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22.07.07
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Noticias >> Religión y Fe
Fieles y obedientes a Jesús
Neguib Kalil Eslaquit
Sacerdote católico

La recién celebrada V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en la ciudad de Aparecida, Brasil, se desarrolló bajo el lema Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. “Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn. 14,6)”.

Este domingo el Evangelio nos narra la visita de Jesús a la casa de Marta y María (Lucas 10, 3-42), y nos enseña el valor del discipulado (el sentarse a sus pies) y el de ser misionero (ponerse al servicio de la causa de Dios).

Marta se afanaba en realizar los quehaceres, mientras que a María, su hermana, parecía no interesarle mucho el trajín de la casa.

Cuando Marta se queja ante Jesús de la actitud de su hermana, Jesús le expresa, que es María la que ha escogido la mejor parte y no se la quitarán.

En ningún momento el Señor nos quiere hacer creer que solamente el escuchar la Palabra de Dios es importante, lo cual es primordial, sino que hay que combinar las dos cosas: Escuchar y ponerla en práctica.

Ambas hermanas son discípulas del Señor.

Este término de discípulo aparece muchas veces en el Nuevo Testamento, para dar a conocer quiénes son los verdaderos seguidores de Jesús.

Un discípulo es aquel que se sienta a los pies del Maestro, escucha sus palabras, se instruye de Él y practicando lo aprendido, se compromete a enseñarlo a los demás.

En cierta ocasión, la madre del Señor y sus parientes estaban buscándolo y deseaban verle, pero Jesús subordina los lazos de sangre, a los espirituales.

Los parientes espirituales de Jesús son aquellos que escuchando la Palabra de Dios, la ponen en práctica (cfr. Marcos 3, 31-35).

En otro momento (cfr. Lucas 11, 27-28), una mujer entre la multitud, mientras Jesús predicaba, levantó su voz y dijo: “Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”.

Respondió el Señor, que más bienaventurados son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica.

Para Jesús, su madre, la Virgen María, era grande por haber escuchado la Palabra de Dios y ponerla en práctica de manera perfecta, permitiendo que se encarnara el Verbo, en su vientre purísimo.

En el episodio de las Bodas de Caná (Juan 2,5), María nos señala: Hagan lo que Jesús les diga. Hacer lo que Jesús dice.

Para eso debemos estar atentos a la escucha de su Palabra Divina.

Escuchar su voz en los acontecimientos de nuestra historia y de nuestra sociedad, que hoy más que nunca clama por solidaridad, por igualdad, por sensibilidad y responder a este llamado con la práctica cristiana de quienes quieren ser verdaderos discípulos y misioneros de Cristo.

Esto implica sacrificar nuestros intereses egoístas de cualquier índole, para favorecer la comunidad.

Implica también destruir la insaciable sed de riquezas que causa la indigencia de las mayorías, haciéndolas prisioneras de nuestras perversidades.

E implica el convencimiento de que nuestra vida en el mundo tiene el propósito de servir a los demás y no el aprovecharnos de ellos.

No debemos olvidar, que cada discípulo lleva en su corazón la lealtad al Maestro, pero también la tentación de ser infiel a Él.

Oremos por ser fieles y obedientes a Jesús.

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