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Museos de la conciencia

En el editorial del jueves 28 de junio recién pasado, titulado “Víctimas de segunda clase”, comentamos que el 12 de ese mismo mes fue inaugurado en la ciudad de Washington, Estados Unidos de Norteamérica, un monumento a las víctimas del comunismo en todas partes del mundo. Y mencionamos que durante la inauguración de dicho monumento, el presidente Bush expresó que en el memorial fueron incluidos “los indios miskitos asesinados por la dictadura sandinista” de los años 1979 a 1990.

Al respecto debemos señalar que también existen en diversos países del mundo los llamados museos de la conciencia, que han sido creados con el propósito de que no queden en el olvido las grandes tragedias políticas y sociales que ha sufrido la humanidad, tales como el holocausto judío realizado por el nazifascismo hitleriano y el genocidio comunista que se practicó en la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Y además, para que las nuevas generaciones no permitan que esas tragedias de la humanidad se repitan nunca más.

Pero es muy importante aclarar que los museos de la conciencia no solo guardan el recuerdo o la memoria de las tragedias que fueron causadas por la derecha y la izquierda extremistas y fascistas, sino para honrar a las víctimas de todos los genocidios, persecuciones y represiones en masa, ya fuesen cometidos por motivos políticos, étnicos, sociales o religiosos. Se trata de una amplia diversidad de museos como el Memorial Terezín, de la República Checa, que contiene toda clase de documentos, fotografías y objetos testimoniales de los campos de exterminio que los hitlerianos alemanes y los pronazis locales establecieron en el territorio de ese y otros países centro europeos. Y el objetivo de este museo es, como lo ha precisado su director, el señor Jan Punk, impedir que resurja la extrema derecha nazi fascista, combatir a los grupos neonazis, conmemorar a las víctimas del Holocausto y honrar a los sobrevivientes de los campos de represión y exterminio.

Otra de esas instituciones que vale la pena mencionar es el Museo Nacional de los Derechos Civiles, en Estados Unidos de Norteamérica, que fue inaugurado en 1991 y está ubicado en el edificio de la ciudad de Memphis, Tennessee, donde el reverendo Martin Luther King fue asesinado el 4 de abril de 1968. La misión de este museo es ayudar a la gente a comprender en toda su plenitud —o sea sus orígenes, sus manifestaciones y las consecuencias verdaderamente revolucionarias que tuvo en Estados Unidos— el Movimiento Pro Derechos Civiles que creó y dirigió hasta que fue asesinado, el gran líder de color norteamericano que fue Martin Luther King.

Uno de los más importantes de esos museos de la conciencia es el Gulag Perm-36, de Rusia, creado en memoria de las 36 millones de personas que fueron recluidas en los campos de concentración de la Unión Soviética, a los que el escritor ruso disidente del comunismo y Premio Nobel de Literatura 1970, Alexander Solzhenitzyn, llamó el Archipiélago Gulag. Los campos de concentración comunistas del Archipiélago Gulag fueron el símbolo del despotismo estalinista, pues, como dijera el director del museo, Víctor Schmyrov: “Todas las familias rusas estuvieron de un modo u otro en alguno de los campos de concentración comunistas del Gulag, porque eran un elemento sin el cual la economía socialista hubiera sido imposible”.

La Escuela de la Paz de Monte Sole, en Italia, donde centenares de personas, en su mayoría ancianos, mujeres y niños fueron masacrados por los fascistas; el Constitution Hill, de Johanesburgo, Sudáfrica, donde hubo una prisión en la que miles de personas fueron encarceladas y torturadas durante el régimen del Apartheid y estuvieron presos Mahatma Gandhi y Nelson Mandela; y el Parque por la Paz Villa Grimaldi, ubicada donde fue uno de los centros clandestinos de detención y tortura más importantes de Chile durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, son otros de esos museos de la conciencia creados para recordar a todas las víctimas de los enemigos de la humanidad, la libertad y la democracia.

En nuestra Nicaragua, la creación de un museo de la conciencia en memoria de todas las víctimas de las dictaduras somocista y sandinista es una tarea pendiente que algún día no lejano se tendrá que cumplir.

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