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La mano de obra nicaragüense y la obra de Dios en Costa Rica
Francisco Imendia
El autor es Embajador de El Salvador en Nicaragua

La mano de obra nicaragüense ha contribuido indiscutiblemente al desarrollo y constante crecimiento de la economía de Costa Rica, así como la mano de obra mexicana, salvadoreña, hondureña y guatemalteca ha hecho su aporte en Estados Unidos.

Desde la humilde empleada de casa, pasando por albañiles, carpinteros, electricistas, choferes, dependientes, braceros, lavacarros hasta ejecutivos de bancos y empresarios, los nicaragüenses han sabido desarrollarse en el hermano país.

La libre movilidad social y de capitales son pasos esenciales para transitar de lo intergubernamental a lo comunitario. A 16 años de haberse suscrito el Protocolo de Tegucigalpa, bastante se ha avanzado; sin embargo para ver a Centroamérica como país hace falta unir más esfuerzos.

Pero no es la integración el objetivo de este artículo. Al principio destaco la importancia de la mano de obra nicaragüense. Ahora me referiré a la obra de Dios en Costa Rica, por medio de la beata granadina, Sor María Romero.

La vida de Sor María se desarrolla en tres países centroamericanos: su niñez y juventud en la natal Nicaragua. En El Salvador, a partir de 1923, estudia para monja con las Hijas de María Auxiliadora y toda su obra de amor la realiza en San José, Costa Rica.

Cuenta Sor Nora María Herrera, biógrafa de Sor María, que desde que la hoy beata fue trasladada a San José en 1931, trabajó en el Colegio María Auxiliadora impartiendo clases de música, pintura y mecanografía. Además fundó oratorios donde se enseñaba catecismo a niños y niñas de los barrios pobres. Todo lo hacía con mucha fe, confiando siempre en María Auxiliadora.

Sor Nora María afirma que “…el número de los niños y niñas de los oratorios en 1954 era de 5,500 y cada año aumentaban”. ¿Cuánto más habrá crecido la obra 53 años después? ¿Cuántos centenares de miles de costarricenses, y nicaragüenses residentes, se habrán beneficiado de las enseñanzas de Sor María? Sin duda muchísimos.

Su virtud fue la fe. Uno de los relatos que más me llamó la atención en su biografía es el siguiente: la tarea evangelizadora de Sor María era asistida por misioneras de su congregación y ex alumnas del Colegio María Auxiliadora.

Según cuenta Sor Nora María, “una de estas ex alumnas, la señorita Leticia León, estudiaba y trabajaba para ayudar a su familia. Un domingo avisó a Sor María que no iría al oratorio, pues en los días siguientes tenía un dificilísimo examen de química. Sor María le contesta: “Véngase lo mismo. La Virgen la ayudará”. Leticia fue a dar catecismo durante todo el día y pudo estudiar muy poco. Sor María le recomendó: “Estudie un tema bien, bien. Ya verá que todo sale a pedir de boca”.

Llega Leticia a la universidad y le toca el turno, porque es un examen oral. Saca a suerte el tema que debe desarrollar y le sale el que se sabe a la perfección. La Virgen premia con un 10 su generosa confianza.

Recientemente visité, en compañía de mi familia, el santuario de la reconocida beata. Allí está el Santísimo expuesto y sólo se oye de milagros. La casa administrada por Sor Melania Martínez luce perfecta. Hay fotografías de Sor María y de su familia y una venta de reliquias y novenas devocionales.

“Cuando yo me muera, verá los platales que enviará mi Reina para los pobres”. Esta sentencia de Sor María se cumple todos los días.

Hoy 7 de julio se cumplen 30 años de la partida al cielo de Sor María Romero. Contagiada por el espíritu de la beata, Sor Melania nos susurra al despedirnos en la puerta: “¡Vénganse tempranito ese día (será sábado), habrá alborada, serenata y nacatamales”.

Con ese mismo júbilo también se honrará en Costa Rica a Sor María Romero donde la simpática y creativa monjita nicaragüense vivió y trabajó por los pobres. Ella también fue y sigue siendo, desde el cielo, la obrera espiritual nicaragüense que se dejó llevar por la mano de Dios. Sor María y la mano de obra nicaragüense hacen mucho bien a la querida hermana República de Costa Rica.

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