En poco más de un año, catorce mil nicaragüenses se han realizado la prueba de sangre para conocer si tienen o no el mortal Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).
Algunos podrían pensar que la cifra es grande, sin embargo, de acuerdo a las autoridades de Salud, la cantidad de pruebas se queda corta para diagnosticar el impacto real del virus en Nicaragua.
Las excusas para justificar la negativa a hacerse la prueba pueden ser muchas: “El VIH sólo les da a los homosexuales”; “Las transfusiones de sangre son totalmente seguras”; “No pasa nada sólo por compartir una aguja chiquita”; “El tatuaje fue pequeño”; la más usada: “El Sida no me puede dar a mí”.
Todas son usadas, pero sólo una es real para Marcela Martínez Paisano, especialista en el tema de VIH y subdirectora de la Fundación Xochiquetzal: el miedo.
La especialista considera que el “estrés” de realizarse una prueba para detectar el VIH es uno de los principales impedimentos para concretar el examen.
“Hay casos en los que las personas vienen a realizarse una prueba, reciben una sesión de consejería para que conozcan la enfermedad, y luego, en el momento de aplicarse el examen, se van y deciden no hacerse nada”, dijo Martínez Paisano.
“Las personas tienen miedo a que las juzguen, a encontrase a algún conocido en el centro y, por supuesto, a la enfermedad misma”, agregó la subdirectora de la Fundación Xochiquetzal, institución que sólo en el 2006 practicó mil 250 pruebas de diagnóstico del VIH.
No todos los temores son infundados. Hace algunos meses el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) conoció el caso de un paciente VIH positivo, cuyo estado fue divulgado en el barrio donde vivía, por el descuido de una enfermera.
“Lo que pasa es que hace falta más capacitación en el personal de Salud, pero se están haciendo esfuerzos y por fortuna casos como el de ese paciente son aislados”, explicó Norwin Solano, especialista del Cenidh en el tema de derechos humanos y VIH.
A juicio de Solano, la falta de educación aumenta el miedo a realizarse las pruebas de VIH.
“En nuestro país ya se debería educar realmente en el tema del VIH y mostrar que el Estado debe garantizar los derechos de los pacientes, e incluso deben darse a conocer los alcances de la Ley 238”, dijo.
La sugerencia de Solano, de ser incorporada, sería de gran apoyo para quienes son portadores de VIH, padecen del Síndrome de Inmunodeficiencia Humada Adquirida (sida) e incluso para quienes desean practicarse la prueba de diagnóstico del virus.
La Ley 238, de Promoción, Protección y Defensa de los Derechos Humanos ante el Sida, especifica, en su artículo seis, que los laboratorios públicos o privados que practiquen pruebas para la detección del VIH/sida no deberán exigir a quienes se realizan el diagnóstico, su nombre, dirección ni datos de su familia. Sólo podrán solicitar datos estadísticos, pero no datos personales, familiares ni domiciliares. Dejando la opción de que las personas puedan identificarse como ellas así lo deseen o quieran.
“La ley es clara y protege”, opinó Solano.
No obstante, el Ministerio de Salud (Minsa) reporta que en el último año unos siete mil pacientes mostraron evidencias de estar infectados del mortal virus. Sin embargo, y a pesar de haber sido tratados como pacientes VIH positivo en el sistema de salud, nunca regresaron para realizarse la prueba confirmatoria del virus, y aún se desconoce su paradero.
LA ACCESIBILIDAD
En Nicaragua, los 17 Sistemas Locales de Atención Integral de Salud (Silais) tienen el personal y las herramientas tecnológicas para aplicar pruebas diagnósticas rápidas del VIH/sida. Sin embargo, las autoridades de Salud desconocen la cantidad y calidad exacta de organismos no gubernamentales que también ofertan el diagnóstico.
“Nos falta mejorar en las estadísticas. El sistema de Salud no tiene registrado el verdadero número de centros privados o de ONG que practican las pruebas de VIH/sida”, admitió René Villalobos, miembro del Programa de Infecciones de Transmisión Sexual y VIH/sida del Minsa.
No obstante, el Minsa compró, con el financiamiento del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), treinta mil pruebas de VIH/sida para ser aplicadas.
En los últimos doce meses, el Minsa ha aplicado 14 mil, de las cuales 106 han dado diagnóstico de VIH positivo.
En algunos centros como el Salud Integral para la Mujer (Simujer) y la Fundación Xochiquetzal, los cuales ya llevan varios años ofertando el diagnóstico del VIH, los costos del diagnóstico oscilan entre 80 y 120 córdobas. En los centros de salud públicos el diagnóstico de VIH es gratuito.
MÁS QUE UN DIAGNÓSTICO
La importancia de la realización de los exámenes para detectar el VIH no sólo radica en conocer si un paciente es portador o no, sino que va más allá.
La prueba es una estrategia para la prevención y el tratamiento, porque cuando una persona acude a realizarse el diagnóstico debe recibir, antes y después del resultado, dos sesiones de consejería para conocer sobre los riesgos y efectos del VIH/sida, tal como lo establece el Arto. siete de la Ley 238.
Si el diagnóstico es positivo, entonces el paciente es reportado al sistema de Salud nacional como portador, para luego recibir el medicamento antirretroviral que le ayudará a controlar el virus y a prevenir la infección de otras personas, explicó Villalobos.
“En todos los sentidos, la prueba para determinar el VIH es fundamental para disminuir el impacto de la enfermedad a nivel nacional”, dijo el médico.
Cuando se detectó el mortal virus, en 1987, la prevalencia del VIH era de 0.66 afectados por cada 100 mil habitantes en Nicaragua. Sin embargo, la epidemia ha crecido tanto que la prevalencia ya alcanza las 7.64 personas por cada cien mil habitantes.
“Una cifra escalofriante que, sin duda, es mayor en la realidad”, dijo Villalobos.