En los cinco años que lleva en Brasilia, la Ministra brasileña de la Casa Civil, Dilma Rousseff, se transformó de una técnica respetada en la persona más importante del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. Rousseff es gestora y heredera de los principales aciertos del Presidente.
Fue responsable por resucitar el etanol en la industria automovilística, impulsar el biodiésel en la matriz energética y sobre todo, recuperar la imagen del Partido de los Trabajadores (PT).
Los escándalos que derribaron bajo sospechas de corrupción a los principales hombres de confianza del presidente, llevaron al centro de la escena a esta líder, una ex guerrillera que padeció torturas durante la dictadura militar. Su biografía intachable y su gestión en el Ministerio de Minas y Energía la acreditaron para sustituir en junio de 2005 a José Dirceu, jefe de gabinete y gestor de la escalada de Lula y del PT a la presidencia.
“Ella es clave, sabe cómo funciona el gobierno federal”, dice David Fleischer, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasilia.
INCÓGNICTA ELECTORAL
Desde ese cargo, Rousseff, de 59 años, impuso su visión desarrollista y a favor del crecimiento en una dura puja con el ex ministro de Economía Antonio Palocci. Recientemente, venció en otra contienda con la ministra de Medio Ambiente al encontrar una salida para agilizar la aprobación de licencias de obras de infraestructura, principalmente de energía.
“Está en la línea de frente de esa disputa”, dice Fleischer. Es también de Rousseff, maestra en teoría económica de la Universidad de Campinas, el Programa de Aceleración del Crecimiento, el plan de Lula para su segundo mandato.
¿hacia dónde va?
Especialistas ven en ella una candidata potencial a suceder a Lula. Pero tiene un problema: Nunca disputó una elección.
“Su viabilidad electoral es una incógnita”, dice Rogério Schmitt, politólogo de la consultora Tendências, en São Paulo. Por delante tendría a la ex alcaldesa de São Paulo y hoy Ministra de Turismo, Marta Suplicy, que dejó claro que quiere ser candidata y a Jacques Wagner, que conqusitó en la última elección el Gobierno de Bahía, tradicional bastión de la derecha.
Son cargas que quizá retrasen los planes de Rousseff. Schmitt cree que en 2010 tal vez se pruebe en las urnas como candidata al Congreso. Una razón para eso es que el opositor Partido de la Social Democracia Brasileña tiene para el próximo turno electoral a la presidencia dos nombres fuertes: El gobernador de São Paulo, José Serra, que perdió frente a Lula en 2002 y el de Minas Gerais, Aecio Neves, carismático y heredero de Tancredo Neves, símbolo del retorno a la democracia en Brasil.
Para Schmitt, el PT no tiene candidatos de la dimensión de Lula, pero cualquier nombre apoyado por él partiría con una base de al menos 20 por ciento en la disputa de 2010. Un buen piso desde donde podría despegar Rousseff si decidiera lanzarse.