Todas las quejas, protestas, recursos por inconstitucionalidad, reproches, condenas y censuras no servirán absolutamente de nada para que el gobierno del frentismo revierta sus recientes e ilegales decisiones. No sólo eso. El pueblo nicaragüense debe prepararse para esperar más gestos e imposiciones como las que hemos visto en las últimas semanas y plenos de arrogancia y mentira porque sencillamente tenemos un gobierno con espíritu de déspota.
Quienes alguna vez creyeron en el falso discurso de campaña del frentismo, comprenderán tristemente su decepción y nuevamente volveremos el pensamiento a la frustración que se siente al recordar que aún cuando el 62 por ciento de los nicaragüenses votó en contra del frentismo, éste gobernará en contra de la voluntad del pueblo, durante cinco largos años.
Desde el cinco al diez de enero, sin ser Ortega Presidente, todavía, cuadrillas de obreros de la Alcaldía de Managua irrumpieron en los silenciosos pasillos del Olof Palme, parte por cierto de la vieja capilla del Instituto Pedagógico de Managua, haciendo uso indebido de los recursos de la municipalidad, para acondicionar las áreas del acto de toma de posesión presidencial y algunas oficinas donde despacharía desde el 10 de enero quien era solamente candidato electo, en una demostración de prepotencia y abuso. Desde antes de ser investido Presidente, Ortega ya demostró su irrespeto y prepotencia a la institucionalidad.
Después continuó con el desprecio a algunos presidentes que asistieron a la toma de posesión; la firma de un acuerdo de cooperación con Venezuela; otro con Irán, uno de los “ejes del mal”, lo llamaba el presidente Reagan; el inconstitucional nombramiento de su esposa; un apresurado decreto presidencial creador de unos consejos de consulta más sus ilegales salarios fuera de presupuesto; el anuncio de la centralización de la publicidad del Estado; la publicación de un sicodélico escudo nacional y junto a él, el eslogan de campaña del frentismo.
Finalmente —por el momento— el insensato “cuecho” de Ortega afirmando que Honduras estaba “reforzando” su Fuerza Aérea cuando no es más que la donación de EE.UU. a Honduras de ocho avionetas para vigilar a osados narcotraficantes y problemas fronterizos, lo que causó un revuelo en la región y una airada aclaración de la Embajada de EE.UU. a Ortega, hasta el extremo de que el ahora canciller-tesorero del frentismo se dirigiera a su colega hondureño para “tranquilizarlo” por la lenguaraz actitud de su jefe.
Eso ocurrió solamente el primer mes y preparémonos para lo que nos espera. Atrapado in fraganti en la mentira, a Ortega ya no le sirve para nada el discurso y la actitud que sostuvo en la campaña. Quienes creyeron en que el candidato jinete de brioso corcel penetrando a codazos en medio de una multitud al cierre de su campaña electoral cubierto con una capa azul y blanco —todo un Nosferatu— es tarde para reflexionar en su sostenida mentira de la reconciliación, el “gobierno nacional” y “todos presidente”.
Este es el resultado de todas las circunstancias que condujeron a ceder el gobierno al adversario, confiando en que las matemáticas de la esperanza, el conflicto buscado y la ingerencia extranjera darían un resultado a su favor. Desunido el 62 por ciento del voto liberal, anhelo demócrata que viene desde 1992, la victoria era imposible y el frentismo lo sabía. Ahora, ahí tenemos un resultado nefasto e impredecible, que si continúa como el primer mes de tantas mentiras e insolencias, nuevamente nos llevará al caos.
Creo sin ningún ápice de duda que es inútil invocar la sensatez de quien es el más importante culpable de la situación nacional y pronto los exiguos niveles de prosperidad alcanzados en los últimos 15 años, retrocederán. Ojalá las fuerzas liberales y antifrentistas nos unamos en un solo objetivo común. Solamente unidos sostendremos todo el tiempo la victoria, pues divididos ya sabemos lo que resulta. Pero entretanto, preparémonos para la segunda ronda de mentiras e insolencia.