Hospitalidad, paisaje exuberante y arte se fusionan para hacer de La Granja de San Ildefonso uno de los lugares con mayor encanto de la geografía ibérica, tanto así, que fue elegida por los primeros reyes borbónicos en España para construir su residencia de verano.
Este pueblo, de cinco mil habitantes generalmente llamado La Granja, debe su nombre a una fundación religiosa, según la guía práctica de Estanislao Maestre.
En 1450 el rey Enrique IV, devoto ferviente del glorioso arzobispo San Ildefonso, quiso dedicarle un homenaje perpetuo erigiéndole una ermita y colocándole su nombre al pueblo.
EL PALACIO REAL
Al entrar al pueblo es recomendable estacionar el vehículo, ya que en el lugar hay un reducido tráfico vehicular.
Después hay que dirigirse hasta el centro del pueblo, donde se encontrará un camino lleno de árboles gigantescos y centenarios que le guiará a las puertas del inmenso Palacio Real.
El monumento arquitectónico fue edificado por orden del rey Felipe V para su residencia de verano en el siglo XVIII, ya instaurada en España la dinastía de los Borbones. El Palacio Real es innovador en la estructura arquitectónica y decorativa, acude a las modas francesas e italianas proporcionándole grandiosos elementos decorativos y paisajísticos.
Otro elemento interesante del Palacio Real es la Colegiata, una pequeña catedral de bella cúpula y airosas torres.
Cerca de la Colegiata está el museo de Tapices, donde abundan las obras de talleres franceses y flamencas, desde los siglos XVI en adelante.
LOS JARDINES Y FUENTES REALES
Cuenta la historia que una vez instalado en el Palacio Real, el rey Felipe V, que procedía de Francia, tuvo melancolía por los Jardines de Versailles, y desde ese día nació la idea de construir un jardín similar frente a su palacio. El proyecto de Los Jardines duró 60 años, cuando el Rey ya no ocupaba el trono de España.
Una vez envuelto por la belleza del interior del Palacio Real puede realizar una caminata en los jardines llenos de gigantescas fuentes.
No es tarea fácil describir las impresiones recibidas al contemplar la maravillosa fusión de la naturaleza bravía con el arte exquisito del arquitecto, los escultores y jardineros, que tan acertadamente interpretaron la genial idea del rey Felipe V.
Los Jardines parecen sacados de cuentos de hadas, están adornados con fuentes monumentales llenos de temática mitológica. A la par de ellos hay grandes avenidas que están adornadas de un interminable bosque lleno de robles, pinos y otros especímenes.
“Es gigantesco”, exclamó Hermes Juárez, un turista de nacionalidad belga, cuando recorrió los seis kilómetros que miden Los Jardines.
En el recorrido por las fuentes se pueden observar esculturas de ninfas, tritones, de cupido o neptuno, etc., pero particularmente bella es la Gran Cascada, el Baño de Diana y la Fama, éstas con un surtidor de agua que se eleva hasta 40 metros de altura.
LA REAL FÁBRICA DE CRISTALES
En La Granja de San Ildefonso destacan entre sus monumentos la Real Fábrica de Cristales, construida en 1727 con la llegada de los borbones. Esta fábrica de vidrio es importante porque de sus hornos salieron las piezas que sirvieron para dar forma, entre muchas otras cosas, a algunas de las más bellas lámparas y piezas de cristales de lujosos palacios de la época.
La Fábrica de Cristales es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura industrial europea del siglo XVIII, es un edificio neoclásico, que forma un conjunto unitario donde se mezclaban las distintas actividades de la fabricación del vidrio y las viviendas de los artesanos.
DELEITE GASTRONÓMICO
Los Judiones, una especie de judía verde gigante, es la comida más típica de La Granja y se encuentra en la mayoría de los restaurantes del pueblo. Este plato lo sirven en sopa con abundantes orejas y patas de cerdo joven acompañado de un exquisito vino a un costo equivalente a 120 córdobas.