Un capataz de un horno de ladrillos en el norte de China, en el que los trabajadores eran golpeados y obligados a trabajar 18 horas al día, fue sentenciado el martes a cadena perpetua, y otro hombre fue condenado a muerte por asesinar a uno de los jornaleros.
El escándalo de mano de obra esclava estalló luego que centenares de padres se quejasen de que sus niños estaban siendo obligados a trabajar en hornos de ladrillos en las provincias centrales de Henan, Shanxi y Shaanxi.
Heng Tinghan, el capataz de un horno en el condado de Hongtong en Shanxi, fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua por cargos de lesión intencional y detención ilegal, dijo el vicepresidente del Tribunal Supremo de Shanxi, Liu Jimin, en una conferencia de prensa en la internet.
Heng, de 42 años, se había convertido en el principal villano en el escándalo después de que la prensa estatal reportó que un trabajador había muerto en el horno que él dirigía en Hongtong y presentase fotografías de trabajadores con la piel raspada y quemada.
Su horno esclavizaba a 34 trabajadores, incluyendo nueve con problemas mentales, dijo Liu. El tribunal conoció que, entre marzo del 2006 y mayo de este año, 19 trabajadores fueron heridos allí y uno murió.
Uno de los testaferros de Heng declaró en el juicio que los turnos de los trabajadores empezaban a las 5:00 de la mañana y duraban hasta las 11:00 de la noche, reportó la agencia noticiosa oficial Xinhua. La agencia dijo que Heng supervisaba a los trabajadores y ordenaba a sus subordinados que golpeasen a los “perezosos”.
Uno de los subordinados de Heng, Zhao Yanbing, fue sentenciado a muerte por matar a golpes a un trabajador identificado como Liu Bao. Xinhua dijo que Bao había admitido a la televisión que había matado con una pala a un hombre retrasado mental por no trabajar lo suficientemente rápido.