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Una gran responsabilidad
María José Zamora
La autora es Psicóloga

Indudablemente que la unidad del liberalismo es un tema prioritario, no solamente para los liberales sino también para todas las fuerzas políticas democráticas y para el sector independiente. Sin embargo, esta urgencia no puede pasar por alto los resultados de las recientes elecciones nacionales, que de no ser analizados científicamente —observación y razonamiento— se podría hacer perder fuerza y liderazgo a la ALN y dejar a la derecha debilitada.

A pesar del corto tiempo que tuvo para organizarse y de la campaña sucia que orquestó el PLC en contra de su candidato presidencial Eduardo Montealegre, la ALN logró posicionarse como la segunda fuerza política del país. Sin duda que este fenómeno demuestra que una parte significativa del electorado demanda un cambio en la cultura política nicaragüense, que significa, por mencionar algunos puntos, no más clientelismo político, tráfico de influencias, latrocinio al Estado, nepotismo e impunidad para los corruptos y criminales; todas las anteriores, conocidas prácticas que han sido promovidas e institucionalizadas por el pacto Alemán-Ortega.

Aquellos electores que no quieren volver a ser engañados por los politiqueros pactistas, tendrán que vigilar con atención las posiciones que toman los políticos con respecto a la alianza Ortega-Alemán. Cuando verdaderamente un dirigente político quiere transformar masas de borregos en ciudadanos pensantes y responsables, tiene que dar el ejemplo. No puede, como es la costumbre aquí, en Nicaragua, olvidar lo pasado ni adaptarse a lo que antes se criticó en aras de su tranquilidad y conveniencia personal. Quienes utilizan el dicho de que “en política hasta los ríos se devuelven” para explicar sus erráticas y paradójicas actuaciones, carecen de valores y principios morales firmes, de convicciones éticas y sentimientos altruistas. Por desgracia estos bufones, comodines o títeres de los llamados caudillos, hacen mucho daño, pues precisamente por su fidelidad son colocados en puestos claves, desde donde, inescrupulosamente, engañan a los incautos.

Pocos meses antes de las elecciones de noviembre pasado, en la Convención de Nicaragüenses en el Exterior realizada en la ciudad de Miami, Florida, Estados Unidos, ante el reclamo de una explicación por la desunión del liberalismo el licenciado Eduardo Montealegre compartió con el público asistente al evento la propuesta de unificación que él mismo le había presentado, antes de que se venciera el período para las alianzas de partidos, al candidato del PLC, doctor José Rizo Castellón. Eduardo Montealegre expresó en esa oportunidad que él ofreció declinar su candidatura a la Presidencia y asumir la de Vicepresidente (importante aclaración para quienes lo acusan de caprichoso y egoísta) pero sí, agregaba como condición, que se debía sustraer al partido del dominio de la familia Alemán, que incluía por supuesto sustituir a los diputados incondicionales arnoldistas por diputados que encarnaran los verdaderos principios liberales y el respeto a la Constitución de la República.

El doctor José Rizo, como candidato electo y supuesto opositor al pacto, tuvo la oportunidad de aceptar esta propuesta que le hubiera permitido cumplir su sueño de ser Presidente de Nicaragua y pasar a la historia como un liberal de principios, como un político valiente, como un verdadero patriota nicaragüense. Sin embargo, rechazó lo que le hubiera significado al liberalismo un triunfo contundente y el fin de las aspiraciones políticas de Daniel Ortega. Las razones que tuvo el doctor Rizo para dejar su patriotismo a un lado no las imagino, pero viene a mi mente lo que el Santo Padre Juan Pablo II dice respecto al patriotismo: “Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el Decálogo, la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre. Es uno de esos sentimientos que el latín incluye en el término pietas, resaltando la dimensión religiosa subyacente en el respeto y veneración que se debe a los padres, porque representan para nosotros a Dios Creador”. (Memoria e Identidad, pág. 86)

No obstante la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) tiene la responsabilidad tácita de trabajar por la unificación de las bases liberales, conviene que lo haga alejada de cualquier negociación de cúpula que incluya la impunidad para Arnoldo Alemán, pues esto constituiría un acto inmoral y una traición a sus electores.

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