Esa mañana del 19 de julio de 1975, Sam “Momo” Giancana preparaba el desayuno en su casa de Oak Park, Illinois, cuando un tiro en la nuca y cinco más en la boca impidieron que asistiera al Congreso, a donde había sido citado ese día para que hablara sobre todo lo que sabía acerca del intento de asesinato a Fidel Castro.
Moría como había vivido desde temprana edad cuando se paseaba por las calles de Chicago armado de un puñal y un revólver en cada bolsillo, avergonzando a su padre Antonio, un vendedor ambulante de frutas.
Decidido a encarrilarlo, cinturón en mano Antonio pretendió darle una paliza al muchacho de 15 años, cuando éste se abalanzó sobre su padre poniéndole el cuchillo en el cuello: “Desde ahora vas a hacer lo que te diga. Nunca olvides que te perdoné la vida. Si lo olvidas, te mato”.
Este digno sucesor de Al Capone, señalado por su única hija Antoinette Giancana de ser el autor intelectual de la muerte del presidente John Kennedy, en su libro JFK y Sam, era el mismo que el asombrado agente de la CIA, Robert Maheu, reconocía a través del suplemento dominical Parade como uno de los hombres más buscados por la oficina del Fiscal General, el cacique de la Cosa Nostra de Chicago, y el mismo que le había sido presentado días atrás como uno de los hombres que podría llevar a cabo el plan ideado por la CIA para matar a Castro.
BUSCANDO AL AGENTE
La idea de matar a Castro, admitida a finales de junio de este año por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, se planteó en agosto de 1960 cuando Richard Bissell, director de planes en la agencia y considerado el principal estratega de la CIA en esa década, se acercó al coronel Sheffield Edwards, de la Oficina de Seguridad de la agencia, para saber si la oficina a su cargo tenía agentes que pudieran ayudar en una misión confidencial que requería una acción “al estilo gansteril”. El blanco de la misión era Fidel Castro.
“Dada la extrema confidencialidad de la misión, sólo se dio a conocer el proyecto a un pequeño grupo de personas. Se informó del proyecto al director de la Agencia Central de Inteligencia (Allen Dulles) y éste dio su aprobación. El coronel J.C. King, jefe de la División del Hemisferio Occidental, también fue informado, pero se ocultó deliberadamente todos los detalles a todos los oficiales de la operación JMWAVE. Aunque algunos oficiales de Comunicaciones (Commo) y de la División de Servicios Técnicos (TSD) participaron en las fases iniciales de planificación, no sabían cuál era el propósito de la misión”, según lo desclasificado por la CIA el pasado 26 de junio en un documento llamado Las Joyas de la Familia.
Maheu, una fuente de confianza de la Oficina de Seguridad, fue el agente escogido para que buscara a los gánsters que pudieran llevar a cabo la misión.
EL ENCUENTRO CON “EL GUAPO”
“El señor Maheu informó que se había encontrado con un tal Johnny Roselli en varias ocasiones mientras se encontraba de visita en Las Vegas. Solamente lo conocía de manera informal por conducto de clientes, pero se le había dado a entender que era un miembro de alta jerarquía del ‘sindicato’ y que controlaba todas las máquinas de hacer hielo en La Franja. A juicio de Maheu, si Rosselli era en efecto un miembro del clan, indudablemente tenía conexiones que lo llevarían al negocio de los juegos en Cuba”, continúa el documento de la CIA.
Rosselli, alias “El Guapo”, cuyo verdadero nombre era Vincenzo Sacco, cambió su nombre después de cometer un asesinato en 1922 y para su nueva identidad se inspiró en el italiano escultor renacentista Domenico Rosselli. Con ese nombre entró a la familia mafiosa de Chicago, bajo las órdenes de Capone.
“Se le pidió a Maheu que se acercara a Roselli, quien sabía que Maheu era un ejecutivo de relaciones personales que atendía las cuentas nacionales y extranjeras, y le dijera que recientemente lo había contratado un cliente que representaba a varias firmas internacionales de negocios que estaban sufriendo enormes pérdidas financieras en Cuba como resultado de la acción de Castro. Estaban convencidos de que la eliminación de Castro era la solución a su problema y que estaban dispuestos a pagar 150,000 dólares para lograrlo exitosamente. Debía dejarse claro a Rosselli que el Gobierno de Estados Unidos no conocía, ni debía conocer, esta operación”, agrega el documento.
MATARÍAN GRATIS A CASTRO
Cuando el 14 de septiembre de 1960, Maheu le plantea a Rosselli en el Hilton Plaza de Nueva York de qué se trataba el asunto, el mafioso no quiso verse involucrado, pero el persuasivo agente de la CIA logró que Rosselli aceptara presentarle a un amigo que conocía “gente cubana”. Ese hombre era Sam Gold, cuyo verdadero nombre era Salvatore Giancana y aunque la CIA ofrecía 150 mil dólares para matar a Castro, Rosselli aseguró que tanto él como Giancana no querían dinero por ese trabajo. “A ninguna de estas personas jamás se les pagó con fondos de la Agencia”, asegura la CIA.
Giancana y Maheu se conocieron el 25 de septiembre en el Fontainebleau Hotel de Miami Beach. A la cita llegó también Santos Trafficante, presentado como correo que operaba entre La Habana y Miami, otro enlistado por la oficina del Fiscal General como el jefe de operaciones cubanas de la Cosa Nostra. Maheu llamó inmediatamente a su oficina al enterarse con quiénes estaba tratando, pero el operativo continuó.
ENCARGAN LA PASTILLA LETAL
“Al analizar los posibles métodos para cumplir esta misión, Sam sugirió que ellos no recurrieran a armas de fuego sino que, si a él se le pudiese facilitar algún tipo de píldora potente, que pudiera echarse en la comida o la bebida de Castro, sería una operación mucho más efectiva. Sam indicó que él tenía un posible candidato en la persona de Juan Orta, funcionario cubano que había estado recibiendo pagos como soborno de los negocios del juego, y quien aún tenía acceso a Castro y estaba en un aprieto financiero”, indica el documento.
La División de Servicios Técnicos (TSD) fue encargada de producir seis píldoras con alto contenido letal que Rosselli le entregó a Orta.
“Después de varias semanas de intentos, Orta al parecer se acobardó y pidió lo sacaran de la misión. Él sugirió a otro candidato que realizó varios intentos sin éxito”.
El plan nunca se realizó, más aún considerando el fracaso de la invasión de Bahía Cochinos que se había venido planeando paralelamente al plan para asesinar a Castro.
UN ENCARGO DE SAM
Pero en el medio de las negociaciones, Giancana le impone a Maheu que investigue el grado de intimidad de su novia, la cantante Phyllis McGuire, con Dan Rowan, un cómico que compartía escenario en Las Vegas con Dean Martin y otros artistas famosos de la época. Para tal fin, exigió a Maheu que implantara un micrófono en el teléfono de la cantante, con tan mala suerte que el técnico contratado por Maheu fue sorprendido por un empleado del hotel y terminó preso, mientras el Departamento de Justicia manifestó su intención de procesar a Maheu.
“El 7 de febrero de 1962, el director de Seguridad informó al Procurador General, Robert Kennedy, sobre las circunstancias que llevaron al involucramiento de Maheu en la operación de intervenir el micrófono de McGuire. El procesamiento de Maheu fue suspendido a petición nuestra”, dice el documento de la CIA.
EL CASO CAMBIA DE MANOS
Después de este fracaso la CIA señala que en mayo de 1962, William Harvey asumió como oficial de caso, y desconoce si Rosselli fue usado operacionalmente de ahí en adelante, lo que sí sabe es que el mafioso fue condenado por varios cargos, entre ellos por haber entrado ilegalmente a Estados Unidos décadas atrás, además otro por estafa a un casino mediante un juego de cartas trucado.
Ante todos esos problemas Rosselli pidió la ayuda de la CIA a través de su abogado Thomas Waddin, para evitar ser deportado y advirtió que en caso contrario “haría una completa exposición de sus actividades con la Agencia”.
LA “OMERTÀ”
Ante la negativa de ayuda de la CIA, Rosselli optó por filtrar toda la información sobre el complot para matar a Castro al periodista Jack Anderson, cuyas columnas revelando el asunto fueron en su momento negadas por la CIA.
Como un último acto de este complot inconcluso, el cadáver de Rosselli apareció en estado de descomposición, descuartizado dentro de un bidón de 55 galones, flotando frente a las costas de Florida.