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Utilitarismo presidencial

En su discurso ante la Asamblea Nacional de Venezuela luego de ganar su tercer período presidencial (2007-2013), el teniente coronel Hugo Chávez atribuyó a Simón Bolívar una frase de Jeremías Bentham, fundador de la escuela filosófica utilitaria: “El mejor gobierno es el que le da mayor felicidad a la gente”. Chávez estaba ofreciendo un gobierno que daría felicidad a la mayoría de los venezolanos, pero en la práctica privilegia a sus partidarios y hace la guerra a quienes se oponen a su gestión. Así que el gobierno de Chávez será el mejor sólo para quienes le sean fieles y guarden silencio ante su autoritarismo.

El presidente Daniel Ortega está aplicando el mismo utilitarismo de Chávez para gobernar en Nicaragua y se propone dar mayor felicidad a “su gente”, es decir, a los 900 mil danielistas que votaron por él en las pasadas elecciones. A Ortega no le interesa quedar bien con el 62 por ciento de la población que votó en su contra. Para él toda esa gente que representa la mayoría de la nación, es “oligarca de derecha”.

En realidad, el utilitarismo del presidente Ortega no es nuevo. Cuando Arnoldo Alemán le era útil, hizo un pacto con él y le quitó el dominio del Poder Electoral, el Poder Judicial y el Poder Ejecutivo. Su programa de gobierno es esencialmente utilitarista. La vaca, la cerda, las gallinas y las semillas del programa Hambre Cero —que será financiado no con recursos personales de Daniel Ortega sino con dinero de la nación— son para favorecer a campesinos necesitados de ayuda y después pedirles su voto en las elecciones municipales y en las próximas presidenciales.

Los Consejos de Participación Ciudadana han sido concebidos para fomentar el danielismo. Cualquier beneficio que llegue a los barrios y comunidades tendrá que contar necesariamente con el visto bueno de los secretarios políticos del FSLN que dirigen los Consejos, a los cuales algunos ciudadanos llaman “Comités de Defensa Danielistas”. La reconciliación que promovió en su campaña electoral y que sirve como eslogan a su gobierno, se refiere —como expresó sin tapujos uno de los ministros del actual presidente— a un reencuentro entre sandinistas danielistas únicamente.

El Movimiento Renovador Sandinista (MRS) —el cual dejó básicamente sin cerebro al danielismo—, está descartado de esta reconciliación. Ortega no perdonará jamás la “insolencia” de estos dirigentes sandinistas que se atrevieron a disentir. Entonces, la reconciliación a la que se refería Ortega tiene que ver con las facciones de su partido y la razón detrás de la búsqueda de esta “reconciliación”, es también utilitaria. Si el sandinismo sigue fraccionándose, habrá al menos tres tendencias, cada una de las cuales presentará a su propio candidato presidencial y así Ortega o el candidato que goce de su bendición, no podrá ganar la Presidencia.

Está claro, pues, que al final del gobierno de Daniel Ortega habrá danielistas felices, pero eso no significa que los problemas que enfrenta Nicaragua como nación se habrán resuelto. No quiere decir, por ejemplo, que la producción y las exportaciones habrán crecido o que el país tendrá un mayor volumen de inversión extranjera y un menor índice de desempleo. No quiere decir que el hambre y la pobreza habrán disminuido. Sólo significa que habrá danielistas más gordos y felices, dispuestos a volver a dar su voto.

El utilitarismo —como casi todas las filosofías— tiene su lado positivo. Sin embargo, aplicado sin ningún escrúpulo resulta profundamente inmoral porque el mandato ético de todo gobierno es procurar el bienestar de toda la nación, no sólo de un grupo de electores. Lo cierto es que la mayoría de nicaragüenses no está feliz con la gestión de Daniel Ortega. La última encuesta de la firma Cid Gallup realizada entre el 5 y el 12 de junio, indicó que su popularidad se precipitó 60 puntos en cuatro meses. La ciudadanía expresa zozobra, inseguridad, temor todo lo cual es contrario a la felicidad que se supone un “mejor gobierno” debe dar a sus ciudadanos.

Ortega perdió la buena opinión, incluso, entre sus mismos partidarios. Él lo sabe. Por lo tanto, es de esperar que arrecie sus esfuerzos utilitaristas, única manera de garantizar la fidelidad que le queda.

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