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Más invencible que Superman, más valiente que El Hombre Araña, más intrépido que Batman, calvo y con canas en su barba, regresa John McClane, protagonizado por Bruce Willis quien hace 20 años nos asombrara con el inicio de esta saga basada originalmente en la novela de Roderick Thorp.
Puede que John camine con bastón, que haya perdido parte de sus dientes y el encanto que representó su imagen como el héroe estadounidense de los ochenta. Sin embargo, hoy regresa con un poco menos de agilidad, pero con su inigualable cinismo y diálogos cargados de las bravuconadas a los que nos ha tenido acostumbrados.
De ser cierto lo que nos presenta esta historia, con sólo cuatro John se hubiera ganado la guerra en Vietnam (incluso sin necesitar a Rambo), se hubiera logrado acabar con las guerrillas de Centroamérica y conquistar Irak hubiera sido como un picnic.
La trama inicia durante las celebraciones del Día de la Independencia, el 4 de julio, en Estados Unidos, cuando terroristas informáticos atacan todos los sistemas paralizando la nación. Sí, la misma pesadilla de la cinta en la que Will Smith extermina a los extraterrestres.
Aquí nos presenta un John desbordado, furioso arremetiendo contra quienes han secuestrado a su hija, un grupo de delincuentes extraviados de Matrix que provocarán una crisis nacional al robarse millones de dólares de cuentas bancarias.
A veces pareciera que John se convertirá en Terminator conduciendo el furgón infernal, un Arnold manejando un cazabombardero o un McGiver librándose de cada obstáculo y dificultad para sobrevivir en un derroche de acrobacias que satura nuestra imaginación hasta provocar bostezos.
En la despedida de John como el salvador de su país, lo que hay que aplaudir es el esmero en los efectos especiales, cómo el hijo de Keanu Reeves (al menos se parece bastante y pretende actuar como él) logra una acentuada actuación y las noches de desvelo en pensar el dificilísimo guión de esta película.
Nuestro héroe, quien sobreviviría si le cayeran las Torres Gemelas, ya se puede ir al asilo feliz de ser el más carismático de su género. Que, tras destacar en la comedia televisiva Moonlighting, se convirtió en el intérprete de acción con mayor empuje y quien le impregnó a su personaje esa característica de un John cansado que la fama llegue a buscarlo.