No soy ciudadano nicaragüense. No tendría, pues, derecho a inmiscuirme en los asuntos internos de este país, sea cual fuere mi opinión sobre ellos. Pero desde la benevolencia de estas dignas páginas, debo decirles que Nicaragua tiene muchos más hijos e hijas esparcidos alrededor del mundo que los meros figurantes en sus censos oficiales de población. Yo me considero uno de ellos… Aquella gran generación de jóvenes que enamoró al mundo protagonizando la Cruzada Nacional de Alfabetización o aquel “sombrerudo” maestro Pineda que nos volvió a enamorar desde Río San Juan mostrándonos el sentido exacto de los versos de un gran poeta catalán, cuando nos recuerda que “tot està per fer i tot és possible” (Todo está por hacer y todo es posible…) o tantos otros esfuerzos ejemplares y didácticos de este generoso pueblo por recuperar su palabra, su soberanía y su lugar en la Historia fueron multiplicando por doquier esos otros nicaragüenses de adopción y de corazón como yo. Creo, por tanto, que si no por nacimiento, sí por vocación y agradecimiento por lo mucho que he recibido de este pueblo (un infinito capital de afecto, ternura, enseñanzas, saber, esperanza…) tengo algo de derecho a hablar de la decisión del Ministro de Educación de separar a Orlando Pineda y la AEPCFA de la rectoría de la alfabetización de Nicaragua. Una decisión que, además, puede afectar la cooperación internacional en el ámbito de la alfabetización que venimos propiciando desde hace muchos años.
Decía que Nicaragua nos vuelve a sorprender… y, además de la sorpresa, nos ha dejado una sensación mezcla a partes iguales de decepción e indignación. Primero porque entendemos que ha habido una voluntad de herir a Orlando Pineda y su equipo de la AEPCFA al nombrar y defenestrar, a los cuatro días, como si nombrar y retirar a un alto cargo institucional fuese un acto caprichoso, precisamente el Día de la Dignidad Nacional, a un militante sandinista ejemplar, a un educador popular, maestro de maestros, con prestigio dentro y fuera del país y líder moral y efectivo de la lucha por una Nicaragua Libre de Analfabetismo (porque lo ha demostrado con hechos a lo largo de toda una vida en las condiciones más difíciles). Creemos que ha habido unas consecuencias morales, personales, entendemos que difíciles de reparar se haga lo que se haga o se rectifique lo que se rectifique en el futuro.
Pero dicho esto hay que denunciar las graves consecuencias que puede tener el apartar a Orlando Pineda y la AEPCFA del liderazgo de la campaña de alfabetización. Pues con toda humildad y respeto nos preguntamos si la persona que lo ha sustituido o el mismo Ministro de Educación (que nos sorprende con declaraciones como “alfabetizar no requiere especialización” o “la especialización sobre el Yo, Sí Puedo se podría aprender con una capacitación de tres horas”) están a la altura en conocimientos, en liderazgo y en autoridad moral no ya para mejorar sino para igualar las esperanzadoras expectativas que representaban Orlando Pineda y la AEPCFA.
La pregunta obligada es: ¿apartar a Orlando Pineda y la AEPCFA es bueno para la erradicación del analfabetismo en Nicaragua? Y la respuesta, evidente: NO. Y entonces ¿para qué es bueno? ¿Quién se beneficia con ello? Si a la AEPCFA se le reconoce unánimemente la “autoridad” en la rectoría de la alfabetización y a las Alcaldías, en cooperación con el Mined y otros organismos (artículo 24 de la Ley General de Educación), se le reconoce la “responsabilidad” en la erradicación del analfabetismo ¿por qué no se “suma la autoridad y la responsabilidad” en lugar de restar como se hizo hasta ahora?
Un gobierno que promueve el progreso y la justicia social, la transparencia, la participación y el poder popular debería dar respuesta a estas preguntas y obrar en consecuencia… Y muchos de nosotros, hijos por vocación de esta Patria estimada, pedimos con toda nuestra humildad y complicidad que así sea. Porque este pueblo se ganó el derecho a triunfar sobre el analfabetismo. Y porque Nicaragua debe poder continuar demostrando al mundo que todo está por hacer, ese otro mundo nuevo posible que acoja todos los mundos, y que todo, absolutamente todo, es posible.