Managua
12:27 pm
21.07.07
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Editorial
Castillos de arena

A juzgar por la forma en que el Gobierno ha venido manejando el caso de Arenas Bay, se puede prever que éste será “resuelto” en contra de las personas que denunciaron haber sido víctimas de extorsión por parte de individuos vinculados a las más altas esferas del poder político. O sea que lo más probable es que los denunciantes terminen perdiendo su fuerte inversión en el proyecto turístico de Arenas Bay, y además, que el diputado opositor Alejandro Bolaños Davis, quien formó parte de la denuncia, pierda incluso la diputación que obtuvo mediante el voto popular en las elecciones del año pasado.

El caso de Arenas Bay no hay que verlo como un hecho aislado, sino como parte de un entramado de corrupción institucionalizada y como una muestra de que la corrupción es un vicio gubernamental que no se da sólo en los gobiernos de derecha, sino también en el de izquierda y al más alto nivel.

Ciertamente, el mensaje que con el caso de Arenas Bay se está enviando a los inversionistas extranjeros interesados en el potencial que ofrece Nicaragua para desarrollar toda clase de proyectos y particularmente en el sector turismo, es el de que si invierten aquí es muy probable que algunas personas con poder e influencia política les cobren coimas y los extorsionen. Y que quien se atreva a denunciarlas, sufrirá drásticas represalias y cuando menos se arriesgará a perder la totalidad o parte del dinero que invierta en Nicaragua.

Al respecto es importante tomar nota de que antes de que ocurriera el escándalo por el caso de Arenas Bay, Nicaragua estaba ocupando el lugar número 89 en el Índice de Competitividad en Viajes y Turismo. Ese lugar era ya el más bajo en Centroamérica, pues Costa Rica estaba en el 41, Panamá en el 55, Guatemala en el 69, El Salvador en el 77 y Honduras en el sitio número 87. Y ahora, después del caso de Arenas Bay y otros parecidos que están saliendo a luz pública, ¿hasta qué lugar caerá Nicaragua en el Índice de Competitividad de Viajes y Turismo?

Este Índice que fue establecido por el Foro Económico Mundial y dado a conocer en marzo de este año, “toma en cuenta una serie de variables como políticas públicas y regulaciones, seguridad, salud e higiene, prioridad de la actividad turística, aérea y de rutas; capital humano, competitividad de los precios internos, recursos culturales y naturales, e infraestructura de comunicaciones”, según se informó en el sitio electrónico de dicha institución.

La importancia de este Índice, explicó Marco Balerezo, funcionario para Iberoamérica de la Organización Mundial de Turismo (OMT) que fue citado por el columnista internacional Andrés Oppenheimer, radica en que “podría ayudar a poner más atención en algunas debilidades de la región (latinoamericana), tales como la poca atención de los gobiernos a la industria turística y la falta de innovación”.

En relación con esto hay que agregar que el Foro Económico Mundial ha reportado que “salvo la República Dominicana, Jamaica y Barbados, que están entre los países cuyos gobiernos invierten más en la industria turística, la mayoría de los otros países de la región gastan menos en turismo que sus competidores europeos y africanos”. Y añade la información de que mientras Suiza invierte en fomento del turismo el 7.5 por ciento de su PIB, España el 6.1 por ciento y Kenya el 6.9 por ciento, en Latinoamérica México invierte el 4.8 por ciento, Chile el 4.1 por ciento, Brasil el 2.8 por ciento, Perú el 2.7 por ciento, la Argentina el 2.4 por ciento y Colombia únicamente el 2 por ciento.

A Nicaragua no se le toma en cuenta para esta última información, porque aquí ni siquiera hay una política de Estado para el turismo, mucho menos que haya inversión pública para impulsar su desarrollo y aprovechar su enorme potencial. En realidad, de la única política de Estado en relación con la inversión turística de la que se puede hablar en Nicaragua, es de la política de la corrupción institucionalizada, de la extorsión por la exigencia de coimas y de la utilización del poder del Estado para castigar a quienes las denuncian. De modo que invertir en Nicaragua y sobre todo en el sector turismo, viene a ser prácticamente como construir castillos de arena.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda