir camisas cuellos chinos y seguir los consejos que les conté. También se ha redefinido el concepto de pobres. Usted puede ser pobre aunque viaje en Mercedes Benz y tenga empresas de millones de dólares. Pero ese será tema de otra columna.

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