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La saga de los inmigrantes europeos en Nicaragua
Emilio Álvarez Montalván
El autor es Presidente Honorario de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua

Siempre creí que la mejor alegoría del inmigrante es aquella gaviota que inmortalizó Jonathan Swift en su obra, “Juan Salvador Gaviota”. Se trata de una inquieta ave que abandona su bandada, para lanzarse a peligrosas aventuras, pretendiendo adquirir capacidades y explorar mundos desconocidos. Su objetivo era desafiar fuerzas poderosas, como huracanes y tormentas, para encumbrarse más alto y veloz, que sus camaradas de vuelo. Buscaba entrenamiento para lanzarse en picada sobre aquellas manchas de cardúmenes plateados, no sólo para capturar peces, sino por la emoción de conseguirlos.

En el caso del autor de la obra extraordinaria “Los inmigrantes en Nicaragua”, del autor Eddy Kühl Arauz, hijo de inmigrante, su motivación debió ser investigar la saga de la generación de sus abuelos alemanes. Ellos, como los de su época, rechazaron la situación que prevalecía en Europa de entonces: Guerras, pestes, hambrunas, desocupación masiva, etc., y tomaron la heroica decisión de “correr fortuna”, seguros que sus habilidades habrían de ser reconocidas.

Inició ahí Eddy Kühl una exhaustiva investigación de aquella aventura de sus ancestros, extendiéndola hasta abarcar un amplio y heterogéneo universo de inmigrantes que llegaron a Nicaragua desde antes del siglo XIX. Buscó pistas, revisó archivos, álbumes de familias, cartas familiares; árboles genealógicos, recortes de periódicos, listas de pasajeros, mapas y planos estructurales ,inclusive visitó el cementerio de extranjeros de Matagalpa y los archivos de la isla de Ellis en New York. De todo ese esfuerzo la investigación antropológica, resultó una obra de 4OO páginas, que catalogó como una Enciclopedia del fenómeno social de la inmigración en Nicaragua que empezaron a venir en oleadas desde mediados del siglo XIX y principios del XX. Ellos venían atraídos por las facilidades que otorgaban los gobiernos nicaragüenses a quienes se dedicasen al cultivo del café —que lograba precios muy favorables. Ese trasplante humano fue un éxito rotundo pues aconteció en el momento preciso para emprender una tarea fundamental para el desarrollo del país como fue la producción y exportación del grano de oro —como consecuencia se produjeron suficientes divisas que permitieron a los gobiernos conservadores construir ferrocarriles, tender líneas telegráficas y telefónicas, habilitar puertos y abrir caminos sin recurrir a préstamos internacionales. Se produjo así un cambio de la tradicional economía agraria a una agro-exportación que sentó las bases de un capitalismo nacional. El país era gobernado por presidentes progresistas, austeros y eficientes. Debió ser impresionante para Matagalpa disponer en poco tiempo de maestros forjadores de hierro y acero, ingenieros, hoteleros, químicos, periodistas, músicos, etc. Frenaban parte del grupo, maestros de cocina que enriquecieron el menú hogareño con raviolis, jamones, longanizas, salamis, kartofelsalat, milanesas, etc. Eran vectores de una transfusión cultural que evitaban ser absorbidos por una cultura cariñosa, no obstante lo inteligente de estos extranjeros fue su integración social casándose con damas de arraigo. Vinieron de todas partes; Inglaterra, Francia, España, Italia, Bélgica, Austria, Suiza, Alemania. La mayoría ubicados en el Norte del país.

Stadthagen, Hayn, Kühl, Gron, Frenzel, Haslam, Luedeking, Möeller, Jericó, Praslin, Vogel y otros en Carazo (Rappaccioli, Vaughan, Tefel Caligaris, etc.) aunque algunos cuantos se quedaron en Managua (Bunge, Bahlke, Knoepfflñer, Weelock, Frixiones , Bernheim, Tünnermann. En medio de este trasiego de etnias hubo tragedias como la de los inmigrantes daneses en 1927, ellos ingresaron a Nicaragua seducidos por anuncios en Copenhague, sin garantía de seguridad— La mayoría fueron masacrados sin piedad al afincarse en tierras propiedad de indígenas, dato que los inmigrantes ignoraban.

En la actualidad, Nicaragua, al contrario de siglos anteriores provee indetenibles corrientes migratorias descapitalizando al país de valiosos recursos humanos que ha costado mucho formarlos y que la necesidad les obliga a dejar su patria y a otros por no haber recibido la oportunidad de superarse. En todo caso, otro talento de los inmigrantes es que salvo excepciones no se metieron en política.

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