Payasos, malabaristas, tigres y camellos ofrecieron el martes de esta semana un espectáculo en la Plaza Central de la capital, para agradecer al presidente Óscar Berger el veto a una ley que habría permitido presentarse libremente a circos mexicanos en todo el país, una competencia que no podrían enfrentar según los empresarios circenses.
“Trajimos a los tigres y los malabaristas para agradecerle al Presidente. Esa ley sólo hubiera beneficiado al magnate mexicano Gustavo Fuentes Gasca”, dijo a la AP, Janú López, uno de los propietarios del Circo Rey Gitano, de los hermanos López.
La llegada de empresas mexicanas, en particular la de los Fuentes Gasca, preocupa a los empresarios locales. “Es una corporación de 33 circos, imagínese, si tienen 250 elefantes, cómo voy a competir yo con eso”, se lamenta López.
El Rey Gitano es uno de los circos más grandes de Guatemala. Sin embargo, no es representativo de las penurias de los más pequeños espectáculos que recorren este país .
Los circos guatemaltecos, con sus remendadas carpas, famélicos tigres y payasos que han contado los mismos chistes durante décadas, hicieron las delicias de varias generaciones de niños. Pero ahora con la competencia de los espectáculos mexicanos, muchas de estas pequeñas empresas familiares están por desaparecer.
“Yo pronto voy a quebrar, definitivamente. Eso, o emigrar a otro país”, dijo a la AP el propietario del Circo Chinaka International, Erick Ponce, bajo cuya carpa se presentan dos familias de cirqueros, tres avestruces, un mono y un mapache.
La reforma legal que vetó el mandatario fue planteada por el diputado opositor Marvin García Buenafé, que afirmó que su intención es permitir que los guatemaltecos tengan acceso a mejores espectáculos con instalaciones más modernas.
“Conmigo no iban a competir esos grandes circos mexicanos, pero esto es una cadenita. Ellos desplazan a los grandes, los grandes compiten con los medianos y a mí, que soy más pequeño, me sacan de la competencia”, comentó Ponce, trapecista y payaso.
El Chinaka se presenta en localidades rurales. Subsiste por los bajos precios que cobra y porque organiza funciones para escolares, de las que el director de la escuela recibe una comisión. Sin embargo, a 75 centavos de dólar la admisión por niño, es poco lo que queda para el director y para el circo.