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El liberalismo de Zelaya
Virgilio Gurdián C.
El autor es Presidente de la Comisión de Ética, Honor y Justicia de la ALN.

El general Zelaya palpaba, sentía, transmitía la ideología liberal; un liberalismo contagiante, no contaminado ni expuesto a extrañas ideologías que por aquel entonces apenas asomaban. Para él ser liberal significaba tener identidad política propia, bajo el amparo de la mística y la esencia misma de lo que se profesaba.

Al pasar de los años, y en cada conmemoración de la revolución de 1893, mucho se escucha del liberalismo, se dan severos discursos sobre la tumba del general Zelaya, o al lado de ella, brotan las camisetas, gorras, pañuelos y banderas rojas; los vivas y manifestaciones jubilosas se apoderan de esta celebración, sin embargo vale la pena hacer un alto en el camino y preguntar qué tan cerca o qué tanta analogía política existe entre todas esas expresiones y el verdadero contexto del liberalismo que profesó el general José Santos Zelaya.

Allá en mis años de adolescencia, mi inolvidable abuelo José María Castellón Lacayo (1878-1969), quien fuera estrecho colaborador del general Zelaya como diplomático, secretario personal por varios años y último Ministro de Hacienda de esa Administración, me refería en muchas ocasiones que sobre el tema conversamos, que el general Zelaya pasaba largo tiempo, horas de su vida, hablando del liberalismo y con los miembros de su gabinete y amigos hacía tertulias políticas sobre la ideología liberal; lo palpaba, lo sentía, lo transmitía; un liberalismo contagiante, no contaminado ni expuesto a extrañas ideologías que por aquel entonces apenas asomaban; me manifestaba que fue una escuela de liberalismo puro, forjando un batallón cívico de apóstoles que difundieron la idea liberal después de la caída y aún después de la muerte del General; ser liberal significaba tener identidad política propia, bajo el amparo de la mística y la esencia misma de lo que se profesaba.

La revolución liberal de 1893 marcó para siempre el panorama político y social de Nicaragua; trajo una profunda transformación del Estado, forjando el Estado moderno, que emergía del provincialismo que se desarrollaba después de nuestra independencia en 1821.

El general Zelaya le imprimió a su administración un especial sello de nacionalismo y autenticidad liberal y, con un puñado de patricios emprendió su obra de insertar en forma permanente al país a los cambios mundiales que en la época se daban; transbordaría fronteras el ideario y la esencia liberal y el resplandor de la revolución tendría influencia política en otros países de la región centroamericana y aún en otros territorios de América Latina.

El gobierno del ex presidente Zelaya se puede enmarcar en tres ejes fundamentales:

—Un nacionalismo fuerte, arraigado. Este nacionalismo en gran parte lo llevó a su caída. En el libro La famosa Nota Knox, de mi ya mencionado abuelo, se relata con pleno conocimiento los últimos días de ese gobierno y en relación a esa nota, enviada por el Secretario de Estado, Philander Chase Knox, se dice que fuera del contexto de la muerte por fusilamiento de los norteamericanos Cannon y Gross, quienes se vieron envueltos en actos de guerra reñidos con la ley, al querer hacer explotar con dinamita un buque con cuatrocientos soldados nicaragüenses a bordo, el envío de dicha nota se debió a la forma que con carácter nacional manejó el general Zelaya, la deuda contraída por el país con el financista norteamericano Emery; y de quien en su momento era abogado Mr. Knox; una vez en el ejercicio de la Secretaría de Estado, provocó con el primer pretexto la caída del gobierno liberal; sobre el particular se narra en el citado aporte histórico lo siguiente: “La muerte de Cannon y Gross fue un simple pretexto. La génesis de esta nota está en la cancelación de los contratos leoninos de Emery, en los cuales tenía fuertes intereses el Secretario de Estado Knox, abogado de Emery y cuya cancelación de los contratos perjudicó los intereses del Canciller. Así se escribe la historia”.

—Otro factor primordial en el gobierno liberal del general Zelaya fue el enorme progreso en construcción de infraestructura de toda índole, que dotó la plataforma necesaria para un desarrollo acelerado. Se destaca también como base primordial, el tendido escolar, que a lo largo y ancho de Nicaragua se estableció, dando verdadera pujanza a la educación primaria gratuita y obligatoria, habiendo conformado con gran eficiencia las inspectorías escolares en todo el territorio nacional. La obra La educación durante el liberalismo Nicaragua 1893-1909, de la licenciada Enríguez Rosales, recoge con énfasis esta estructura educacional de aquel gobierno. En el prólogo de este libro se cita a don Gilberto Barrios quien escribió en relación a los aportes principales del modelo educativo liberal: “Significó el primer paso dado en Nicaragua para la organización integral de la enseñanza”.

El general Zelaya, su gestión, la revolución liberal de 1893, independientemente de la decidida influencia que tuvo en el país, con carácter de contemporaneidad, marcó en forma indiscutible que en Nicaragua, sus ciudadanos en la gran mayoría, abrazaran la ideología liberal como fuente de progreso y es así que desde finales del siglo XIX, hasta nuestros días el panorama político está cubierto por el avance del liberalismo; son gobiernos de este signo ideológico los que han brindado justicia social, paz, trabajo y desarrollo acorde con nuestros recursos y realidades; desde el triunfo de la revolución liberal, el 67 por ciento de las administraciones públicas han sido de corte liberal 1893-1909, de 1929 a 1979 y de 1997 a 2007 y perduraría hoy día si en la pasada elección se hubiera tenido ponderación y tacto político dando paso al nuevo liderazgo liberal, que a la postre se convirtió, en forma histórica, en la segunda fuerza electoral.

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