Burla y demagogia

Se cuenta que durante la fiesta en ocasión del jubileo del gran poeta francés del siglo XIX, Víctor Hugo, en el Palacio del Eliseo de París los representantes de las naciones iban siendo anunciados uno a uno delante del poeta: “El señor representante de Inglaterra”. Y Víctor Hugo decía: “Ah, Inglaterra; ah, Shakespeare”. “El señor representante de España”. Y Víctor Hugo exclamaba: “Ah, España; ah, Cervantes”. “El señor representante de Alemania”. Y Víctor Hugo respondía: “Alemania. Ah, Goethe”. Y una vez más: “El señor representante de Mesopotamia”. Y esta vez Víctor Hugo se quedó sin habla porque no venía a su mente ningún hombre de letras representativo de Mesopotamia. Pero de pronto, los ojos del poeta se iluminaron, su rostro recobró el color y con la misma seguridad de antes dijo: “Mesopotamia. Ah, la Humanidad”.

En el prólogo a su libro La Rebelión de las Masas, el filósofo español José Ortega y Gasset utiliza esta anécdota popular para dejar en claro su decidido rechazo a la retórica imprecisa y manipuladora de políticos e intelectuales. Y dice el filósofo español: “Yo nunca he escrito ni he hablado para la Mesopotamia; yo jamás me he dirigido a la Humanidad porque esta costumbre de hablar a la Humanidad —que es la forma más sublime y, por lo tanto, más despreciable de la demagogia— (…) fue adoptada por intelectuales (…) sin darse cuenta de que la palabra es un sacramento de muy delicada administración”.

Demagogia, aunque no sublime sino de la especie más burda, es la que hoy día se usa en Nicaragua como instrumento de manipulación. Tal es el caso de las consignas “Arriba los pobres del mundo” y “El pueblo presidente”. Estas son frases vacías de significado. En primer lugar, para que los pobres del mundo puedan estar algún día arriba, habría que trabajar primero con los pobres de un país específico y decir, por ejemplo, “arriba los pobres de Nicaragua”. Pero aun así, la frase seguiría careciendo de contenido concreto pues hablar de los pobres de Nicaragua es hablar de todos y de nadie.

En todo caso, el Gobierno que lanza la consigna de “arriba los pobres” estaría en la obligación de hacer obras concretas que, en efecto, levanten a los pobres de Nicaragua de la indignidad en que viven. Por ejemplo, pavimentar todas las calles y carreteras; instalar servicio de electricidad, agua potable y aguas negras para todos los nicaragüenses; construir hospitales y centro de salud en todo el país; garantizar trabajo para todos los nicaragüenses; repartirles tierras a los campesinos pobres y asegurarles apoyo técnico y financiero, etc. Pero si el gobierno orteguista no hace eso, entonces la consigna de “Arriba los pobres del mundo” es pura y simplemente demagogia.

En realidad, el presidente Daniel Ortega usa como lema de propaganda la frase “Arriba los pobres del mundo” porque esta es parte del himno de la Internacional Comunista, llama a los pobres a que se levanten contra los ricos y los exterminen, y de esa manera Ortega quiere que se entienda en Nicaragua que él es un comunista como Fidel Castro y Hugo Chávez.

Igualmente vacía de significado es la frase “El pueblo presidente”. Según el diccionario, “pueblo es el conjunto de habitantes de un lugar, región o país” o “el conjunto de las personas de una clase social y económica modesta”. Aparte de que es imposible que el pueblo sea presidente, Daniel Ortega ni siquiera representa a la mayoría de los habitantes de Nicaragua, pues sólo el 38 por ciento votó por él, mientras que un 62 por ciento mostró su rechazo votando por otras opciones.

Por otra parte, el pueblo o sea los pobres que en Nicaragua son al menos un 70 por ciento de la población, no tienen ninguna posibilidad real ni siquiera de ejercer influencia en el Gobierno. Ortega no permite que ni siquiera sus ministros —que se supone que son los funcionarios de su mayor confianza— expresen sus criterios personales. Su Gobierno no está estructurado para compartir el poder sino para ejercerlo verticalmente.

De manera que la frase “el pueblo presidente” es una forma burda de demagogia y una burla a todos los nicaragüenses que forman el pueblo.

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