Managua
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19.07.07
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Noticias >> Entrevista
“La actitud hace la diferencia”
Primera comisionada Aminta Granera Sacasa, Directora de la Policía Nacional
Aminta Elena Granera Sacasa asegura haber cumplido su tarea moralizadora de las fuerzas policiales, tal y como se lo propuso hace un año. El siguiente reto es mejorar la atención a la ciudadanía en las delegaciones policiales y conseguir los recursos suficientes para incorporar a 760 nuevos agentes y luchar para dar seguridad a la población del país
Nohelia González Valdivia
nacionales@laprensa.com.ni

Hace un año, el entonces presidente Enrique Bolaños designó a Aminta Elena Granera Sacasa como Directora de la Policía Nacional, en sustitución de Edwin Cordero. Granera se enfrentaba al reto de levantar la imagen institucional de la Policía, frente a la población, desacreditada por actos de corrupción. A un año de su designación la hoy Primera Comisionada responde satisfecha que su cruzada moralizadora dio frutos y que el cuerpo policial volvió a sentir orgullo al portar el uniforme.

En entrevista con LA PRENSA, Granera dice que le rinde “el charro” a los miembros de la Policía Nacional “y me siento orgullosa de ser su jefa”. Destaca los logros, reconoce las fallas en la atención al público, que es a su juicio donde “nos chima el zapato”.

La Policía Nacional tiene la actitud de servicio, faltan recursos. Este año el presupuesto es de 924 millones de córdobas, las necesidades para el próximo son 1,629 millones, que incluye el ingreso de 760 policías nuevos. Para ello gestionan ante el Gobierno y la cooperación externa.

La jefa policial, de 55 años, fue denominada por una publicación guatemalteca como “El azote del narco”. Ella sonríe y dice que aunque ha tenido instantes de angustia tras las amenazas del narcotráfico a ella y a su familia, no ha pensado en renunciar a su trabajo.

Granera defiende a capa y espada el profesionalismo y el carácter apolítico de la institución. “Mientras esté al frente de la institución policial, mi filiación partidaria será la Policía Nacional”.

Hace diez meses el entonces presidente Enrique Bolaños sacó al país de la incertidumbre sobre quién iba a suceder a Edwin Cordero al frente de la Policía y decidió nombrarla a usted. ¿Cómo vivió ese instante?

Bueno, como vos decís, se mantuvo un hermetismo hasta el último momento. Es cierto que tenía ilusión de ser designada y llegar al culmen de la carrera policial, pero hubo tanto suspenso con la designación, que hace un año cuando íbamos a la Presidencia yo pensaba que no iba a ser yo. Decía: ‘es imposible llegar a que nos lo diga ahorita, seguramente ya se lo dijo a quien va a ser y nos dicen que no saben. Me costaba creer que realmente nos íbamos a enterar minutos antes de la conferencia de prensa, y yo ya estaba preparada para irme a la casa y soñando con sembrar rosas amarillas.

Tanto es así que cuando el presidente Bolaños nos dice en su oficina que después de pensarlo mucho y, recuerdo sus palabras, y de escuchar el clamor popular, he decidido que la próxima jefa de la Policía sea Aminta Granera, lo que sentí fue un susto enorme, porque en ese momento como que realizas lo que está detrás del nombramiento y cuando bajamos a la conferencia de prensa yo recuerdo que me decía la gente, pero si usted venía pálida, y creo que sí que estaba pálida y me sentía como que el mundo me había caído encima, porque en ese momento me di cuenta de la responsabilidad enorme que tenía en mis manos y el trabajo que a partir de septiembre tenía que empezar a realizar.

¿Qué significa que el mundo le cayó encima, que en ese momento lo veía demasiado difícil o que por las circunstancias en las que asumía, el mundo le caía encima?

Un poco de todo. Creo que esto es difícil. Ser Director de la Policía es una responsabilidad enorme, es una institución que atraviesa transversalmente la vida de Nicaragua como nación y a Nicaragua como pueblo, no hay aspectos casi en los que no tengamos que ver, y esto es un peso. Luego las circunstancias también creo que me asustaron en ese momento, yo no sabía con quiénes me tocaría compartir esta responsabilidad, no sabía si el presidente Bolaños iba a aceptar la propuesta que yo presentaría. Era un momento lleno de incertidumbre. Tenía más incertidumbres que certezas y quizá la certeza que tenía era la magnitud de la responsabilidad y el trabajo que tenía que realizar.

Usted asumió una institución hace ocho meses con mucho desprestigio, en el sentido que la imagen de corrupción era muy marcada. Usted entró barriendo la casa y envió a varios fuera. ¿Se ha eliminado la corrupción realmente?

No. La corrupción en la Policía se va a eliminar totalmente el día que se elimine totalmente en la sociedad, la corrupción es una moneda de dos caras, porque tan corrupto es el policía que acepta la mordida como el ciudadano que la ofrece para evadir la ley. Yo no puedo decir que se ha eliminado, pero sí puedo decirte que la corrupción nunca ha estado institucionalizada en la Policía Nacional. No ha sido nunca una política institucional y esto marca la diferencia con otros cuerpos policiales de la región. En este año hemos hecho esfuerzos muy grandes. En la primera reunión del Consejo Nacional, en Montelimar, pusimos las reglas del juego sobre la mesa, se trazó la línea. Creo que cuando te marcan la ruta es más fácil seguirla.

Se ha visto mucho énfasis en eso. Se descubre que si un miembro de la institución comete un acto de corrupción se le retira, pero se cuestiona que son retiros administrativos y no se procesa judicialmente a nadie. ¿Cómo responde a ese cuestionamiento?

Uno de los asuntos más difíciles de probar es el asunto de las coimas, mientras aquí no venga alguien y me diga efectivamente, yo le di a tal compañero o compañera equis cantidad de dinero y aquí está el servicio a cambio que me dio, es bien difícil de probar. Hemos actuado conforme a las evidencias que en cada momento hemos ido teniendo (...) No hemos llegado más allá porque no tenemos las pruebas que nos permitan tomar otro tipo de medidas.

¿Cuando ingresó a la Policía habló de moralizar al cuerpo policial, era una cruzada que se propuso. Cree que lo ha logrado?, ¿los miembros de esta institución están orgullosos de portar el uniforme?

Yo creo que sí y para mí este es el logro más importante de este primer año. Se siente. Vos llegás a cualquier unidad de Policía y el amor con que están trabajando, el coraje con el que trabajan, como los ves trabajando desvelados, con las uñas y el orgullo de la camisa, el amor al uniforme, lo sentís. Y bueno, esto ha sido reconocido a nivel nacional e internacional.

El IEEP publicó una encuesta sobre seguridad pública, en el que se destaca el esfuerzo de la Policía por combatir al crimen organizado, sin embargo la población señala que aún hace falta trabajar más en el tema de pandillas, robos, coimas. ¿Qué ha pasado?, ¿esta policía se ha enfocado en temas macros, dejando al de la calle desprotegido?

Yo creo que sí responde a una realidad, pero no es que la Policía se haya enfocado en los temas macros, sino que es un conjunto de elementos, en primer lugar nos marcamos prioridades y vos señalabas la primera, este año teníamos que moralizar a las fuerzas, dejar claras las reglas del juego en relación a la corrupción, y teníamos que demostrar nuestra fortaleza y la capacidad de reacción de la Policía ante los delitos priorizados.

Y es en este sentido, si yo tuviera que calificar a la Policía y uno de los aspectos es el trabajo contra el crimen organizado, el trabajo de inteligencia y de los casos relevantes, yo te digo nosotros tenemos un cien, desde el punto de vista policial. Quisiera hacer reconocimiento especial al aparato de inteligencia de la Policía Nacional. Creo que es el mejor de Centroamérica y para mí uno de los mejores de América Latina.

También tenemos otro aspecto que es la presencia de la Policía en la calle. Aquí también tenemos logros este año. Hay una mayor presencia de la Policía en la calle, pueden ver a la Policía en los principales puntos rojos de Managua, la presencia en los semáforos regulando el tráfico, está la Policía en las carreteras, motos, vehículos, se ve la presencia en las calles, si bien tenemos que hacer un esfuerzo todavía mayor, yo les decía a los compañeros del Consejo, estamos arriba del 90.

Hay un tercer aspecto que es la relación de la Policía con la comunidad. Aquí estamos como en un ochenta, tenemos que replantearnos el trabajo con la comunidad, ser capaces de percibir las demandas de seguridad de la gente y responder a esas demandas y en esto tenemos que hacer un esfuerzo mayor. Estamos redefiniendo todo el papel del jefe de sector, el papel de los comités de prevención del delito, cómo tenemos que involucrar a la comunidad en la resolución de los problemas de seguridad, porque la delincuencia es un hecho eminentemente social que no podemos pretender que lo resuelva la Policía a través de actuaciones policiales, preventivas o represivas. El delito es un hecho eminentemente social que debe ser resuelto por la sociedad en su conjunto, por el Estado en su conjunto, por políticas públicas de los poderes del Estado y de la sociedad civil.

El aspecto donde estamos fallando más, donde nos chima el zapato es la atención en las delegaciones de Policía y yo ahí te pondría un 70 siendo generosa tal vez. El lado bueno es que según nuestras estadísticas, más del 85 por ciento de esas personas que llegan son por delitos menores. Es el lado bueno, porque te demuestra que el nivel de peligrosidad del delito en Nicaragua es muy bajo en comparación con otros países de la región. El malo es para nosotros porque es la demanda inmensa de cosas pequeñas que a veces es más difícil darle respuesta. Estamos sobrepasados, somos diez mil incluyendo a los administrativos. Si nosotros trabajásemos sólo las ocho horas que establece el código laboral, Nicaragua estaría manos arriba ante la delincuencia.

Y te voy a poner un ejemplo simple, en la década de los ochenta cuando se construyeron las delegaciones de Policía, cuando teníamos un promedio de 20 mil denuncias al año y doce mil policías. Ahora hemos ido creciendo, pero todavía no llegamos a ser el número de policías que éramos en el noventa, somos diez mil y las denuncias son 120 mil anuales y las estructuras físicas están desbordadas. Estamos desbordados por una situación que demanda más recursos económicos y más recursos humanos. Pero esta Policía es un lujo, los niveles de seguridad son un lujo. Y ya estamos trabajando y va a ser la prioridad en este segundo año ese talón de Aquiles, y poder subir de una calificación de 70 a 80 en el próximo año.

Para contribuir a subir los niveles de atención a la población, la institución inició un diagnóstico sobre la atención en las delegaciones, los servicios más demandados y la percepción ciudadana. Aunado a esto, un equipo de especialistas trabaja en un plan dirigido a mejorar la actitud de los policías. “La actitud hace la diferencia entre el éxito y el fracaso”, dice Granera.

¿Aminta Granera se ha atemorizado ante una amenaza real que constituye el crimen organizado?

Mirá, yo te diría que la Policía Nacional no se ha atemorizado, que estamos demostrando con hechos y no con palabras que somos consecuentes con ese compromiso inicial de combatir el crimen organizado en todas sus manifestaciones.

Como ser humano, en algunos momentos tal vez hay instantes de angustia, pero son eso, instantes, que te hace reaccionar el mismo compromiso y la actividad en que estás.

La realidad política ha cambiado y ahora el FSLN está en el poder. La Policía Nacional se ha profesionalizado. ¿Logrará usted que esa institucionalidad y apartidismo prevalezcan?

Tenemos 28 años de existencia y hoy somos la síntesis de lo mejor de nuestros orígenes, que son esos valores y esa mística que nos hizo vestir este uniforme, con la certeza de hacer una Policía institucional, profesional y apegada a la ley, que como lo dice la Constitución, es un cuerpo apartidista, apolítico, obediente y no deliberante.

Aminta Granera se formó en la lucha insurreccional. ¿Sigue siendo revolucionaria?

La revolución fue una experiencia totalizante que a nuestra generación le tocó el corazón, el alma, la vida entera. Creo que esta experiencia te marca para siempre.

Si ser revolucionaria es soñar, es creer que es posible y es trabajar para construir un mundo mas humano y más justo, sí, sigo siendo revolucionaria.

Si ser revolucionaria es estar convencida de que la Policía Nacional debe trabajar desde la comunidad, por la comunidad y para la comunidad, sí sigo siendo revolucionaria.

Si ser revolucionaria es creer que es posible ser cada día un poquito mejor, sí sigo siendo revolucionaria.

Ahora, mi filiación político-partidaria, me la reservo. Pienso que como Directora de la Policía Nacional tengo la obligación de expresarla únicamente en las urnas electorales, mediante mi voto secreto. Mientras esté al frente de la institución policial, mi filiación partidaria será la Policía Nacional y dedicaré todos mis esfuerzos y todas mis energías, para garantizarle la seguridad a todos los y las nicaragüenses.

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