El somocismo se caracterizó por haber sido una forma de gobierno autoritario, plagado de vicios, prácticas prebendarias y un culto permanente a la personalidad. El Partido Liberal Nacionalista (PLN) que le sirvió de vehículo, fue convertido en un partido familiar, un partido con dueño.
Ante la imposibilidad de lograr por medios pacíficos y racionales el cambio y la transición hacia la institucionalidad de un sistema democrático que el país necesitaba y la gente demandaba; objetivamente hablando, históricamente recordando e inobjetablemente aceptando, el planteamiento de la lucha político-militar impulsada y desarrollada por el Frente Sandinista para lograr liberar a Nicaragua de la dictadura, no solamente fue legítima sino que también fue absolutamente necesaria.
Gracias a la participación mayoritaria del pueblo nicaragüense y a la solidaridad internacional, se pudo terminar con la dictadura y dar inicio a una revolución que creó para los ciudadanos de este país y la comunidad internacional, esperanzas y grandes expectativas de que efectivamente todo iba a cambiar hacia algo mejor para todos. Y de manera especial, en lo personal yo así lo creía, se impulsaría una agenda social comprometida con la gente más empobrecida y que todo el accionar y gestión del nuevo gobierno se realizaría dentro de un marco de libertades, respeto y promoción de los derechos humanos y estableciendo de una vez por todas la institucionalidad de un sistema democrático.
Estos y otros principios y valores puestos en práctica, indudablemente habrían proyectado internacionalmente a la revolución, como un ejemplo a seguir y ser la luz para las soluciones del mundo oscuro de las dictaduras.
El Frente Sandinista tenía un compromiso histórico programático con el pueblo nicaragüense, sin embargo, cuando llegó al poder ese compromiso fue tan frágil que sucumbió y dio paso a los intereses personales y de poder, de parte de algunos de los dirigentes revolucionarios. Establecieron una nueva dictadura, se dedicaron a trabajar para ellos y al final se enriquecieron. Dice el poeta Ernesto Cardenal en su libro La Revolución Perdida, refiriéndose a algunos dirigentes sandinistas: “ahora son millonarios y en la revolución no había millonarios”.
No fueron estos dirigentes sandinistas, coherentes, consecuentes, ni tampoco tuvieron la decencia que decían representar, puesto que una vez que ocuparon un espacio de poder sufrieron una metamorfosis política, transformándose primero en las mismas figuras políticas tradicionales a las cuales habían combatido y luego encarnaron y comenzaron a practicar los mismos vicios del somocismo que decían repudiar; deslegitimando de esta manera su bandera histórica reivindicativa y perdiendo de vista su pensamiento y carácter estratégico, para reducirse en la actualidad a una organización de movimientos tácticos de corto plazo con sentido oportunista, excluyente y sectario, convirtiendo además a su vehículo político el partido FSLN, en una organización familiar y un partido con dueño, igual al que habían derrocado. Desplazaron y marginaron a combatientes y comandantes históricos, así como a miembros y militantes valiosos y capaces, que sí, evolucionaron en su pensamiento y actuar político.
Existen interrogantes que mayoritariamente el pueblo nicaragüense se plantea. ¿Qué se pretende celebrar todos los 19 de Julio? ¿Un aniversario más de una revolución perdida como la llama Ernesto Cardenal ? ¿O la posibilidad de una revolución que tuvo la oportunidad histórica de haber podido ser ejemplo y no fue? ¿Cuáles fueron los grandes logros de la revolución? Ciertamente habría que reconocer como único logro, la campaña nacional de alfebetización, que aunque con un claro sentido de manipulación política se hizo un gran esfuerzo y se consiguió reducir nuestro alto índice de analfabetismo.
Se celebran los éxitos, los aciertos, los buenos resultados y la satisfacción del deber cumplido. No se puede pretender seguir engañando y mintiendo con una demagogia disfrazada de pureza que no existe, para ganarse el aplauso de un sector del pueblo.
Desgraciadamente esta fecha no es, como dijera nuestro querido Rubén, “una festiva ocasión, ni de mágica emoción de esta patria palpitante” y porque cometieron, como dice don Octavio Paz, “ muchas iniquidades (maldades e injusticias ), con la misma tranquilidad de conciencia del fanático religioso que, con el pecho cubierto de escapularios, mata herejes y ajusticia paganos”.
Trataron de justificar todo en nombre de la revolución, al considerarse actores y fieles intérpretes de la historia y previamente absueltos por ella. Cometieron un gran error y la historia así deberá de consignarlo; obviaron la recomendación de gran contenido filosófico de su fundador y líder Carlos Fonseca, quien dijo, “ es mejor pecar de generoso, que de justiciero riguroso”.