Asueto nacional. Así marca el calendario el 19 de julio, en celebración por el derrocamiento de la dictadura somocista en 1979, pero, para algunos protagonistas, esa fecha también significó el inicio de otra dictadura
¿Valió la pena el sacrificio de los casi 35 mil muertos, 110 mil heridos y los 40 mil niños huérfanos que dejó la guerra de insurrección de 19 79? La respuesta es subjetiva, pero gran parte de quienes se involucraron a fondo en esta lucha por la libertad del país aceptan que los hechos posteriores a ese 19 de julio no correspondieron a los motivos por los cuales pelearon. Aquella idea romántica de justicia social, libertad, igualdad y democracia fue borrada de un plumazo pocos meses después de esa gigantesca concentración en la plaza, que hoy se llena, en su mayoría, por personas que ni siquiera tenían uso de razón o ni habían nacido en esa época.
La revolución sandinista, como varios de sus impulsores aceptan, encaja casi perfectamente en aquella fábula que llevó a la fama al británico George Orwell, Rebelión en la Granja; aquella donde se relata cómo los animales de la granja Manor se revelan ante su amo, el señor Jones, quien se caracterizaba por maltratar a sus animales. Las bestias son lideradas por un clan de jóvenes cerdos, los más inteligentes, quienes luego de su rebelión imponen al resto de los animales una serie de mandamientos que obligan a “nunca” hacer cosas de humanos, tales como caminar en dos extremidades, dormir en camas, usar ropa, etc. Luego que los cerdos saborearan las delicias del poder, el poder sobre la rica granja Manor, hicieron justamente lo contrario a lo que promovieron: empezaron a caminar en dos patas, usaron ropa, se adueñaron de la casa abandonada del señor Jones y se deshicieron de aquellos animales que osaron señalar sus errores y cuestionarlos.
En 1979 una granja llamada Nicaragua fue liberada de una dictadura de maltratos al estilo del señor Jones. Los jóvenes revolucionarios que lideraron la lucha, al igual que los jóvenes cerdos, terminaron imitando las acciones del derrotado dictador que habían sacado del país.
“Fue una revolución que resucitó al somocismo. Yo participé en el operativo Muerte al Somocismo, (la toma del Palacio Nacional) y todo este pueblo mató al somocismo, pero el Frente lo resucitó con los errores del ochenta, le dieron respiración boca a boca, resucitaron al somocismo”, expresa 28 años después de estar en el campo de batalla Edén Pastora, el “Comandante Cero”, quien luego de pelear hombro a hombro con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), formó la Alianza Revolucionaria Democrática (Arde), en la guerra de la contrarrevolución.
Cuenta Pastora que su separación de ese partido, y del gobierno revolucionario, se dio porque vio que a lo interno del Frente sucedieron una serie de “cosas” que no le parecieron y que atentaban contra aquellos ideales que lo motivaron lanzarse a la lucha revolucionaria.
“El gobierno empezó a hacer cosas como no permitir el pluralismo político, reprimir la libertad de prensa, violar los derechos humanos, el verticalismo, el alineamiento a Cuba y la Unión Soviética, querer hacer en Nicaragua igual a lo que lo que había hecho Fidel (Castro) en Cuba”, dice.
El “Comandante Cero” cuenta además que se dio cuenta que el gobierno intervino algunas empresas “burguesas”, para favorecer a otras de la misma naturaleza. “Vi cómo la burguesía estaba aprovechándose de la revolución para sus luchas internas, empresariales, económicas, comerciales (…) Vi la cantidad de militares extranjeros que estaban viniendo, y eso es antisandinista, vi cómo nos hacíamos somocistas, como nos metíamos en las mansiones de los somocistas a vivir como somocistas, a comer como somocistas y a acostarnos con las mujeres somocistas. Vi la corrupción, la descomposición”, asevera el ex guerrillero.
LOS ABUSOS DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO
“(El general en retiro) Hugo Torres decía que la revolución se acabó en el noventa, yo sostuve que la revolución se acabó en los primeros meses de 1979”, expresa con firmeza Moisés Hassán Morales, quien fuera miembro de la Junta de Reconstrucción Nacional en el 79, tras el derrocamiento de Anastasio Somoza Debayle, junto a Daniel Ortega Saavedra, Sergio Ramírez, Violeta Barrios y Alfonso Robelo. Hassan fue posteriormente Alcalde de Managua (1985-1989).
El ex guerrillero relata que, al igual que Pastora, desde el inicio del gobierno sandinista se enteró de gran cantidad de abusos que atentaban contra los principios revolucionarios.
“Los altos funcionarios dirigentes del Frente y mucha gente detrás de ellos, unos cientos de personas, lo primero que hicieron fue caerle a las casas, y no eran a las casas de los guardias a las que les tuvieron hambre, sino que le cayeron a una cantidad de casas que eran de gente que llamaban con poca razón, en la mayoría de los casos, burgueses. Vi, por ejemplo, cómo Daniel Ortega se apodera de la casa supuestamente de Jaime Morales Carazo, digo supuestamente porque quién sabe si también era de él, y no solamente de eso, sino que se apodera de dos manzanas alrededor de esa, cierra calles, que me parece un abuso”, afirma.
“Todas esas cosas yo las vi desde el principio, más tarde vi otras cosas, desperdicios, abusos de los bienes, cultura del no trabajo, cultura del no pago”, agrega.
Para el escritor Sergio Ramírez, quien luego de pertenecer a la Junta de Reconstrucción Nacional se desempeñó como vicepresidente del gobierno revolucionario (1985-1990), el error más grande de los revolucionarios que estuvieron en el poder en los ochenta fue querer construir una realidad distinta en el país, sin tomar en cuenta el consenso.
“Y cuando digo no tomar en cuenta al consenso es haber llevado al país por el camino de una guerra que se libraba en nombre de todo el país, pero que no era una guerra de todo el país, como se demostró claramente, que se convirtió en una guerra civil. La Reforma Agraria fue un error fatal, de tal magnitud que llevó a engrosar las filas de la contrarrevolución, simplemente por poner la ideología por delante de la realidad”, explica.
“Yo creo que los dirigentes cometieron muchos errores, distanciarse de la gente, vivir en condiciones de exclusión, como yo he dicho, eso contradice el fervor revolucionario de los primeros tiempos, pero a mí me parece que la revolución sufrió un desgaste constante provocado no sólo por eso, sino principalmente por la lucha militar, el enfrentamiento constante, los muertos, los heridos, los mutilados de guerra, los inválidos, el peso del servicio militar(…)”, continúa el ex vicepresidente.
LOS MOTIVOS DEL FRACASO
Si bien es cierto que los protagonistas de la lucha revolucionaria aceptan con total claridad que aquellos que tuvieron el poder en ese período cometieron lo que llaman “errores”, los motivos de éstos aún se debaten entre varias teorías.
Para Edén Pastora, el gran pecado de los revolucionarios fue su escasa edad y falta de experiencia. “La corrupción se originó del hecho de que los muchachos, los jefes, los líderes, eran demasiado jóvenes y no supieron qué cosa era conciencia social y qué cosa era envidia. Y a veces me parece que eran más envidiosos que luchadores sociales, y que envidiaban al que tenía y en cuanto nosotros tuvimos oportunidad nos quedamos con todo lo de ellos”, dice.
Para él, esa juventud (la mayoría de los dirigentes rondaba los 30 años) fue casi sinónimo de inmadurez, lo cual, según afirma el “Comandante Cero”, se tradujo a envidia y el odio hacia los llamados somocistas.
Hassán Morales, que ya cuenta con 65 años, al ver hacia atrás, y analizar los motivos de los fallos cometidos en aquella época, se da cuenta que esta revolución no fue hecha por amor, sino por rebeldía, en la que esencialmente había sentimientos de rechazo hacia gente que vivía bien.
“Si ellos (los dirigentes del FSLN) hubieran sido guiados por ideales amor, democracia, hubieran actuado de otra manera. Cuando estuvieron en el poder dieron rienda suelta a sus deseos acumulados de tener cosas, de poseer bienes materiales que habían visto, habían anhelado, habían deseado, y además dar rienda suelta al malestar que tenían contra la gente que veían que poseía esos bienes, mientras que ellos no los tenían (…) Hubo gente que sí participó en la revolución porque quería cambiar el país, pero en el caso de estos dirigentes y muchos de los más cercanos a ellos, fue esencialmente por el deseo de tener los bienes materiales que nunca habían tenido, se volvieron locos”, insiste.
Ramírez explica que la percepción que le dio el actuar de sus compañeros de gobierno a inicios de los ochenta fue que había un afán hegemónico de llegar al poder, lo cual eliminó el pluralismo ideológico que había caracterizado al gobierno inicial. “Yo podría decir que éste es un gran error, pero éste es un error que no lo podemos ver aislado de un proyecto que pretendía la hegemonía total sobre el gobierno”, dice.
Ya en 1990, cuando Nicaragua tuvo la oportunidad de participar en nuevas elecciones presidenciales, sucedió lo mismo que en el final de Rebelión en la Granja, cuando los animales, asustados, observaron cómo los cerdos se entendían con los humanos, a tal punto que no podían diferenciar al uno del otro. Fue así como el 25 de febrero de ese año Nicaragua, con un 54.74 por ciento de los votos válidos, votos igual de certeros que las balas disparadas en 1979, en el derrocamiento de la dictadura somocista, el país dijo adiós a la década de la revolución sandinista.