De Crisótemis, hija de Agamenón y Clitemnestra y hermana, por lo tanto, de Electra, Orestes e Ifigenia, se dice que es un símbolo del disimulo, pero también de la indiferencia y del oportunismo acomodaticio ante las anomalías y las injusticias.
Disimulo, indiferencia y acomodamiento oportunista a las situaciones creadas son actitudes que se parecen, pero no son idénticas. Disimulo es el encubrimiento astuto de algo que se hizo o intentó hacer, o la ocultación y tolerancia del mal. Indiferencia es no pronunciarse a favor ni en contra de algo, desentenderse alguien de lo que ocurre a su alrededor, ya sea por falta de interés o porque considera que no involucrarse es lo que más le conviene, ya sea para sacar algún provecho o simplemente para no molestarse.
Pues bien, después que Agamenón, rey de Argos y Micenas, se marchó a la lejana Asia Menor para encabezar la guerra contra Troya, su esposa, Clitemnestra se hizo amante de Egisto, primo de su marido. Esto molestó mucho a Electra, la hija mayor de Agamenón y Clitemnestra, pero a Crisótemis le fue indiferente y si le disgustó supo disimularlo. Orestes, por su parte, era todavía muy pequeño para discernir sobre los asuntos del corazón y la alcoba, e Ifigenia vivía en Táuride (Crimea), a donde la llevó la diosa Artemisa para que le sirviera como su sacerdotisa.
Al terminar la Guerra de Troya, Agamenón regresó victorioso a su hogar pero sólo para morir asesinado por Clitemnestra y Egisto. El asesinato de su padre causó a Electra un inmenso dolor y despertó en ella el deseo de venganza. Pero Crisótemis de nuevo se mostró indiferente o se hizo la desentendida para disimular su pesar y no perturbar su propia existencia.
Al respecto, el gran dramaturgo griego de la antigüedad, Sófocles, enfoca en su obra trágica titulada Electra esta actitud acomodaticia o indiferente, irresponsable o timorata de Crisótemis —y de todas las Crisótemis que ha habido a lo largo de la historia y que sin duda las hay y habrá siempre en todas partes del mundo—, poniendo en su boca las siguientes palabras:
“Yo, yo —lo sé muy bien— también estoy sufriendo. Ah, si pudiera… bien mostrara el amor que les tengo. Pero ahora, en la borrasca, vientos tremendos soplan. Es mejor bogar a velas replegadas, no dar la impresión de que voy viento en popa, para naufragar luego”.
Algunos estudiosos de la tragedia griega consideran que en realidad Crisótemis disimulaba el dolor que le causaba el asesinato de su padre, a fin de no ser ultrajada por su despiadada madre y su feroz amante, como ultrajaban a Electra porque no ocultaba su dolor e indignación por el asesinato de su padre. Pero otros estiman que de lo que se trata es de describir los distintos caracteres humanos y las diversas reacciones ante un mismo hecho, en este caso, una de indignación y otra de indiferencia, disimulo o acomodamiento a la situación por muy cruel y perversa que esta sea.
Finalmente, traigo a colación lo que dijera el escritor judío-rumano Eliezer Weisel, sobreviviente del Holocausto y Premio Nobel de la Paz en 1986, acerca de que “el mayor enemigo de la vida no es la muerte, sino la indiferencia. Siete millones de seres humanos (fueron) asesinados, no solamente por la crueldad de Adolf Hitler, sino gracias a la aprobación silenciosa de millones de alemanes incapaces de adoptar una posición crítica ante semejante genocidio”.