Decía Alberto Moravia que nadie es viejo mientras tiene salud. Carlos García podría ser el mejor testigo.
Rumbo a sus 76 años —los cumple el 30 de abril—, García continúa al frente de la Federación de Beisbol y aún se le escucha hablar del futuro con entusiasmo.
Sin embargo, en su afán de enviar señales de renovación de su desgastado y cuestionado sistema, está siendo muy drástico al sacar de juego a los peloteros mayores de 40 años.
Y no es que se tenga que cargar con un poco de jugadores veteranos, gordos e inútiles. No. Que sigan jugando los que aún tengan la capacidad para hacerlo, sin que ello afecte el espacio que debe abrirse a los peloteros jóvenes.
En cualquier ámbito de la vida, continúan en sus funciones, quienes aún son productivos. Y son removidos, cuando los jóvenes están listos para asumir la responsabilidad y garantizan mayor productividad.
En el beisbol nacional, Asdrudes Flores ha sido un ejemplo no sólo por su durabilidad, sino por el trabajo que ha hecho persistir pese al surgimiento de brazos jóvenes. Lo mismo pasa con Próspero González y algunos veteranos más.
Ahora, si fueran viejos e inútiles, ni siquiera hay que poner reglas. De forma natural tienen que salir cuando vean que no son capaces de responder a los niveles de exigencia y a la presión que ponen los chavalos.
Es decir, hay que abrirle espacio al joven. En eso la Feniba debería ser intransigente. Pero el chavalo tiene que tener algunos méritos para desplazar al viejo.
No se trata de tapar a un santo, descobijando al otro. Se tata que el joven, aprenda del veterano y luego lo supere en un duelo limpio.
Si la Feniba dirigiera las Ligas Mayores, Barry Bonds tendría dos años de retiro, Randy Johnson tres y Roger Clemens cuatro.
Pero continúan en la pelea porque son productivos. Ojalá la Feniba revise ese punto y deje a la naturaleza el relevo de los talentos.