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Iglesia y Estado en Iberoamérica
Peter R. Bernal
El autor es periodista, comentarista internacional

El asunto es controversial y los fenómenos de confrontaciones entre Iglesia y Estado continúan siendo una realidad del presente, recordatorio del pasado y advertencia del futuro. Hay problemas por doquier, el derecho al aborto terapéutico es uno de muchos. Por ejemplo, en Ciudad de México (DF) concluyó un largo y acalorado debate sobre este tema y la reacción del clero no se hizo esperar. Pensar que la liberalización del aborto y los llamados derechos de los homosexuales desaparecerán de la agenda de un poderoso sector, sería un ejercicio de la imaginación. La tendencia generalizada no es hacia la prohibición del aborto y el mantenimiento de antiguas normas sino todo lo contrario. Pero estos asuntos provocarán la natural reacción de católicos y protestantes conservadores.

Por otra parte la política adoptada por el Gobierno actual de Venezuela, caracterizada por frecuentes críticas a la jerarquía católica por una serie de razones, nos plantea un caso sumamente interesante. El gobierno de Hugo Chávez ha hecho retroceder la situación Iglesia-Estado en Venezuela a los muy lejanos días del gobierno de Antonio Guzmán Blanco a fines del siglo XIX. En aquel entonces el Registro Civil y la secularización eran puntos de contención.

Los problemas Iglesia y Estado en nuestra Iberoamérica se hicieron claros durante las guerras de independencia, cuando un sector pro español del alto clero se opuso a varios intentos independentistas a pesar de que en algunas situaciones, como la de México, algunos de los caudillos eran sacerdotes. La independencia definitiva de este país se produjo sin embargo, en 1821, mediante una alianza de un sector conservador de separatistas mexicanos, con el sector más tradicionalista del clero preocupado entonces por el liberalismo de las cortes españolas en época de Fernando VII.

Pronto se enfrentó el gran tema: la separación de la Iglesia del Estado y el carácter exclusivo del catolicismo como religión. Esta no se produjo hasta la llegada al poder de los liberales, partidarios del modelo estadounidense de “Iglesia libre en Estado libre”. La libertad religiosa a los no católicos se produjo gradualmente: primero tolerancia, luego libertad de cultos, luego plena libertad religiosa. Por todo esto hubo que dar la batalla. El Concilio Vaticano II aceptó, en la década de 1960, la absoluta libertad de cultos y favoreció la separación de Iglesia y Estado, aunque ya esos asuntos eran realidad en casi todas partes.

¿Cuál es el problema ahora? Los que mencionamos ya: aborto, homosexualismo, secularización. Pero también la participación en la política. ¿Podrán los clérigos ser activos caudillos políticos como Morelos e Hidalgo en el México del siglo XIX? A fines de ese siglo y a principios del XX dos arzobispos ocuparon la Presidencia de la República Dominicana: Fernando Arturo de Meriño y Adolfo Alejandro Novel. Un obispo integró la Junta de Gobierno que reemplazó el primer gobierno de Joaquín Balaguer en 1961, recién terminada la era de Rafael Leonidas Trujillo, por mencionar algunos. La política del Vaticano es ahora clara: se acabó el tiempo de los cardenales Richelieu y Nazarino sirviendo como regentes en Francia.

Por otra parte la Iglesia católica ya no está sola. Al sur del Río Grande, entre el 15 y el 35 por ciento (según el país) son cristianos evangélicos activos, generalmente del sector considerado evangélicos conservadores en su teología, aunque no necesariamente conservadores en cuestiones políticas. En ese último asunto hay todo un abanico del pensamiento. En los Estados Unidos se identifica el movimiento evangélico conservador con los republicanos, aunque sólo el 70 por ciento de ellos vota por sus candidatos, mientras los protestantes de teología liberal votan demócrata o por republicanos moderados. La Coalición Cristiana y la desaparecida Mayoría Moral hicieron que evangélicos apostólicos se interesaran por las cosas públicas. Su más conocido líder fue el reverendo Jerry Falwell, fallecido hace poco. Nadie sabe qué pasará en las próximas elecciones del 2008, pero hay un precandidato mormón, aspirando como republicano. ¿Qué tal?

Las confrontaciones no han sido tan violentas en años recientes como en las décadas de 1920 ó 1930 en México. Los gobiernos revolucionarios (tipo PRI) enfrentados a los “cristeros” de tradicionalismo católico, creyentes religiosos con las armas en la mano, opuestos a la secularización y al limitado espacio que se le concedía a la Iglesia. Todavía en el interior de México hay luchas entre católicos y protestantes, aunque a nivel nacional las iglesias conversan y se entienden, al menos hasta cierto punto. Pero hablamos de católicos y protestantes, ¿cuál será la actividad política de evangélicos carismáticos y pentecostales? En Brasil existen bancadas integradas hasta por predicadores y el voto evangélico decide elecciones en algunos lugares y el católico en otros. A veces se combinan ambos, como por ejemplo, en contra del aborto, o la teología de la liberación.

¿Aceptarán los católicos y protestantes iberoamericanos la participación de sus líderes eclesiales en cargos públicos? ¿Será ese el nuevo tema de discusión? ¿Prevalecerá la teología de la liberación o el tradicionalismo de los sectores cristianos? ¿Cuáles serán los temas a discutir? ¿Quién sabe? Tiempo al tiempo.

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