La Secretaría de la Juventud (Sejuve), antes Injuve, ofreció la posibilidad de un empleo a más de dos mil jóvenes, pero entre los requisitos solicitados está una carta de recomendación que bien podía ser de líderes sandinistas, y pasar una entrevista donde se les preguntaba por su afinidad partidaria.
La subdirectora del Injuve, Benita Arvizú, confirmó los requisitos, pero también aseguró que si la carta de recomendación no provenía de un sandinista reconocido, no había problema.
Sin embargo, jóvenes aspirantes consultadas confirmaron que para optar a la entrevista de adentro, era indispensable llevar un aval del partido político como requisito fundamental.
Al preguntarles si este aval tenía que ser de un secretario político del FSLN, se volvieron a ver asombradas y respondieron con un “por supuesto”.
El Injuve recibió a 2,283 jóvenes entre el viernes 6 y el miércoles 11 de julio.
Ayer fue el último día, y el grupo de jóvenes en espera para ser atendidos no bajó de diez en toda la mañana.
Cada uno llegaba con una carpeta llena de documentos, solicitaba un número para ser atendido en el parqueo del Injuve, y tras la revisión de sus papeles, era llamado a la entrevista, en el interior de la institución.
LA PRENSA consultó sobre los requisitos que el Injuve pedía para optar a la entrevista.
Sin ocultar su timidez, algunas jóvenes aspirantes explicaron que se dieron cuenta de la oportunidad a través de los líderes organizados en sus barrios.
Estos líderes suelen ser los secretarios políticos del partido en el poder, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la institución política mejor organizada del país, que utiliza el Consejo del Poder Ciudadano para ejercer la llamada “democracia directa”.
Arvizú reconoció que el aval, o carta de recomendación, como prefirió llamarle, estaba entre los requisitos que esperaban, pero insistió en que no era fundamental que fuese del FSLN.
“No importa (quién extendiera la carta), hemos recibido diferentes tipos de recomendaciones, han venido del INSS, de la Alcaldía de Managua, de un coordinador de barrio, de un secretario político, incluso del Frente, de la Juventud (Sandinista), o sea, no estamos diciendo notros quién, estamos diciendo simplemente la recomendación, porque tiene que haber alguien que te recomiende a vos para ser parte de ese banco de datos”, explicó la subdirectora.
Como ejemplo, Arvizú expuso que, gracias a una trabajadora que pertenece a la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), un partido de oposición, hubo jóvenes liberales que aplicaron a la posible oportunidad de empleo.
Para extender su explicación, la subdirectora expresó que “también es indispensable la carta del secretario político o de la Juventud, porque de alguna manera coordinamos con los coordinadores de la juventud en cada uno de los barrios y los distritos, entonces esa es la persona, que ellos los ven, que traen la carta de recomendación o el aval, pero no es un requisito único para decir que porque viene de otro partido”.
Arvizú reconoció que “es tanto el prejuicio” sobre la preferencia hacia los jóvenes sandinistas, que algunos que no comparten esa ideología han llegado al punto de falsificar las cartas de recomendación, pero insistió en que el Injuve recibe a todos los jóvenes, independientemente de su afinidad partidaria.
La funcionaria aparentemente no mintió. Minutos antes, LA PRENSA consultó a un aspirante qué tipo de papeles había preparado para optar a la entrevista, y su reacción fue extraña.
Primero dijo que había entregado los papeles normales: currículo, récord de policía, certificado de salud. Al preguntarle acerca del aval sandinista, retrocedió un paso, y casi sin abrir los labios, dijo que él no conocía a ningún secretario político sandinista, pero que lo había conseguido a través de un amigo de ese partido político.
No obstante, la subdirectora se contradijo en el transcurso de la entrevista cuando dijo que los jóvenes no necesitaban llevar la carta de recomendación para ser entrevistados.
Arvizú aseguró que el Injuve no decidirá sobre los jóvenes que finalmente queden contratados en las empresas. De cualquier manera, sus afinidades políticas quedan registradas.