Sí. Sí. Probando. Probando, uno, dos, dos, dos-treees...
Es 18 de julio, la víspera de la celebración del 28 aniversario de la revolución popular sandinista. La Plaza de la Fe se ha vuelto a poblar. Vendedores, vigilantes, policías, obreros y curiosos van de un lugar a otro sin parar. Parece un hormiguero.
Cerca de la concha acústica, el escenario central donde estarán el Presidente, su gabinete, sus aliados y amigos, unos 300 hombres que están muy lejos de esas clasificaciones, trabajan contra reloj para dejar todo listo.
Nadie sabe de dónde salieron, es secreto de Estado decir para quién trabajan, pero sobresale a qué equipos pertenecen. Sí, equipos. Según las camisetas que visten manchadas de lodo y sudor, unos son de los “pobres del mundo” y los otros parecen ser del “poder ciudadano”.
Mientras dos “pobres del mundo” intentan lavar con esmero la fotografía gigante del presidente Daniel Ortega, una grúa también enorme se acerca para colocar la imagen adherida a un armazón metálico, al lado derecho de Sandino.
Una vendedora de elotes observa con curiosidad. Dice que es la segunda vez que ve una “una maquinota de esas moviendo semejante chunche” y se adelanta a decir que la noche va a estar buena. Se refiere a las ventas.
Comienza a oscurecer y la plaza toma más vida. Los simpatizantes sandinistas y algunos ex combatientes motorizados llegan uno por uno a celebrar con su botella en mano. Dicen que la vigilia del 18 es más alegre que el acto del 19.
Se espera que unas 200 mil personas llenen la plaza al día siguiente. Los planes de doña Ana son vender por lo menos 500 elotes el 18 y otros 500 el 19. “A cinco pesos cada uno. El 19 vienen más campesinos y esos compran más que los de aquí”.
Las horas van pasando y un par de tarimas ubicadas frente a la tarima presidencial van tomando forma. Los obreros sueldan y sueldan sin parar los barrotes negros que tienen por doquier.
De fondo, como para aliviar la monotonía que inició hace un par de días, suena una música entre gregoriana y disco. Es una mezcla rara que me hace recordar a la Primera Dama.
Según los cálculos de uno de los técnicos de sonido, se han instalado equipos que juntos suman 120 mil watts de potencia. No hay un rincón de la plaza donde no se escuche la música.
El “uno, dos-tres, probando” del tipo que habla con micrófono en mano desde la concha acústica, se escucha por todos lados. Para darse una idea, el sonido y las luces instaladas son similares al equipo que se utilizó en la última venida del Papa Juan Pablo II, en 1996.
- ¿Cuánto cuesta eso?
- Unos 15 mil dólares más o menos, contesta otro de los técnicos que dice trabajar en el montaje del 19 de julio, desde 1990.
- Llevo como 17 años en esto y siempre es igual. Nada de guión, nada de nada. Como ya sabemos más o menos qué es lo que hacen, ya ni lo necesitamos. A veces hacen un guión general, como de colegio. Sólo dice: habla fulano o baila zutano. Nunca dan detalles pero no importa.
Este 18 de julio, la plaza podría ser el sitio más seguro de Managua. Vigilantes privados y muchos policías van, vienen y estudian a cada transeúnte. Los bares del malecón tienen hasta las doce de la medianoche para sonar su música “charrangachanga” y vender licor.
Hace cinco días, los alrededores de la plaza comenzaron a llenarse de negocios improvisados bajo toldos pintados con los logotipos de las cervezas nacionales. Hay comerciantes de bisuterías, ropa y fritanga que esperan vender todos sus productos.
En contraste, los pósteres de un Daniel Ortega vestido de azul y blanco lucen a la expectativa de que la plaza se llene hasta reventar. Él los espera con el puño derecho en alto.