“El socialismo podrá ser la liberación del mundo, pero no es el deseo del mundo”.
Chesterton
La reciente proliferación en América del Sur de los gobiernos electos llamados “izquierdistas”, revela que aún tiene mucho auge la simpatía e inclinación de las masas por las corrientes socialistas, debido al cambio que significa para los pueblos subdesarrollados esa forma alentadora y entusiasta de vivir, que en teoría tiende a salvar de la pobreza, de la injusticia y la desigualdad a las grandes mayorías, en detrimento de los “burgueses”, los avariciosos dueños de los medios de producción capitalistas.
Hay algo de cierto en todo eso, el socialismo, en general y aún el mismo comunismo (llamado también socialismo científico) tienen aspectos buenos y aprovechables. Como una pequeña digresión, valga decir que, a pesar de su azarosa existencia, Karl Marx, precursor del comunismo mundial, murió en apariencia con su conciencia tranquila, recostado plácidamente en su sillón de Londres, creyendo que la aplicación de sus teorías salvaría primordialmente al mundo de la explotación del hombre por el hombre. Marx, confió demasiado en la moral de los llamados “proletarios”, que eran los mismos hombres, con todos sus defectos, flaquezas y pasiones, muy lejos de ser “los angelitos, a los cuales sólo les faltaban las alas para volar”.
Se ha optado por llamar superficialmente “izquierdistas” a los gobiernos de Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, etc. pero en realidad, no todos estos regímenes pueden tildarse con ese mote, sólo por el simple hecho de que sus mandatarios sientan simple simpatía o afinidad por el socialismo.
No obstante, el coronel Hugo Chávez de Venezuela y sus seguidores, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, se perfilan agresiva y decididamente por imponer en sus respectivos países el “Socialismo del siglo XXI”, preconizado por Chávez y conceptualmente ideado por Heinz Dieterich Steffan, principal asesor en esta teoría del presidente venezolano.
El socialismo del siglo XXI se pinta más cerca de la filosofía del comunismo o del marxismo-leninismo, que de una especie de social democracia “ideal”, similar a la que existe en los países nórdicos que han aprovechado para sus gobiernos solamente las ideas económicas de Marx, pero rechazando las políticas revolucionarias. Cabe mencionar que Suecia, paraíso con problemas y paradigma de la social democracia nórdica, ha llegado a tener por largos años los niveles de vida más altos del mundo.
Se conocen como gobiernos de “centro izquierda” a los que presiden socialistas “moderados”, que no demuestran manifiesta hostilidad ni aparente repudio al imperialismo, que pueden sostener buenas relaciones diplomáticas y comerciales, con los Estados Unidos de América. Son los casos de Brasil, Chile, Argentina, en que a pesar de las tendencias socialistas de sus mandatarios no las aplican directamente a sus respectivos países y su presunta ideología izquierdista, de carácter partidario o personal, no trasciende políticamente al pueblo que gobiernan.
La transición de la democracia capitalista al socialismo (conocida en Venezuela como “democracia bolivariana”), no es nada fácil ni breve. Habrá, que llevar a cabo expropiaciones, nacionalizaciones de lo ya privatizado, restringir libertades, suprimir intereses legítimos de los pueblos etc. La cúpula socialista impondrá inicialmente el autoritarismo, pasando luego gradualmente al totalitarismo de Estado, característico de los países comunistas ortodoxos.
Sin embargo, el presidente Chávez ha afirmado que el socialismo del siglo XXI “está basado en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad…”, nobles virtudes semejantes a las de un socialismo cristiano. Pero el “Socialismo del siglo XXI, no parece estar claramente predefinido ni acabado y se irá desarrollando “sobre la marcha” de los acontecimientos y circunstancias que vayan presentándose.
Países latinoamericanos de izquierda radical causarían graves problemas, disturbios y conflictos político-ideológicos en la región, perturbando además seriamente las relaciones normales con la hegemonía mundial capitalista de los Estados Unidos.
El desarrollo del “Socialismo del siglo XXI” y sus resultados, revestirán el mayor interés y expectación a nivel mundial, máxime si los volcanes apagados de los dirigentes socialistas moderados llegaran a activarse sorpresivamente.
No hay precedentes de un sistema socialista en América Latina continental, la historia mundial tampoco nos enseña que algún sistema político haya hecho felices a los hombres, y que éstos no nacen iguales, ni viven iguales, ni mueren iguales...
Los pobres siempre existirán (“A los pobres siempre los tendréis”), y siempre habrá explotadores y explotados, débiles y poderosos.
Sólo el amor, la moral y la justicia podrán zanjar estas diferencias.