Hace más de 45 días concluyó la demolición de la fuente musical que se ubicaba frente a la antigua Catedral de Managua, pero todavía el Gobierno no termina de cancelar el alquiler de las máquinarias utilizadas para ese trabajo.
La demolición de la fuente fue realizada por una batería de equipos pesados, que inesperadamente empezaron a remover la estructura donde hasta hace algunos meses salían chorros de agua al ritmo de la música y un juego de coloridas luces.
La llamada fuente musical había sido construida en 1999, a finales del período presidencial de Arnoldo Alemán Lacayo, quien fue condenado a 20 años de prisión por corrupción.
De los equipos que participaron en esa destrucción habían dos del empresario Pablo Emilio Espinoza Alfaro, quien ayer manifestó que sus máquinas: un tractor y un cargador frontal, trabajaron por casi setenta horas en el movimiento de tierra.
No obstante, expresó que a pesar de que el trabajo concluyó hace más de 45 días, la persona que los contrató todavía no cancela el trabajo realizado.
Espinoza Alfaro es propietario de una empresa de transporte y de equipos pesados desde el año 1977, y sus oficinas se encuentran ubicadas en el kilómetro 12 de la Carretera Vieja a León.
Dijo que cuando sus máquinas participaron en la demolición de la fuente, él se encontraba en Costa Rica en una gira de trabajo y que estando allá se enteró, a través de internet, del hecho y de las múltiples críticas de inconformidad de los políticos y la población de Managua.
Incluso, se sorprendió cuando en una de las noticias que publicó LA PRENSA sobre el caso, descubrió la fotografía de uno de sus equipos.
Ante las críticas de la población, funcionarios del Gobierno dijeron en algún momento que la demolición era costeada por algunos empresarios sandinistas que se habían ofrecido para realizar ese trabajo.
Por esa razón, se pensó en un primer momento que las maquinarias usadas en el movimiento de tierra pertenecían a esos empresarios.
No obstante, Espinoza Alfaro aseguró no tener preferencia partidaria por ninguna organización política y que tampoco es sandinista.
“Mi partido es el trabajo. Somos Espinoza Alfaro. Si no trabajamos no comemos”, indicó.
También comentó que cuando sus amigos miraron en LA PRENSA que sus maquinarias habían participado en la destrucción de la fuente, le dieron a enmarcar la fotografía que ilustró aquella nota informativa y como pie de foto le escribieron “Sapo”.
La bandicencia de sus amigos aún le causa risa, no sólo por el sobrenombre, sino también por el “color” de sandinista que dice le ha quedado y la incertidumbre por el pago que continúa esperando.
El empresario señaló que participó en la demolición de la fuente motivado únicamente por el arreglo que su hijo, Arlen Espinoza, había realizado con un contratista identificado como Óscar Mayorga, quien prometió pagar a 65 dólares la hora.
“Todavía me debe un poco más de 3 mil dólares. Lo he llamado por teléfono para que cancele la deuda, pero me dice que a él todavía no le han cancelado”, indicó con buen humor.
Dijo que cuando alquilaron los equipos ni siquiera sabían dónde iban a trabajar y que los operadores recibieron las orientaciones hasta que se encontraban junto a la fuente.
“Yo no me daba cuenta de nada, porque en ese momento estaba en Costa Rica, y ahí miré por la internet y dije: ¡Ideay! ¡Qué es esto! LA PRENSA me saca”, recordó.
RECHAZA VÍNCULOS CON CIERRE DE ARENESA
A Espinoza Alfaro lo mencionan en un problema que existe en Nejapa por el cierre indirecto de la empresa arenera Arenesa, realizado por funcionarios del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena), y la Policía Nacional.
Alejandro Chávez, encargado de esa empresa, dejó implícito en una denuncia que realizó ante LA PRENSA, que Espinoza Alfaro tenía alguna relación con ese asunto.
No obstante, el aludido aseguró no tener ningún interés en ese problema y señaló que posiblemente lo estén vinculando en el caso porque él tiene en alquiler varios de sus equipos en una arenera que está contiguo a la empresa perjudicada por el cierre del Marena.
“Mi empresa es de servicio y yo vivo de ese negocio. A mí no me interesa si el que me contrata pertenece o no a algún partido político o si tiene algún inconveniente con alguna persona”, indicó.