A seis meses de haber tomado posesión, todavía hay gente que habla de “incertidumbre” en cuanto al camino que va a tomar este Gobierno. Para mí, desde hace rato esa incertidumbre se despejó. Creo que si les dejáramos las manos libres, avanzarían rápidamente hacia un Estado totalitario y dinástico. Más rápido de lo que lo hacen actualmente.
Pero para lograr eso, el Gobierno debe enarbolar políticas por las cuales regirse. Una de ellas es la mentira como política de Estado.
“Ah!”, me pueden decir, “todos los gobiernos mienten”. Y es cierto. Pero una cosa es mentir y otra tener la mentira como política de Estado.
Trataré de explicar un poco mejor esta idea, poniendo el ejemplo de los gobiernos de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños. En ambos hubo corrupción, pero en tiempos de Alemán ésta era una política de Estado, mientras que en tiempos de Bolaños fueron hechos aislados que no llegan a constituirse en política, aún y cuando en algunos casos Bolaños se haya hecho de la vista gorda.
Alemán, por ejemplo, ponía a un amigote como presidente de una entidad, con un verdadero megasalario —cualquiera ganaba 10 mil dólares al mes en ese tiempo— y a los pocos meses lo trasladaba a otro puestazo, no sin antes liquidarlo como si hubiera trabajado 5 años en la entidad. La mañita les quedó a sus correligionarios y aún el año pasado repitieron la jugada cuando liquidaron la efímera Superintendencia de Servicios Públicos. Ésa es una política de Estado.
La mentira es entonces, para este Gobierno, una de sus políticas de Estado. Veamos algunos ejemplos: la destrucción de la fuente; dijeron que se había logrado con donaciones de militantes. Ahora sabemos que es mentira y que ni siquiera le han pagado al pobre contratista. Sobre la misma fuente: que la trasladarían al Monumento a Rubén Darío. Otra mentira.
Además están las consabidas mentiras en los temas de energía, cuando dijeron que las plantas de Venezuela eran regaladas y cuando dijeron que con Chávez, Nicaragua no volvería a tener problemas de energía ni de petróleo.
Está también la mentira de antología de la promesa de campaña sobre “Desempleo Cero”. Además de los seis mil despidos en su mayoría sin indemnización de este Gobierno, no se ha creado un solo empleo productivo en seis meses, aparte de lo que ya estaba programado desde el año pasado.
Pero la mentira más grande es la de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC) que está sostenida por una serie de mentiras más pequeñas, tales como: que garantizan la participación de cada uno de los ciudadanos y que a través de ellos “el pueblo es presidente”.
Todas esas pequeñas mentiras sostienen la mentira mayor, que es el disfraz de la democracia directa que puede engatusar a uno que otro iluso.
Pero si en realidad fuesen democracia en acción, ¿cómo es que los líderes, además de ser todos secretarios políticos del Frente Sandinista, son seleccionados de arriba hacia abajo y se reportan directamente al Presidente y secretario general del partido, don Daniel Ortega?
¿Se han fijado que el llamado “compañero Presidente” dice que los CPC podrán retirar de sus cargos a diputados, alcaldes, ministros... Pero jamás ha dicho que podrán destituir al Presidente?